domingo, 6 de mayo de 2012

Crónicas [2]

Capitulo 2: “Creí tales palabras” 




 Oye señorita, mi amor ¿podrías verme por cinco minutos? Rompes el innecesario aburrimiento, cicratices, lágrimas, detienes todo. Iré a cualquier parte si tú también me quieres. 
Trax- Oh! My goddess

ADVERTENCIA: Este en sí no es el capitulo 2 de CDL, si lo leiste antes del 6 de mayo de 2012. Sino que es parte del antiguo capitulo 1, sólo que lo dividí cambié pocas cosas.

No tenía nada mejor que hacer que leer mi diario. Uno de los pocos que supo lo que sucedió en aquel diciembre cuando me convertí en un espectáculo. Ya han pasado unos cuatro años desde entonces, y se podría decir que ya crecí mas no maduré. Bueno solamente me he desarrollado bastante como para concluir con que tengo la mayoría de edad años cuando en realidad tengo catorce recién cumplidos. Esto es debido a que soy muy larguirucha y un tanto flaca, está bien, todos me dicen que parezco un poste de luz.

Desde que confesé lo que soy mi vida ha cambiado, y gracias a eso he madurado realmente. Bueno, para qué mentir, simplemente me contradigo demasiado, esta soy y así quiero encontrar en la inmensa multitud de personas mi alma gemela.

 Ahora vivo con mi tía Esmeralda en una casa móvil. Gracias a que Rodrigo me corrió de mi hogar, sólo sé que se ha convertido en un alcohólico, y de mi madre sé que le da mucha vergüenza salir a la calle pues siente que le reprocharan lo mala madre que fue por tener una hija como yo.

Estoy muy feliz con Esme, ella es bisexual, tal vez por eso me comprende mejor que ninguna persona. Ella no me ve cómo un monstruo sino que hasta pareciera que soy en verdad su hija. 

Cómo dije, todo va bien, vivo en Springfield, Nueva Jersey y asistó a un convento para mujeres, yo encantada de ir allí. Mientras en las vacaciones cuido de niños y soy muy feliz por ello. No es lo que muchos piensan de qué voy por los senderos intentando seducir la primera mujer que me pasé al lado. Pasara nuestro encuentro en su debido tiempo y forma.

 ─ ¡Hola! –saludó cálidamente a la señora que me pidió que cuidara de su hijo. 

─ ¡Buenas noches! ─repetí entrando con su permiso por la puerta. Era una casa algo moderna a comparación a este lugar, pero muy espaciosa si lo asemejaba con la casa móvil. 

─ Me alegro que hayas podido estar disponible esta noche.

 ─ No se preocupe señora Hurley lo cuidare con mi vida, por cierto ¿Cuántos años tiene el retoño? 

─De eso no hemos hablado ¿tú cuantos años tienes? –cuestionó dando sus últimos ajustes a su arreglo. Debía ir a una cita, supuse yo. Iba a contestarle para cuando la señora detuvo mi balbuceo.

 ─ No mientas, ─me convertí en una estatua─ Tu tía me dijo que tenias 19 pero no te creo, debes tener si acaso 17. ─ Perdóneme por mentirle, si, me descubrió-.

 Me limpié las gotas de sudor que no salieron, aunque si me puse nerviosa. 

─ Mi Jeremy es un poco menor que tú, él tiene ocho. Es un angelito muy lindo y adorable. No es igual a los chicos de estás generaciones en que ya piensan en matar, ya sabes con los juegos de zombies que ahora existen. 

Aguanté la risa, esto si que iba ser divertido, yo una adolescente de catorce años cuidando a un niño supuestamente casto y puro. La mentira de mi edad me hacia sentir culpable así que desde ese segundo prometí que si por si acaso Michael Myers entraba por la puerta yo defendería a Jeremy con uñas y dientes. Esta era mi euforia de mi primer trabajo.

 La señora Hurley no me dio órdenes de que no brincara en los sillones o esas reglas absurdas que no quebrantaba ni en mi casa. Simplemente dijo que me la pasara muy bien y que cuidara de su hijito ante todo. A su ida me senté en el sillón viendo al frente y pensando en la enorme experiencia sobre el pequeño. Probablemente seria un chico raro que se la pasaba la mitad de su vida comiendo y la otra mitad sentado enfrente de la computadora, en lugar de hacer otras cosas en verdad importantes. 

Estuve pensativa mucho rato ante las posibilidades, hasta que escuché un rechinido de la parte de arriba de la casa, por alguna razón tuve miedo. Poco después prendí la tele, horrorosamente estaba la película de “Chucky: El muñeco diabólico”. Aarón vivía de espantarme de pequeña que Chucky me iba a jalar los pies en las noches, por eso siempre dormía arropada por los pies, uno nunca sabía lo que andaba por el suelo mientras dormíamos. 

