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jueves, 2 de agosto de 2012

Stay With Me (4)



Lo nuestro empezó por casualidad. Al principio no pensé que iba a ser amor, pero en verdad es amor. Cuando me miras siempre sonríes sin darte cuenta. Y antes de que te dieras cuenta, empezaste a enamorarte de mí. Te has enamorado de mí, te has enamorado de mi mirada. Yo también te amo, mi corazón te está diciendo que te ama.
CN. Blue – You’ve fallen for me  




ÉL: Al final sólo esto valgo. Me engañé por mucho tiempo en que viví con los pies puestos en la tierra más era mentira; caí de las altas nubes en que viví. Por tu fugitiva entrada, y me guiaste directo a los problemas. Y hallamos la salida, tenemos que partir y encontrar nuestro único camino.

ELLA: Las  mariposas vuelan y a mí me gusta perseguirlas. Es hermoso el cálido color del cielo claro y cómo las alas de las mariposas alumbran mi camino. Por supuesto encuentro el aroma cautivante a mis sentidos. Y si fuera poco, él está aquí, al final de la vereda.

Mi expresión cambia, es que Alexander tiene el mismo semblante de cuando lo vi por vez primera. Frio. Hasta que me ve y lo transforma por una sonrisa coqueta. Quiero correr a sus brazos pero soy detenida por el pasado. David me ha susurrado que no lo olvide y que no lo abandone por ese mandón... ni por nadie.

Fue un sueño con un espeluznante desenlace, y lo iba a seguir.

Me pregunté más de una vez en dónde estaba. Me sentí desconectada de todo, después de despertarme en otro colchón que no era el mío. Ahora sí que me estaba volviendo loca o eso creí hasta que tomé aire y capté el flamante aroma de ese chico arrogante. Así que en un segundo volvía a mí lo que habíamos pasado.
Airada fue como me levanté para reflexionar en lo que me había metido. 

– ¡Dime que tú no me juzgaras!– imploré a mi barriga sin que salieran las palabras de mi boca–

Escuché la voz de Alexander, y la de otra persona. ¿Cuántas veces no imaginé su aislada vida en una cueva? Suponía que esa era la primera llamada para que me fuera.

Entonces tendí la cama y me quede con la duda de cómo llegué hasta allí. Sí, que tonto de mi parte y de la de él.

Cuando iba a poner una almohada en su debido lugar, oí lo que pudo estar dirigido a mí, sin más caminé a la puerta y la entreabrí. Daba la casualidad que alcanzaba a ver un poco de su conservación y a escuchar casi nada.

Mi vista se dirigió en absoluto a Alexander que se mostraba igual de cabreado. Su expresión era rígida y pareciera que no pestañaba. La persona que le acompañaba justamente me daba la espalda pero noté muchas cosas; por ejemplo que era señora con un peinado demasiado extravagante y con un afán de vestirse como una joven de alcurnia.

        ¡Aléjate de esa niña cualquiera!– gritó aquella mujer
        ¿O si no qué? – preguntó el soberbio sin que cambiara de semblante

Me di cuenta que llevaba la almohada conmigo y la apreté porque acababa de enterarme de cosas que no debí.

        ¿Por qué crees que te cedí a tu padre? ¡Eh! ¡Contéstame! Después de la muerte de tu primo indudablemente serás el heredero de tu abuelo, y esa chiquilla no quiero que se meta en nada.
 Y sí te digo qué ni siquiera me he acostado con ella ¿Qué responderías?

Está bien, siempre estuve consiente que Alexander no era de fiar. Era despiadado como cualquier niño rico malcriado; pero eso es lo mismo que quise creer para confiar en él, sólo era un niño con falta de cariño. Vanas fueron mis esperanzas.

Él giró como si supiera que siempre estuve allí, y nuestras distintas miradas chocaron por unos instantes cuando salí con la almohada en mano. Agarré algunas de mis cosas y seguí mi camino o eso deseaba.

        ¡Durmieron juntos! – vociferó la señora sin poder cambiar sus facciones por el asombro, eso me olía a botox.
        ¿Acaso eres retrasada? Acabo de afirmarte tu duda.

El transcurso a la puerta fue largo, y aunque no lo fuese, ya no me hallaba consiente de nada. Sólo que traía una de sus almohadas y que lentamente el mundo seguía con el ciclo de la vida. 

Todo esto me dejo sumamente confundida. Mi miraba no divisaba más que un punto imaginario en el ambiente al que observaba, sin embargo ya había revalidado mi decisión que traía en la cabeza desde que comencé a experimentar el remordimiento.

Y todo empezó en el mes del amor y la amistad. Exactamente en el 14 del último febrero, y es que ahí te gané, y llegaste a quedarte en mi corazón y también los perdí a ellos.

Aquel fue el día que perdí mi virginidad inerte. Estuvo gozoso mi corazón. Aun cuando no me veía segura, yo me hallaba fértil para lo que viniese. Hasta que me enteré que David había sufrido un accidente de tráfico. Nunca me fie en que el destino llevara con él mil y una sorpresa. Me dejó una de ellas en ese desagradable lugar pues conocí a otro David, el único ser que compararía con Alexander; pues eran primos.

Pareciese como si fuera hace poco, pero esto llevaba lo mismo que cuando conocí a Alexander.

Aun cuando no llevábamos mucho tiempo junto no logré ignorar que él estaba en un grave estado luego de chocar. Lamentablemente, en ese entonces no le quedaba mucho. Por lo que lo quise ir a visitar.

Me confundí de cuarto, y fue ahí cuando me encontré con el primo. O bien el casi gemelo de Alexander. En cuanto entré le di la espalda charlé un tanto, sin saber que me hallaba confesándole mis verdades a un extraño.

