martes, 27 de julio de 2010

Erase una vez nosotros #Capitulo 3

Capitulo 3 "Fue aprobado por los cielos, tú eres mi amor"
 

Incluso si te miro otra vez, tú eres mi amor. Incluso si pienso cientos de veces, yo soy tu amor, fue escrito en los cielos, tú eres mi amor… Incluso si volviera a nacer, sólo espero por ti. Fue aprobado en los cielos, eres mi amor..Sólo nos separamos por un momento
F.T. Island -바래



Por alguna razón el destino decidió quitarme lo más importante, en realidad lo que las otras personas consideran inigualable; por lo menos para mí no es de esa forma. Tal vez agradecería al encargado de eso, simple, porque éste chico pasaba por lo mismo. Y al verlo queriéndose tirar por la ventana por una pérdida que en algún momento superaría, más que molestarme o darme lástima, pensaba en que a nosotras nos llamaban dramáticas ¿Y ellos qué?.

– ¡Hola, hola! – Le grité poniendo mis palmas de las manos en las comisuras de los labios – ¡Vamos! Piensa un poco más antes de que lo hagas, sí quieres puedo ayudarte.

A través de un santiamén, y sin darme cuenta de la velocidad, quitó mis manos que lo sujetaban para que no saltara, ni me percataba que se encontraban ahí. No se giró para verme; nuevamente sin yo poder hacer algo, él se aventó por la ventana y yo grité aterrada por otro funeral.

El terror se escaseó pues escuchaba perfectamente como me callaba, suficiente irritado y asiéndome entender que se hallaba vivito y coleando.

Di los pasos que tenía que dar para llegar al tope de la ventana y con un fuerte viento que chocaba contra mi rostro bajé la vista y observé un tejado donde Kevin estaba intentando bajar al suelo a una corta distancia.

– Así que no se suicidaba – le comentaba al viento
– La meta es la misma… –me respondió, Kevin –…Niñita–

Quise contestarle inmediatamente por la manera en que me llamó, pero fue en vano; balbuceé obscenidades viendo en la intemperie como el chico batallaba en poner los pies en algo estable. Suspiré y salté directo al suelo, no al tejado.

– Es cuestión de saber cómo caer sin lastimarte las rodillas
– Es cuestión de no ser una señorita presumida como tú –contestó estando a mi lado.

Y comenzó su andanza entre la temible noche

– ¡Regresa a la casa y diles que estoy durmiendo!, en especial a Luke.

Me hallaba sorprendida por su hostilidad, no tanto ya que algo en mi interior se revolvía y sonaba muy fuerte como si hubiera un temblor dentro. Más allá, lo encontraba fascinante era como si viera a un famoso y quisiera pedirle su autógrafo.

Huyó esa preciada oportunidad que surgió en mi cabeza, ya que sus pasos eran rápidos y casi no lo apreciaba, corrí amedrentada por la calle que ahora pisaba.

– ¡Espera! – Grité pretendiendo alcanzarlo para encontrar en él refugio.

Se detuvo instantáneo al momento en que puse mis manos entre su brazo izquierdo para pegármele. Supongo que rebasé el límite estipulado de no invadir su espacio exterior, parecía de cierto modo a un chicle desabrido y amargo, alguna vez debió ser dulce; y yo esperando que dijera “Annette, no te despegues no quiero que te pierdas”, pensándolo mejor eso sonaba como si yo tuviera cinco años, además que desde entonces me puedo cuidar sola excepto cuando cambian lugar el sol por la luna.

– ¿No has entendido las indirectas? – dijo tomando aire después de empujarme–
– Creo que ahora sí –
– Vete y diles como una niñita buena, que estaba cansado y me dormí. Se supone que tú también lo deberías hacer. ¡Así que andando! –
– Ni siquiera sé dónde estamos. –
– Cosita, estamos en Shamley Green.
– ¿Cosita? –

Repetí dejando de ver a Kevin puesto que no era su voz, en el segundo que volví a verlo, no consideraba mi existencia. Sus ojos simplemente me dejaron a un lado para ver detrás de mí, donde resonaba “Cosita”. Me giré sin estar consciente de las personas que se hallaban en el carro color arena se convertirían en algo más que conocidos, y algo menos que amigos.

Imaginé por las señas de que me dejaría, plantada. Sin embargo, fue sorprendente una palabra contradictoria que me hizo sonreír.

– ¿Vienes? – preguntó sin alzar la voz.

Igual que una emergencia hui de la catástrofe y entré al automóvil, por el lado contrario que él. Dentro solo percibía tres rostros borrosos, Kevin, unos asientos de piel que molestaban a mi frío trasero y un asqueroso olor a alcohol.

Estornudé -sabia que sucedería- muy fuerte.