Volví a escuchar ruidos, ésta vez subí muy decidida, ya que podrían ser ladrones y no podía quedarme cómo si nada. Además que si algo le pasaba a Jeremy, yo iba a pagar los platos rotos. Anduve por algunas habitaciones, faltaba una, y adiviné de quien eran los ruidos. Mejor toqué la puerta, y cómo nadie respondía ahora si entre segura. 

En un dos por tres abrí la puerta esperando. Gritó una voz de espanto lo cual hizo que me diera gracia. Éste par de niños, me iban a sacar de mis casillas. Uno de ellos (quizá era Jeremy, quizá no), estaban viendo una película en el monitor de computadora, que ni siquiera yo en mi adolescencia osaba ver. 

 ─ ¿Quién de ustedes dos es Jeremy? – El rubio con cara de preocupación apuntó al castaño.

 ─ ¿Qué quieres? –respondió el niño molesto por mi atrevimiento. 

─ Güerito llamaré a tu madre para decirle lo que estabas viendo –le apunté con el sartén que traía en la mano, quería ser sería pero tonto amenazarlo pues yo ni siquiera conocía a su madre. 

El niñito se dio por vencido y salió por la ventaba que daba al patio delantero. Jeremy le pensaba imitar. 

─ Soy tu niñera, Jeremy. Sonreía este niño que no se parecía a la descripción que me comunicó su madre. Pensaba en desafiarme, también lo haría con retorica.

 ─ Que te vaya bien, regresa antes de las once, y si piensas en desobedecerme le diré a Chuckey que venga por ti. 

─ Qué tonta–dijo asomándose por la ventana, y apunto de bajar. 

─ ¿Qué está detrás de ti? ─ inventé lo cual fue mala idea porque el niño volteó y sólo escuché ruidos extraños. Corrí hasta llegar ahí. Su amigo me pidió que cuidara de él, y este huyó al escuchar como Jeremy se quejaba. 

─ ¿Estás bien?

 ─ Te la creíste, tonta ─dijo levantándose y riéndose en mi cara.

 ─ Ahora sí le diré a Chuckey que lo haga.─ le reté.

 ─ ¡Uy si que miedo tengo! ─ 

─ ¡Vamos! Tienes ocho años según tu madre, deberías tenerle miedo, yo a tu edad si que me daba miedo.

 ─ ¡Increíble!– Puso los ojos como platos – Tengo diez y tres meses. ─ Bien, soy Daphne y ya que te cuidaré espero que puedas obedecerme aunque sea esta noche. ─ Ya que ahuyentaste a mi amigo, juguemos básquet. 

Lo complací nada más para no tener una discusión con ese niño. Como yo era muy buena para los deportes, pensaba en aplastarlo para mis beneficios. 

─ ¿Y bien? –pregunté lanzándome el balón una y otra vez. Él en verdad no jugaba bien, ni atrapaba en breve mis tiros. 

 ─ ¿Qué?

 ─ ¿Quieres cenar? 

Detuvo el balón y me miró con una expresión no dada a su edad. Me recordó a alguien. 

─ ¿Sabes cocinar? ─asentí suavemente ─ Ni mi madre lo hace, pero ya que te ofreces ¡hazme unos hot cakes! 

─¿A ésta hora? 

─ SI ¡Hazlos! –aúllo al cielo 

─ Claro – dije enojada por dentro pero sonriendo torpemente por fuera –

 Entré refunfuñando por la puerta trasera que tenia un ruidito que me sacó un buen susto. Volteé un segundo y ya el niño estaba delante de mí 

 ─ ¿Qué haces aquí? 

─ Es mi casa –se encogió de hombros 

─ Vale, pero si quieres tu cena, ocupo espacio –dibujé con mis dedos un cuadrado en el aire – 

Jeremy me sonrió moviendo su cabeza a otro lado, por un momento sentí que en verdad era un niño. Lo miré consternada, puse una mano en su hombro y le dije:

 ─ Puedes ser mi asistente. 

“¿Qué?”, ahora me abrazaba. No es que el platillo que pidió fuera algo complicado, no duré mucho en hacerlos. Jeremy insistía en seguirme con cada paso que daba, yo le sonreía pero en el fondo pensaba que volara el tiempo y que me pagaran mi comisión, como alguna vez dije el sexo opuesto me daba escalofríos. 

─ ¡Listo! – solté poniendo de adorno una carita feliz con mermelada de fresa. 