Me desconcerté ante su silencio por lo que me giré y me halle con su arrogante rostro. Parecía un niño ya que hacia una mueca tras otra. Me reí un segundo y detrás de ello volví decida.

        Tú realmente no eres David – dije sintiéndome una tonta
        Lo soy. Me llamo David.
        Si, tal vez es así pero no te pareces en nada al mío.
        Probablemente soy más guapo.
        Como digas –

Entrecerré un tanto los ojos.

        ¡Espera! – gritó intentando levantarse. 

En sus ojos vi un reflejo. David necesitaba algo, y verlo allí con un montón de vendas en su cabeza comprendí que se sentía solo. 

Detestaba estar en los hospitales pero yo nunca iba a abandonar al padre de mi hijo. Pero después de tanto estar allí me di cuenta que este era un lugar aun peor que un cementerio, aquí la gente estaba sufriendo en vida y varias veces no tenía a nadie, estaba segura que ese era su caso.

Le sonreí, esto significaba más de lo que él creía. Me retiré y en ese momento sonó mi celular y sí, sucedió lo que jamás hubiera deseado. Mi David tuvo que retirarse de este mundo, y yo ya no tenía a nadie más que aquello que estuviera en mi panza.

Desde entonces yo seguí visitando ese lugar pero ahora buscaba al chico arrogante. La primera vez él se mostró completamente pasmado. Sin embargo poco a poco nos volvimos confidentes hasta el punto de que no me despegaba de su habitación, al principio yo no estaba al tanto pero básicamente lo hice por encontrar un repuesto de aquel que perdí. Debido a que en sus últimos momentos no estuve con él, ahora quería remediarlo con este. El remplazo me hizo entenderlo. Y con el tiempo lo asimile, me encariñe y lo deje ir.

Y es que David era duro y eso me fascinaba de él. Le contaba parte de lo que creía, y el sacaba un lado oscuro que jamás hubiera pensado que estuviera allí. Éramos contrastantes por ello no anhelaba alejarme mucho de él. Además a él le encantaba que no lo trataba como un enfermo.

Y así fue como nos convertimos en personas con un mutuo cariño. Al final no supe cómo pero David me dejo parte de su herencia a cambio de que, mejor reitero sus palabras. 

“… Y a ella le dejo el 50% de mis bienes, tanto muebles como inmuebles siempre y cuando nunca se aleje a todo lo relacionado con mi familia y negocios. Si no cumple lo anterior su parte pasara a…”

Entonces ahí fue como me enteré que él era un millonario, por eso su arrogancia y desplantes de grandeza.
Ese día no conocí a su familia, hasta el siguiente cuando su padre se apareció en mi casa, pensé que se quería enfrentar pero en cambio me dio su apoyo y me agradeció por cuidar tan bien de su hijo. Me dio una carta que me había dejado su hijo, sí supongo que en fondo lo presentía, David me había confesado que se encariñó conmigo pero más que nada como la hermana que siempre quiso.

En los siguientes días volví a ver al padre de David, esta vez para que me asignara los papeles que jugaría en la empresa. Le dije que no sabía hacer mucho por lo que descartara que yo fuese a entrar como ejecutiva. Él simplemente se carcajeó e hizo unas llamadas, finalmente me quede como empleada de limpieza en un restaurante. Al parecer tuvo que pedir autorización de un tipo quién despreciaba a medio mundo. No parecía tan malo pero el señor me recalcaba que me encontraría sorprendida del tal Alexander pues era como el hermano gemelo de David.

El primer día yo iba con todos los ánimos de llegar y darle los buenos días amablemente y tal vez revivir en él a David. No obstante fue diferente, una rubia salía de su habitación llorando. Me contaron lo que le había hecho Alexander, yo me enfurecí y me ofrecí a llevarle la comida. Claro, me cubrí la cara con mi cabello para que no me viera que estaba hirviendo del coraje. Además no quería verle a los ojos. Tenía tanto miedo que en verdad tuviera el mismo rostro de David. Y más que nada que sucediera lo mismo.


Todo es cosa del pasado… tuve que encontrarme con ese hombre malo que cautivo a mi corazón y lamentablemente también lo hice con el suyo sin que fuese mi intención.

        ¡Te picaré los ojos! –vociferé sobando mi estomago. 

Creo que me debí reservar mis comentarios. Estaba por una calle un tanto transitada, con una almohada en la mano, y gritando aquello. Acaba de hacer el oso de mi vida, y justo entonces decidí retirarme.


Luego de aquello recibí tantísimas llamadas que jamás contesté, aunque estuviera al lado del teléfono escuchando sus desesperantes mensajes de voz. Exigía tanto para dar tan poco. A Alexander no le quedaba más que ofrecerme el puesto de chef para evitar que me fuera. No estoy segura si fueron los rumores de que yo tenía el don o simplemente a éste no le quedo más. Sin embargo, lo rechacé, después de todo había renunciado.

Entre los días siguientes viví mis últimos días de escuela para al fin graduarme y poner mi plan en marcha; sería la mejor madre que mi hijo podía tener. Por eso la decisión que tomé seguiría firme, y tan pronto…

En algún lugar dentro de mi mochila estaba sonando ring dong te llaman, ring dong contesta. Suponía de quién era la llamada, y como habían terminado las clases le di más importancia a la caminata para tomar mi autobús. Me senté en la parada, pero una y otra vez el celular repetía la melodía. Me harté y lo contesté más no dije palabra.

─ ¡Al fin contestas! ─

Esperó a respuesta no dada así que continuó.