– Agarra un pañuelo desechable – ordenó la persona de mi lado, con una voz muy dulce y empalagosa, era una chica tal vez de mi edad, supuse.

En un trance me quedé, pensando tanto del pasado alejándome del presente sin saber el porqué.

– No están envenenados ni nada semejante. – exasperó Kevin –No dejes a Brigitte con la mano colgando.

Eché un rápido vistazo a la mano que traía el pañuelo, al instante Kevin se lo arrebató y me lo empujó fuertemente en la nariz diciendo “Suénatelos bien”.

No te cabrees, cuenta hasta mil… y si no se te pasa, dale un golpiza en donde más le duele; pensé. Después de eso, todo se apaciguó permitiéndome descansar levemente y disfrutar el paisaje del pueblo, al menos hasta que el chico que conducía se dirigió a la carretera. Unos cuantos kilómetros más para que entráramos a un sendero. Cuando menos imaginé encendió las luces.

– Ya llegamos –anunció la voz de “cosita”. –Desde aquí tenemos que caminar.

Los cinco bajamos de prisa, los 3 chicos sin conocer de que parte salieron, comenzaron a beber cerveza. Kevin aluzaba con una lámpara de mano, el camino que seguíamos. A unos pasos se encontraba una valla con púas y un letrero que decía “PROHIBIDO EL PASO”.

– ¡¿Qué rayos?! Hace tres años no había nada de esto. –dijo el tipo-cosita.
– Estaba segura que algo parecido sucedería. – me susurró la rubia de voz asfixiante. –Por cierto soy Brigitte –le quitó la lámpara a Kevin y lo alumbró.

Para mí los hombres no significaban nada, todos tan iguales, todos tan monótonos y nadie con sentido de valentía.

No conocía a Kevin lo suficiente pero tomaba esa sonrisa como un indicio de que el cielo aprobaba que mi corazón en cada latido que diera fuera sólo y nada más que para él. Y bien, aunque ya estuviera escrito por los cielos, al parecer los dos (o tres) perdimos el camino correcto.

Brigitte fue abrazada por él, Kevin la pegaba a su cuerpo, le acariciaba sus brazos y le mordía la oreja, diciéndole algo que envidiaba. Creía que era una facilita o simplemente los celos me cegaban: ella lo alejó y concentró su atención en mí.

– Kevin eres un pésimo anfitrión –le dijo a éste, mientras los otros dos seguían embebecidos mirando a la valla – Ya sabes mi nombre y del pelmazo de Kevin ¿Tú cómo te llamas?
– Annette –respondí viendo la reacción del “pelmazo” que se rió mucho antes de que finalizara – ¿De qué te ríes?
– Es muy anticuado como tú– me contestó
– Por sí no lo sabes todos me dicen Anne, no todos, la gran mayoría, pues también me llaman Meme.

Nuevamente le causó gracia e incluidos los demás se carcajearon mientras enfurecida tomé el puesto delantero y comencé a subirme por la valla.

–Era justo lo que necesitábamos, un conejillo de indias ¿Y por qué te dicen Meme?

No sabía quién fue el tonto que preguntó pero aun así le contesté.

– Me encantas, me enciendes.

Ya no se rieron, se enfocaron en subir por ella, primero fueron los dos más borrachos y después Brigitte con ayuda del empujón de Kevin, uno que me dio cólera; pero luego me revitalicé al ver la forma en que subió este.

El producto para damiselas se apresuró caminando, y nosotras “producto para caballero” nos quedamos atrás; ella no olía desagradable, más bien olía a flores. Se acerco cruzando su brazo con el mío.

– ¿A dónde vamos?
– A un lugar al que solíamos venir hace tiempo, antes era una maravilla y ahora…. ¡Ahh! –gritó dándonos un buen susto, divisé que daba manotazos a una telaraña.

Claro, Kevin vino a su rescate abrazándola y destruyendo al monstruo: una insignificante arañita.

– ¿Ustedes son novios? – me atreví a preguntarles
– Creo que nadie te han enseñado a no ser tan metiche –escandalizó Kevin
– ¡Hey! No seas así con la niña, la asustas –como si no pudiera defenderme y como si no estuviera presente – Por eso mi papá no te quiere. –confesó.
– Ni yo te dejo andar con este rubiecito. –dijo el tipo que menos habló en todo el trayecto, tan solo por traer la botella de cerveza en la mano.
– Anne, el es mi hermano Edgar Adams –apuntó a su dirección con la luz, se parecía a ella en lo rubio –Ya conoces a Kevin Witt, este tonto es George –el que me llamó cosita–
– Basta de presentaciones –nos dijo George, puso su tosco brazo entre mi cuello – ¡A lo que venimos!