 Él se sentó en la barra e inicio a atragantarse del aperitivo. “Este chico no pensaba decir…” 

─ Gracias ─ 

“…Gracias” pensé.

 ─ No hay de que, pequeño. –Miré al reloj y continué ─Creo que es hora de que te vayas a dormir 

─ Ni lo creas, la noche es muy larga y hay tantas que quiero hacer contigo 

─ ¿En serio? –puse mis codos en la barra y mi imaginación voló muy lejos. Se rio a los segundos. 

¡Oh! Ahora se ahogaba, por circunstancias inexplicables me sentía de la patada por ver cómo cambiaba de color. Inmediatamente y sin pensarlo mas lo agarré, le di agua o lo primero que vi liquido. Cuando ya parecía estar mejor, le di palmaditas en su espalda. Mi garganta se seco y no podía decir ni media palabra. 

 Alguna vez escuché como mi madre le decía a Aarón que los niños eran tan frágiles y delicados, casi cómo el los sentimientos de una mujer. Esto debido a que mi hermanito embarazo a su novia de secundaria; si, soy tía desde los ocho. 

─ ¿Estás mejor? –con un nudo en mi garganta 

─ Demasiado –respondió poniendo sus manos en las rodillas encogiéndose y volteando a verme “FELIZ’ –Daphne ¿así se siente el amor? ─preguntó con un tipo de ilusión tras sus claros ojos. 

─ ¿Disculpa? 

─ Mi padre siempre le decía a mi madre que lo amaba, y después decía que le asfixiaba y que no lo dejaba respirar. Luego se divorciaron.

 ─ Entonces debería ser al revés ─ sugerí reflexionando ─Primero hay que sentirse asfixiado y después aliviado. 

─ Tienes razón, ese sería un amor verdadero. 

 Él seguía diciendo cosas sin sentido, no creía que estaba sobrio así que le di un gran vaso con leche. Me reí, le habían quedado unos lindos bigotes blancos, se los limpié. Poco a poco, cayó dormido. Cuando creía que debía estar dormido, lo intente llevar a su cuarto, se despertó y se me cayó de las manos.

 ─ ¡Lo siento! –me excusé ─ Te perdono si me dices cuantos cabellos tiene un niño de diez años. 

─ ¿Huh?

 ─ Oíste bien –dijo bostezando- dime y te perdono, si no contestas te apegaras a las consecuencias.

 ─ No tengo la mínima idea. Movió un dedo de un lado al otro en señal de desaprobación.

 ─ Bueno, dije que la noche era larga. Mi amigo y yo íbamos a ir a nadar a su casa pero pues llegaste tu a arruinar nuestros planes, ahora te toca cuidarme.

 Comenzó a jalar mi blusa demasiado fuerte, quería que lo siguiera. Nuevamente estuvimos afuera. Se sentó al lado de la piscina, se quito su pantalón frente a mí. Parecía que había recargado energía. Imaginé que se zambulliría dentro del agua, pero no, sus pies fueron los únicos que tocaron dicha agua. Le seguí detenidamente pensando en que si estaba bien o no. 

X ó Y, me daba igual. El agua estaba casi congelándome, demasiado fría para mi gusto, se me puso la piel de gallina. 

No transcurrió ni siquiera 5 minutos cuando sentí la cabeza de Jeremy en mi regazo. Él se acomodó enrollándose junto a mí. No sabia si pensar que era tonto o muy lindo. Ahora si iba a dejar que se durmiera bien para dejarlo en su cama calientita. No fue necesario ya que se despertó en un buen tiempo, yo ya estaba parada.

 ─ Tienes que dormir –le dije 

─ Quiero jugar contigo, por favor –mencionó yéndose por la tangente. ─ ¿Por qué? 

─ No lo sé, ¿Mañana nos vamos a ver? 

─ Es poco probable, pero más vale que duermas o tu madre me fusilará. 

─ ¡Pero no quiero! –hizo una rabieta brincando en su lugar y moviendo los pies. 

─ ¡Alto, te vas a golpear! – 

Dicho y hecho. Se cayó a la piscina, pero a mi me estaban saliendo canas verdes por el mocoso, él se merecía el doble, o el triple si se podía. Su medio clavado me había salpicado toda mi ropa. No estaba para soportarle ni una más. Hasta que me percate de que no salía. “Vamos ¿Cuánto tiempo lleva adentro?” pensé “1, 2,3 ¡No más!” 

Me sumergí dentro, con todo y ropa; dentro en el agua fría escuchaba el ruido de cómo se agitaba la sustancia liquida y los incoherentes gritos de ayuda. Lo agarre junto a mi, y exactamente recordé lo que había pensado cuando había entrado por la puerta “Lo defenderé con uñas y dientes”. No iba a dejar que nada le pasara. No tan difícilmente lo saque, él no estaba del todo consiente, pero seguía respirando, lo que significaba que estaba vivo, y era lo que importaba. 