─ Las cosas no pueden seguir así, Suzy. Sé bien lo que he hecho no fue sensato ni mucho menos listo pero lo admito, intento ser sincero contigo cuando tú no lo has sido.
  Eso es injusto ─ dije de improvisto
─ Realmente extrañé tu odiosa voz.
─ Sí es tan odiosa podrás vivir sin ella.
─ Es más complicado de lo que crees.
─ Alexander, tengo que decírtelo, aunque por lo que escuché ya lo sabes.
─Entonces veámonos dentro de cinco minutos, o menos
─ ¿Quieres morir? Porque en este momento soy capaz de matarte.

Al otro lado pude escuchar su risa, tan repentina. Pero esa se escuchaba muy cerca, inspeccioné el área y ahí estaba caminando con su manoslibres. Todos los carros le pitaban pues había abandonado su auto en medio de la calle.

─ Es agradable volver a verte. Aunque muy tonto de tu parte creer que te puedes ocultar cuando yo mismo te traje una vez por este lugar.
─ ¿Qué no deberías estar trabajando? ─ dije colgando la llamada y hablando con su persona.
─ Venga ─ me dio por un momento la mano y después su brazo estaba por mi cuello ─ No me lo tomo tan apecho, después de todo soy el jefe.
─ Y de esta forma caerás en la ruina. Además ¿Desde cuándo eres tan… así? ─

No traía sus típicos trajes de oficina, sino que vestía unos pantalones casuales grises y un cardigán oscuro y brillando por su ausencia su castaño cabello peinado.

─ Es un nuevo yo ¿te gusta? ─ me encaminó al asiento de un nuevo carro de los tantos suyos ─
─ Pero tú no eres así ─ dije abrochándome el cinturón de seguridad, lo cual no respondió, tal vez no debí haber subido con él más aquí estaba.
Había alguna vez escuchado sobre los silencios incómodos, si que eran molestos.
─ Voy a irme ─ ya el carro estaba en marcha y lo dije repentinamente. Alexander creo que no lo entendió puesto que le puso el seguro a las puertas y subió las ventanas.
─No, eso no fue lo que quise decir. ─mi vista aprobaba la desaparición de nuestra primera impresión
─Lo sé, pero quise tomar mis precauciones. ─se veía concentrado en el camino ─Supe que compraste un boleto para irte del país.
─ ¿Qué has estado asiendo?
Pregunté aturdida mientras este apretaba el acelerador. Después de ello me sentí nauseabunda.  


El atardecer estaba potente y me atrapó entre mis debates mentales, pues ahora nos hallábamos debajo del puente de la ciudad junto al lago. Este lugar normalmente en las noches era visitado por múltiples parejas pero ahora estaba vacío. 

Alexander se estacionó, y me quitó el cinturón de seguridad, no me dirigió algún balbuceo o señal pero decidí salir para ver frente a frente como el sol se iba ocultando y como sus rojizos rayos se reflejaban en el lago, lamentablemente por el puente se escuchaban los autos que pasaban apresurados. No obstante fui directo a la orilla para quedarme como espectadora entre el lago y el pavimento. 

─ Bajaste mucho de peso ─
Me quede boquiabierta y con medio ceño fruncido.
─ ¿Estuviste chismeando de mi vida? ─
─Tú no contestabas mis llamadas, tenía que saber de ti ─ él lo tomó con seriedad, sus manos se quedaron en sus bolsillos.
─ Pero eso no te da derecho ─ empecé a dar pequeños pasos de reversa
─Lo sé todo… ─ confesó siguiendo cada paso que daba.
Sus diminutos ojos verdes sólo tenían un blanco y era yo. Me observaba con aquella mirada que imploraba algo.
 ─… Sé tus mentiras, tus problemas ─ a casa palabra yo daba un paso atrás hasta que de algún modo iba a caer al lago pero Alexander me sostuvo de la cintura, a la que ahora no llevaba nada ─ Tu historia con David.
─No lo entiendes ─ dije queriendo alejarlo con mis manos.
─ ¡Que no entiendo! Puedo entender que fingiste un embarazo, que tuviste una supuesta amistad con mi primo antes de que falleciera igual que como he logrado sobrevivir con que mi madre es una actriz famosa que no me ha reconocido por seguir con su carrera. ¡Es sencillo!

Al fin me soltó y yo me deje caer al suelo. Eso no era exactamente la situación, yo en verdad no hubiese querido pasar por ello, cuando David murió no pude más que pensar que algo de él se quedo conmigo, por ello me sumí en un mundo en que una semilla de él la llevaba conmigo, y sobre la herencia ni siquiera me la habían dado, todos mis ahorros los conseguí por mi trabajo.

Estando allí él no se fue ni mucho menos; su mano me ayudó a levantarme.

─ Lo que menos quería es decirte eso. Pero pienso en que no estuve para ayudarte cuando estuviste enferma o incluso cuando David falleció y… ─ tiró de mí y su barbilla se acomodo perfectamente en mi hombro ─ Quisiera enmendar todo─ acaricié su cabello
─ ¿Por qué estuviste dispuesto a aceptar a un bebé?
─ ¿Preguntas el porqué? Te diré que fue porque te quise, y ahora más que nunca con esta fuerte locura te confieso que todavía te quiero.
─ Lo lamento ─ asumí sinceramente ante a la noche que acaba de llegar a estar de testigo.
Poco a poco su rostro se alejó pero no dejaba de sujetar mi cintura.
─Suzy, quédate conmigo ─ 
─Acostúmbrate a esto, entonces ─lo besé firmemente sin remordimiento, al fin sería libre sin recuerdos.
No lo esperé me tomo de sus brazos y comenzó a dar vueltas 






 

COMENTARIOS PERSONALES: Aquí reportandome ^^ Después de un año y meses al fin la terminé *risita* intenté corregir los errores e incoherencias de los demás capítulos para que quedara más a mí gusto. Me siento satisfecha de por fin haber terminado algo que empecé, ahora siguen más historias por continuar y corregir.