Ahí, frente a nosotros la casa o si se podía decir así debido a que era bien una antigua residencia.
– ¿Está embrujada? –pregunté
– No seas infantil, claro que no, ha estado abandonada desde que mi madre era una cría, simplemente es una casa–contestó Edgar.
– No tiene nada especial –volteó a decirme Kevin – Solo trae recuerdos.

Iniciaron su parranda, excepto la única mujer, yo sin entender nada de su temperamento y los actos tan estúpidos que hacían.

– ¿Por qué estás aquí? –curioseé con ella.
– Me siento pésima, mi padres me prohibieron verlo desde antes de que su madre muriera – miramos a Kevin – Pero yo lo conozco, sé que sufre y lo único que puedo hacer para ayudarle es mi compañía a pesar de que… él piense que todavía puede ver algo entre nosotros.

No pregunté nada después de eso; ella y yo nos sentamos en el pasto solamente observando las estrellas, como si fuéramos cercanos o amigas recargó su cabeza en mi hombro. Pensaba que estaba dormida pero me susurro algo que sonaba claro.

– Si quieres ayudar a Kevin, te aconsejo que diga lo que diga, no le hagas caso.

Cuando menos creía ella se durmió y aunque se hubieran acabado las provisiones seguían actuando como tontos. Creo que pasó una eternidad, pero me arriesgué a estar a solas con esa persona que admiraba. Él se escabulló en los árboles y yo lo seguí. Estaba de espaldas y silbando.

– Me sigues acosando, niñita. –no me percaté de que… – ¿Te gusta verme meando? –…regaba un árbol.
– No me gusta
– Ya sé porque te dicen Meme, y si qué enciendes– se dio la vuelta, y se me pegó tanto que quise correr muy lejos – ¿Verdad George?

Ahora estaba junto a ese George, y no esperaba menos que ver lo que veía; se emprendió a desabrocharse su pantalón. Y ¡NO! ¡No quería que pasara!. Me tocaba de esa manera que causaba asco.

– ¡George! – vociferaron la voz de Brigitte y otra
– ¡Hola! – saludó la chica recién llegada –Mucho tiempo sin vernos.

Ella mantuvo la mirada con todos, incluida yo.

– Váyanse…– dijo – Antes de que lleguen.

Edgar y George cobardemente se apresuraron en correr antes que nadie. Brigitte le siguió, antes sujetando la mano de Kevin y jalando un tanto. Me quede sola.

– ¡Anne! ¡Apúrate! – chilló ella desde no muy lejos–

Di un último suspiro y deje sola a aquella desconocida. Anduve en ese lugar que no conocía, corriendo con todas mis fuerzas, atrás quedo el sonido de una patrulla de policías, corrí, corrí, y corrí. “¿Dónde estaba?” Me preguntaba, “¿donde está la salida?”

Me había caído accidentalmente por culpa de una maldita piedra, me dolía, pero qué más daba; luego no pude, bajé la mirada a una de mis medias que se había roto y que sangraba mi rodilla. Estuve quieta restableciendo mi respiración.

Fue un segundo o largos minutos pero enfrente de mí Kevin estaba. Me tendió la mano para ayudar a levantarme, no la acepté y me paré sin ayuda. No aguantaba estar parada, no iba a poder dar un paso.

Me maravillé, él y nadie más que él puso mis brazos entre su cuello y sin esperarlo, agarro mis piernas levantándolas.

– Agárrate –me exigió – Y cierra la boca, no lo hago por ti. Lo hago por la única persona que significa algo para mí.
Y tú para mí…

jueves, 1 de julio de 2010

Jamás Seré Cenicienta

skins


Personajes Protagonistas:

●Mariet Bernabéu
●Shane Marshall
●VIK/TOP
●Taek
●Kim
●Nick

Género: Drama, Romance.
Amore: 2 de 5
Capítulos: Por el momento “8”
Frase utilizada: “Tal vez parezca una linda señorita pero no creas que soy igual a las demás chicas, yo te puedo sacar los ojos”

Soundtrack Oficial





SINOPSIS
La tarde en ese bello jardín era tan perfecta, pareciese ser uno de en cuento, el de su princesita. El justo cumpleaños que Mariet anhelaba, no era en soledad, en él estaban muñecas de porcelana tomando té; sus padres se podrían decir que se hallaban esa tarde junto a ella.

Cuando el ocaso se acercaba, las burbujas que llegarían al cielo, se destrozaron y con ellas, la niña que más deseaba ser cenicienta y la cual que esperaba a su príncipe llegando en un corcel blanco.

Por algo no fue cenicienta, tal vez tenga bastantes similitudes pero Mariet ya no es igual. Ella se convirtió en la malvada hermanastra.

Gracias a ti Aphro..

 

Gracias a Suck My Lolly Arreglos por Briana