En mi espalda lo lleve adentro, lo recosté en el sillón y por doquier busque mantas. Su cara se encontraba caliente. ¿En qué me metí? 

Impotencia era lo que sentía de verlo así. Lo abrace sin lastimarlo y esperé que alguna mejoría pasara por arte de magia, no era muy buena medicando y asiéndola de enfermera. En la oscuridad aguarde, y escuché a mi jueza, la señora Hurley. 

 ─ ¿Qué tiene mi hijo? –preguntó viéndome a mi y a su retoñito.

 Yo estaba mojada de los pies a la cabeza, él ni se diga. Además que no paraba de temblar. 

─ ¿Qué le has hecho? –cuestionó quitándole las cobija y viendo que nada mas llevaba sus bóxers. 

─Yo no le he hecho nada, créame. 

─¡ Has matado la inocencia de mi bebé! – 

─No es lo que piensa –me defendí con los brazos cruzados –Me parece repugnante ese tipo de situaciones. 

─¿Si? Pues yo te refundiré en la cárcel. 

─¡Mamá! –dijo Jeremy, ella lo lleno de besos. –Ella no me hizo nada, yo fui el que la trato mal. 

─ Señora, si me disculpa, creo que éste asunto no va tener fin, si quiere hable con mi abogado –le dije 

─ ¡Ojala te encuentras con una cucharada de tu propia medicina! –gritó 

─ ¡No! – le respondió el niño 

─ Esa mujer, no va regresar jamás, mi pequeño –le dijo la señora a su hijo abrazándolo. 

 Cerré la puerta y prometí no volver a entrar por allí. Esto era molesto pensar que una lesbiana pudiera violar la castidad de un niño ¡Agh! Mientras caminaba escuchaba claramente cómo rechinaban mis zapatos, por el agua. Mi cabello probablemente se encontraba esponjado y horripilante, lo bueno era que todos dormían a esas horas. ¿Por qué me sentía tan mal? 

─¡Oye! –capté a unos metros Jeremy andaba a mi lado en una bicicleta, supuse lo que traía era su pijama. 

─ ¡Vete a dormir! – ordené andando a mi camino a casa. Puso su bicicleta delante de mí y se bajo de ella.

 ─ Oye hace rato estabas temblando vuelve a dormir. Igual tu madre me matará

 ─No te preocupes, ella piensa que estoy bañándome 

─¿Grifo abierto? 

Asintió y prosiguió a una confesión exorbitante. 

─ ¡Daphne, desde este momento, me convierto en tu hombre! ─ Esa caída si que te hizo daños, Jeremy. ─ Tú eres mi mujer, y yo soy tu hombre.

 ─ Eres un niño, no te encuentras clasificado como un hombre, todavía. ─ ¡No lo entiendes! 

─ Ok, aguarda un segundo pequeñito –me encogí a su nivel – Me estás diciendo ¿qué te gusto?

 Él negó con la cabeza y repitió su primera confesión. Continuó

─ Solamente déjame llevarte hasta tu casa. 
─ Puedo cuidarme sola, hombrecito.
 ─ Me siento más seguro, si te llevo. 
─ No me hagas reír. Si, eso quieres, yo llevo la bicicleta y tu te agarras de mí.

 Obedeció, íbamos tranquilos. Lo único que comenzaba a preocuparme era que fuera verdad lo que me decía, pues sus manos las puso a mi alrededor. Ya no me causaba risa, él me molestaba hasta cierto punto. 

─ ¿Jeremy? 
─ Si dime Daphne. 

─ Soy lesbiana Se quedó en silencio como una estatua, imaginé que rodó sus ojos repletamente inocentes. Me contestó con una voz segura de un niño, diferente de la manera en que hablaba naturalmente.

 ─ No sé que es eso, pero yo te ayudare a curarte. Y apretó sus manos en mi cintura. 

27 DE JUNIO DEL 2007 

Leer capitulo anterior
domingo, 4 de diciembre de 2011

Es por ello.

El tiempo se va y jamás regresa. Es tan triste que no logre que se quede.

Vamos resposabilidades, dejenme escribir!

No quiero dejar morir lo que alguna vez tuve, a ellos, mis personajes.
Aunque no regrese el pasado, estoy a punto de volver porque sé lo mucho que ellos significan en mi vida. Sé lo que quiero, sólo tengo que ir tras él. Escribiré, es ahí donde empece hace tiempo.

.


♥