Chu~ (Besos)



sábado, 28 de mayo de 2011

Stay With Me (3)

 












La distancia entre tu y yo se ha hecho más grande. ¿Has perdido la vista? No ves que nos amamos. Tú, dejando caer tus hombros. Tú, tomando un descanso en el suelo. Tú, golpeándote el pecho por la frustración. Tú, orándole al cielo con tus manos juntas. Pienso en ti al levantarme. Con las manos entrelazadas vamos a olvidar los malos recuerdos. Sé como vas a reaccionar, sólo puedo decirte lo siento. 
U-kiss, 0330


ELLA: ¡Ash! ¿Quieres qué te diga como perder la paciencia en segundos? ¡Conoce a Alexander! Por un lado me trata como basura en el transcurso de las horas del día. Y por el contrario me ayuda cuando estoy en problemas, como hoy cuando casi me caigo de la escalera por limpiar la ventana y él estuvo ahí. No puede pasar más, casi se me vinieron las nubes encima cuando sentí que te perdía. Empiezo a creer que debo estar loca, debí dejarle mi razón, vuelvo a él cada vez que me digo que no.

ÉL: Estaba loco si pensaba que probaría ese postre; aunque debo decir que se veía exquisito. Y olía a las grandezas de la bella Europa.

– Pruébalo – insistió.
– No como cualquier cosa, me va caer mal.
– Sé bien que es delicado, pero urge tener una cocinera de pasteles...
– Chef Pâtissier, así se dice correctamente.
– ¡Seee! Como sea.
– Es si, no de esa forma tan vulgar. –le dije con un aire de desplante tan grande que se fue.

Y todo comenzó por esa chica, Suzy. En estos meses ha seguido el rumor de que soy el peor jefe que alguien puede tener, por lo que nadie quiero trabajar como chef. Han renunciado unos dos y despedí a tres en este tiempo. Aunque admito que no estoy de humor para nadie. Y bien, ella entra en escena ya que los empleados hicieron una fiesta de mala muerte, en la cual la chica se le ocurrió hacerles un Croquembouche delicioso.

He escuchado en esta mañana de la boca de David, unas cuantas de cientos de veces, que ella es una maravillosa chef. Sólo que frustrada. Pero jamás la pondría en ese puesto, no en esta vida.

Es tan torpe. La observé mientras llevaba unas bolsas negras de basura, aún es difícil dejar de pensar en lo que pasó y todavía sigo sin dormir. Al anochecer me viene el recuerdo de que la tuve tan cerca, abrazó mi almohada y es ahí cuando revivo sus ingratas palabras de huida.

La casualidad se presentó hace rato, antes de que el restaurante estuviera abierto al público, se le ocurrió a Suzy limpiar las ventanas. Como siempre trae esas zapatillas converse de todos los colores, y para su mala suerte el destino nos junto tan cerca que sus agujetas hicieron que casi se caiga. Solo que tuve que ir por ella. ¡Ni que fuera su Romeo! Cuando la ayude, sujetó mi costosa chaqueta, le grité que volviera a su trabajo y que si rompía una ventana ella la pagaría. Pero eso no era mi sentimiento de respuesta.





– ¡Esto no se quedará así! –escuché desaforadamente

Salí de mi oficina con una expresión dura pero sin ir en un afán de pandillero, ante todo la elegancia al trote. Caminé con los brazos cruzados. Vi como Suzy se hallaba sobresaltada, esto si era un motivo para perder mi elegancia y todo. Solamente que no me necesitaba, creo que era todo lo opuesto. Ayudaba era lo que ocupaba el comensal de MI restaurante. Pues ella le gritaba a él y a una de sus dos acompañantes.

– Disculpen –expliqué acercándome al zafarrancho.
–Mira… – intento decirme Suzy. La silencié, y luego le agarre su muñeca.
– No tienes porque callarme de esa forma. – se quejó tratando de zafarse, nada más que la apreté más a mí.
– ¡Silencio! No me dejas escuchar lo que quieren decirme.
– ¡Quiero que la reprendas! –exigió la señora de horrible voz al notar que yo me haría responsable –Nunca en todos mis años me han osado tratar tan soez como lo hizo esta chiquilla que apenas puede peinarse sola.
– Yo me encargo.

A la vista de todos, me la lleve jalándola por medio del restaurante. Ni una echada de ojos le di, pues mi mente se hallaba en blanco. Al final terminamos en mi oficina. Cerré la perilla con seguro y le dije:

– ¿Qué fue eso? –trate de mantener las palabras claras.
– No entiendo porqué tienes que hacer esto.
– ¡Qué te ha pasado por la cabeza como para hacerle eso a un cliente!
– Déjame explicarte…
– ¡No! ¡No lo hagas! –grité – Me vas a dejar a medias. Sin una explicación coherente.
– Estás mezclando lo emocional con el trabajo.
– Poco ético ¿no? –mis palabras eran inseguras– Eres tan…
– ¿Qué? ¡Dilo!
– Tus oídos no merecen escuchar la cruda realidad del coeficiente intelectual que te acompañará hasta la muerte –yo no dije eso, no fui yo. Si, fui yo– Y tu mediocre posición económica.
– Piensas que soy tonta y pobre. –aseguró acercándose a la puerta–

Me miró como si pudiera darme miedo. No se lo creí. Pero qué hacía con esa chica. Luego de analizarlo mucho, no quería ser así con ella. Pienso que lo mejor que pude haber hecho desde que la forcé a entrar fue dejar que se fuera.

– ¿A dónde vas? – pregunté más tranquilo cuando vi que salía del restaurante a los minutos.
– Qué te importa. –contestó tan filosa como una navaja.
– Todos cometemos errores, el tuyo fue…
– ¿Disculpa? ¿yo? –se giró para confrontarme–Te equivocas Alexander. Yo no soy la culpable aquí, ni tu lo eres, es solo ese señor faldero que se le ocurrió al muy descarado traer a su amante y a su esposa a comer en mi turno.
– ¿En verdad? –ella asintió– De cualquier manera, no debiste reprocharle, es su vida. Nuestra responsabilidad es otra. –
– No te preocupes –me dio una palmadita en el hombro– Renuncié.
– ¿Qué? –pregunté de primera impresión. – ¡No puedes! – le grité quedándome quieto – ¡Estás despedida!
– Lo sabía –respondió poniéndose en un hombro su mochila de… esa gata sin boca, de esa marca japonesa, la ridícula, ah sí, Hello Kitty.

Si ella renunciaba, o más bien ya que la despedí, indudablemente no podría volver a unirse nuestras vidas. Iba a coger mis cosas, en eso recibí un mensaje de texto que decía:
“Nos vemos mañana a las 2 de la tarde en mi restaurante favorito, necesito hablar contigo. Te quiere, tu tío.”

Vale, no me hallaba dispuesto a consolar a ancianitos. El mismo que me había pedido que contratara a Suzy, mi tío, ahora se encontraba de luto pues mi primo falleció hace unos meses. Supongo que su mensaje era el maquillaje para no decir “tiempo en familia”.

No transcurrió mucho, así que aun había posibilidades de… no sé muy bien; me conformaba con verla antes de un definitivo adiós. Me subí a mi coche. Busqué entre la manzana a la redonda, para darme cuenta que estaba en una esquina esperando por lo que vi, un transporte público, horroroso pero cierto.

– El semáforo está en verde. – me dijo cuando me quede parado en la avenida y con las ventanas bajas.
– Sube –según yo la forma en que se lo ordené fue sutil y linda pero sospeché que fui mezquino, pues ella seguía andando por la calle.

Persistía en huir de mí. La acompañaba a la velocidad en sus pasos, ella caminando por la banqueta, yo en mi carro y por la avenida. Algunos autos me pitaron con el claxon, inclusive un abuelo me insulto grotesco como una alfombra sin aspirar, pero hice por no escucharlos. Cuando paraba de andar, yo también. Sí me ignoraba, yo igual, aunque a mí manera. Cuando intentó correr igual aumente la velocidad. Luego de este estúpido juego que me hizo sonreír al fin se detuvo y me puso atención.

– Mi conciencia no está tranquila, así que te lo tengo que decir. –confesó sujetando la correa de su mochila.
– Es mejor que subas.
– Alexander, no lo hagas más difícil. Renuncié por problemas de salud, aunque debo decir que estalle con lo del tipo mujeriego.
– ¿Estás enferma?
– ¿Y tú preocupado? –

Suzy le gustaba jugar con mis emociones, ella era una chica mala. ¡Qué diantres! Una chica de 1.65 de estatura con zapatillas deportivas negras, uñas azul turquesa, cabello a la cintura de un hermoso castaño oscuro, con labios rosa pastel, y con un moño en su cabello, obviamente no la catalogaría como mala.

– No, no es nada de lo que crees. –me mofé– ¿Tanto te gusto para que alucines así?

Me ignoró y emprendió a un camino casi desconocido. Lo digo nada mas por su mirada confundida entre la avenida. Discretamente se aseguraba si yo aún la seguía. Hasta que en un alto, abrió una puerta y se metió. Reprimí una sonrisa.

– ¿A dónde la llevo, señorita? –simulé mi alegría
– ¿Sabes dónde queda la escuela de la colina?
– ¿De qué hablas? Por supuesto que no.
– Chico tonto, entonces te explico en donde está… –

Se dirigía a mí casi como si fuera su chofer. Sin embargo, sin esa pequeñez, sentí la atracción hacia su persona. En sí, somos diferentes, ella vive en las nubes más altas, mientras yo tengo los pies bien sujetos en este sucio mundo.

Suzy sacaba la cabeza por la ventana. Y en una de sus manos un anillo de una mariquita. En su rostro notaba como meditaba la situación, pues no éramos amantes ni enemigos. Nada, como el hablar de unos extraños que se acaban de conocer y no se quieren separar.

Empezaba a creer que ella se había equivocado en la dirección, debido a que habíamos llegado a “Los Osos High School”. No me quede con la boca abierta pues alguien pudiese verme.

– Apostaba que reaccionarias peor. –aseguró
– Dime que trabajas aquí como conserje o algo.
– Qué tonto de tu parte Alexander. –señaló saliendo del auto–Aquí estudio en las tardes en una clase especial.
– Estás atrasada ¿verdad? –dije imitando su acto de bajarme
– No.
– Curso el grado en que debo estar, pero por mis empleos no puedo venir en la mañana.
– ¿Cuántos años tienes?
– 17, en unos meses cumplo 18.
– ¿Te das cuentas que pudiste tener algo con un tipo 7 años mayor que tú?
– Son 6 años con 5 meses y 3 días.
– Qué graciosa –me burlé dándome cuenta que más que un número, me importaba poco la edad que tuviera. – ¿En cuánto tiempo te desocupas?
– En unas cuatro horas
– ¡Ni creas que te voy a esperar!
– Nadie te ha pedido que te quedes. – se quejó subiendo las escaleras al edificio escolar, poco a poco.

Suspiré, sin anhelarlo ya asfixiaba parte de mí. No creía que fuera posible tanta fantasía. En todo este tiempo, desde que comprendí cruelmente que el amor era lo más complicado que existía, me encaminé a un lado opuesto. Y ahí no me esperancé por la fugaz llegada de un individuo. Pero sucedió; y no me agradaban las sorpresas, y ésta era una.

Pensaba en dejarla, que quedara en un total abandono de mi parte pues qué me importaba que hiciera de su vida. No la esperaría. Estaba por arrancar con mi bebé Lexus, cuando intuí lo que venía. Me retiré pero volvería.

Ahora tenía mucho que hacer en la oficina, asuntos personales que arreglar y demás sucesos disparatados, pero aquí me hallaba.

Mi vida era muy ajetreada, que sorpresa que la detestara. Convertirse desde la infancia en una persona que no puede liberarse de sus deberes, al menos que fueras al baño o en el reconciliable sueño. Lo último no era un descanso común en mis días.

El tiempo no pasaba en vano, cada rato observaba mi Patek Philippe plateado. Creo que “nunca” se volvía mi palabra consentida cuando Suzy se hallaba a mi lado, debido a que jamás había estado en una fase de desesperación como ésta.

Finalmente se acerco el momento, algunos quinceañeros salieron. Lejos del montón, sin aglutinarse nos aproximamos. Yo sin querer. Su vista estaba en el vacío. Pudiese ser que creyera que la tenía en el olvido, como los miles de suspiros que he dado.

– ¿Siempre observan tus compañeros a la gente maravillosa como yo, pareciendo estúpidos? –pregunté al congeniar las miradas de ellos y buscando su infiel atención.

Esta chica, no se lo creía, giró los ojos como esperando ver a quién le hablaba. Era a ella, la que comúnmente lucía hermosa. ¡Horrible! Otra vez esta frustración por salirse un pensamiento ominoso.

        Así que te quedaste. –afirmó ladeando su rostro y dejando caer sus hombros.
        Cariño, yo también te extrañe – mentí apretándole sus mejillas, pues todos cuchicheaban vilmente, les daría una buena lección para que no metieran sus narices.
Ahora casi gritaba para que enteraran los muchachitos chismosos de quién era yo para ella:
        Suzy– la tiré de la cintura a mí y empecé a jugar con su cabello ─ No me digas que te has olvidado de nuestro aniversario –
Su rostro estaba más que congelado, aunque asintió siguiéndome el juego.
─ ¡Vamos! Lo festejaremos en grande ─ le apreté la mano guiándolo a mi bebé.

En eso aumentaron los murmullos de los oyentes con sus feroces miradas dirigidas a nosotros. Estaba roja, y eso mezclado con su fresca fragancia la hacía ver sexy. Me sonrío mostrando los dientes, aún de esa forma con dientes apretados repitió: “Eres inmensamente idiota”. Evite sonreír, pero fue inútil.

– Los chicos en esta escuela te tienen en un mal concepto –confesé viendo a mi hermoso Lexus negro – Hablé con uno de ellos antes de volver, y dijo que no pienso repetir.
        ¿Te hablaron de mí? ─ preguntó cruzando brazos
– Ellos creen conocerte. Pero les dimos una lección ─
Me acomode una posición que siempre quise hacer, suponía que a las chicas como ella, adorarían a un chico como yo haciéndolo de malo y sacando un poco el trasero, y mas con este resplandeciente rostro. Me recargué en la puerta y hasta fingí ser una mala burla a los verdaderos chicos malos.
 ─ Ahora nadie se meterá contigo, ellos creen que tú y yo tenemos algo.           

Desde la banqueta, noté como alzó una ceja y su inusual expresión de incredibilidad presente.
─ No necesitaba tú ayuda ─
Cerré los ojos pues eso era como un cubetazo de agua fría.
– Hubiera preferido un gracias – dije abriendo la puerta –
– Lo diré cuando lo merezcas.
─ Sube ─ preferí cambiar de tema cuando no le vi intención de que lo hiciera.
Tengo que ir al hospital. No me mires así, ya te dije que tengo unos problemitas de salud, pero nada más.
– ¿Qué tan grave? –pregunté cediéndole la entrada al auto.
– Bueno, tengo que recoger los resultados de un examen, eso es todo.
– ¿Por qué tú…?– cabeceé para que continuara.
– Tengo algo así como problemas estomacales.
Inmediatamente vi su vientre, el cual sobresalía un poco. No es tan grande, me convencía.

– Te llevo. –no sugerí, le exigí.

Gracias, quería repetirle, por aceptar que la llevara. Solamente que sentí la incomodidad en el camino. En cada semáforo en rojo que nos detuvo observé cómo le daba vueltas en su dedo a ese feo anillo de libélula plateada.

– ¿Por qué no…? –repetimos mutuamente.
– Tú primero. –le indiqué.
– Te iba a decir que dieras la vuelta, pero al parecer sabes llegar.
– Es el hospital que está en la calle primera junto la avenida SWM ¿no?
– Si ¿Cómo sabes? – balbuceó.

No respondí que lo conocía por la fama de que ahí nunca debería ir una persona de mi categoría, era un hospital que ayudaba a la gente de bajos recursos.

– Lo escuché en la radio – yo no escuchaba la radio, por lo que fue una mentira del tamaño del Everest.

Afortunadamente el hospital estaba bastante cerca por lo que no tuvimos que soporta el silencio mucho. Quise bajarme con ella pero dijo que iba volver pronto. No sé que consideraba pronto. Tardó. ¿Le habría ocurrido algo malo?, mejor fui a recepción para preguntar al respecto.

Que bueno que tenía contactos, y era un hombre influyente puesto que quería demandarlos, por el no querer decirme nada al respecto de Suzy. “Es confidencial su expediente, no podemos decirle mucho, tranquilícese”. Una a una las palabras que repetían las mandaba a la basura. Me tuve que controlar cuando vi que llamaron a unos monos llamados seguridad.

Me senté por las malas en la sala de espera. ¿Por qué no volvía?


Por fin la vi, me levanté en un brinco y fui directo a donde estaba. El que yo la viera me hizo sentir bien, pero al momento que comenzó a inclinarse en las paredes como si no pudiera caminar, me hizo querer desfallecer. Suzy estaba consciente, sin embargo no se veía bien. Le ayudé, hice que pusiera su brazo a mí alrededor para que pudiera caminar. Nada más que después me dijo que estaba bien, que fuéramos al auto como si nada. La obedecí.

En este momento, según mi experiencia en películas dramáticas, ella debería gritar “déjame en paz, no quiero ver a nadie”. Pero en lugar de eso cuando volvimos al carro confesó sutilmente: “No quiero estar sola”, a lo que le respondí “yo tampoco”.

Así que me guié en que ella acepto que la llevara a mi casa. Jamás, otra vez esa palabra, logré invitar a alguien para que entrara, Suzy sería la primera y me encontraba orgulloso de ello.

– ¿Puede prender la radio y subir el volumen? –preguntó volteando a ver el cristal y la súbita noche.
– Si, claro ¿qué estación?
– La primera que encuentres.

La encendí, por cierto para mi suerte estaba una canción boba que repetía la frase toda la canción. Ella volvió a suplicarme que le subiera un poco más, no entendí para qué. Seriamente, no hubiera querido enterarme. Entre la música, ocultándose, se hallaba su desesperado llanto. No me observaba, solo miraba a la ventana, lo único que estaba a mi vista era su delicado cabello.

El chico de valet parking le abrió la puerta primero a ella, y luego a mí. Caminaba a mis espaldas, pero deje que estuviéramos al mismo nivel, la vi de reojo, ya no lloraba pero sí que sus ojos estaban hinchados. Subimos por el elevador, comencé a imaginar qué podía sorprenderla ya que esto no lo hacía. Después llegamos al último piso, el mío. Puse la contraseña en la puerta y entramos.

– Bienvenida. –le dije agarrándola de los hombros.
– ¿Puedo sentirme cómo en casa?
– ¿Ah? – me asombró su duda después de que acaba dejar de lucir tan triste. –Por supuesto.

Entonces vi que antes que yo tuviera más pasos dentro, fue al sillón a dejar su mochila y a turistear por las paredes.

– Tu departamento es diferente, supongo que tus papás no viven aquí.
─ Define moderno
─ Ya sabes, vanguardista y moderno.
─ Si me esforcé en que quedará a mi gusto y respecto a tu pregunta, desde hace mucho que mi padre y yo no compartimos el mismo techo
– ¿En serio? –preguntó viendo la pintura abstracta que tenia junto a un jarrón de vidrio. – Yo desde los 15 deje la casa.

Ahora entendía porque a veces era madura, y en otras se comportaba como alguien de su edad. Me transmitía un sentimiento, al verla recorrer el lugar y mirando fijamente algunas cosas.

– ¿Tienes hambre? –le dije aventando la chaqueta de mi traje.
– Sinceramente… – asintió.
– ¿Qué te gustaría cenar? – ahora me zafé la corbata.
– Es tu casa, lo que puedas ofrecerme. –sonrió, y esta vez no escaparía a la pregunta que mas deseaba hacerle.
– ¿Por qué estabas llorando? ¿Qué es lo que te pasa? Me dijiste que tienes problema de salud, Suzy ¿qué es lo que no me has dicho? –
– No saques el tema–exigió moleta.
– No puedes ocultarlo por mucho. Estoy realmente desilusionado de esto…
– Es que no lo entiendes; renuncie, después de mañana tal vez no nos volvamos a ver. Quizás me vaya de la ciudad. O probablemente no logré estar mucho tiempo, quién sabe. Sólo sé que tú me vas a olvidar.
– ¿Estás enferma? –pregunté.
– No, no es eso gracias a Dios.
– Yo te puedo llevar al mejor especialista… sólo dime lo que tienes.
– No tengo nada grave, Alexander.

Otra vez, con sus contrariedades igual que yo, nada de lo nuestro tenía lógica, pero era lo que más me gustaba. Aunque le diría mis sentimientos.

– Estoy harto –expliqué – No quiero estar queriendo a alguien que..
– ¡Alexander! – gritó colérica.
– ¿Qué?
– Estoy embarazada, por eso renuncie, por eso no podemos estar juntos. ¿Ahora lo entiendes?

Me tumbé en el sillón viendo a la nada, también Suzy. Tan juntos como nunca lo llegué a pensar, y distantes a la misma vez. Crujía el sillón rojo de piel a cada ligero movimiento. Esto… de acuerdo a lo que creí, me hallaba perdido en la nada. ¿Qué haría con tal confesión?

– ¿Cuántos…? –no lo terminé cuando ya sabía Suzy a lo que me refería.
– Siete meses –dijo sin piedad
– ¿Y él?
– Él murió ─ repitió secamente

Ella seguía haciendo unas muecas como si algo le causara gracia. Yo seguía a su lado sentando casi a la orilla. Me le acerqué un poco, ella se alejo, le reté y ella se fue hasta el otro extremo del sillón a donde no había escapatoria. Pegó su cabeza hasta atrás al respaldo mientras yo me aproximé justo al espacio correcto. Coloqué mi puño al lado de su cabello y con la otra logré ser tan aventado como para tocar su vientre, tan suave como nunca lo imaginé.

Con una sonrisa, inimaginable me dio un beso en la mejilla. Y luego me empujo, claro no rudamente, para levantarse.

– ¿Tienes hambre? – dije sorprendido, subiendo las mangas de mi camisa azul.
– Acabamos de tener una plática extremista –
        ¿Y qué? ¿Con eso pensaste qué matarías lo que llevo aquí?
        Prefiero que estés enojado conmigo a qué estés así. ─ No entendí a lo que se refirió. Aun así me siguió la corriente

– Entonces…
– No sé –dijo pasando un dedo por los muebles.

Si quería retirar el porqué no podíamos estar juntos, lo aceptaría encantado de la vida.

– Dudo que haya servicio a la habitación en estos departamentos, aunque sean lujosos no creo que llegan a tal ridiculez, y menos encontraras algo abierto a esta hora.
– No me subestimes.
– Debes tener en tus anaqueles algo de cereal.
– ¿Sólo eso? ¡Por favor! ¡Mademoiselle Jean, prepara delicioso!, si quieres te puede…
        En verdad, ¿no comes cereal?

Inhalé y exhalé. Mientras ella se cruzó de brazos.

        ¿Quién es Jean? – vaya, no podría describir lo que veía, una cara de insatisfacción. –
        Ella es quién me prepara las comidas, y también se encarga de las compras.

Continuó viéndome fijamente, igual que un laser mortal. Hasta que suspiro y pidió ir al baño. Al mismo tiempo llamé a la nombrada para pedir lo que Suzy deseaba, sin embargo no estaba nada conforme con sus gustos pero igualmente no le haría el feo, y menos por ser ella quién lo pedía.

– No me digas que le acabas de pedir a esa tal Jean que te traiga el cereal…
– Entonces no te lo diré.
– ¡Alexander! ¿Para qué tienes tu cuerpo entero sino para hacer cosas como estas?
– ¿Sabes? – pronuncié tan tranquilo – Cuando te enojas no te le acercas ni tantito a mi madre. –

Finalmente suspiré, fue como aquella vez. Tal vez en el fondo me dolía. O sólo tal vez quería contárselo a alguien, ese alguien, Suzy. No le di tanta importancia y me quité mi camisa… ¡oh! Olvidé que ella estaba allí. Le había dado la espalda, por instinto me giré. Ella fisgaba curiosa por todos lados, aunque cerca de mí. Sintió mis ojos, o eso creo puesto que nuestras miradas se conectaron.

Por fin, me maravilló ver el rubor en sus mejillas. Cubrió a sus ojos. Lo que me hizo pensar en cosas que me carcomían ¿Por qué pensar en eso cuando el tiempo corría para separarnos?

– ¡Párale de coquetearme! – exigió aún ocultándose.
– No es para tanto. –susurré sujetándole sus hombros y dejando mi camisa.

Fui a mi ordenada habitación por mi pijama, me cambié y regresé a la sala. Me fascinaba mi pijama con pantalón azul oscuro, y camisa blanca de manga corta. No me tardé ya que después de todo no era descortés. Cuando volví, me hallé con que saludaba a Jean ladeando su mano, ya que ella traía el cereal y su fruta.

– Sírvele, y vete. –mandé a Jean sonando frio.

Pasé a ser el jefe mandón, ya que cuando la vio, le tiro una desagradable mirada como si Suzy no fuese nadie, aún cuando ella le sonrió y saludó. Se retiró con semblante soñoliento.

– ¿No sé te hace un poco desconsiderado mandarle a qué nos trajera esto? – preguntó con un bocado de “Cinnamon toast crunch”.
– Por supuesto que no. Ella vive a lado, no le cuesta nada levantarse y traerme lo que se me antoje, cuando yo quiero.
– Apoco le pagas tan bien para que rente un departamento aquí.
        No, en realidad soy dueño de todo este piso. Ya sabes, no me gustan los vecinos enfadosos, además de que es último piso.  
Nadie puede estar más alto que yo.
– ¡Qué bárbaro! – comentó plenamente sarcástica, a lo que inevitablemente hizo reírme.
– Deberías reír más seguido. – dijo Suzy recargando su rostro en una mano, dejando caer su cabello en la frente, y derritiéndome poco a poco.
– Dame un poco de eso –pedí intentando complacerla.

Sonreí por ella. Nadie más que Suzy. También me percaté de que se había puesto mi camisa cuando la deja para ir a cambiarme.

Cuando terminamos de cenar, ella no paraba de bostezar una y otra vez. Quería dormirse, yo lo notaba pero yo no tenia sueño y eso traería problemas, unos grandes. Se fue a tumbarse en el sillón, aunque sentada, y con sus ojos parpadeando a mil por hora.

– Duérmete en mi habitación. –ofrecí sentándome a su lado –Si quieres te llevo.
– ¡No!–dijo recuperando la vida, mientras yo recargue mi cabeza detrás del respaldo.
– Tranquila, no voy a hacer nada.
– Deja de jugar conmigo por un momento –refunfuño, imitando el recargar la cabeza – No puedo creer que no tengas sueño. – sorprendentemente con ese berrinche me sujetó de la mano.
– Casi no duermo. Tengo problemas de insomnio desde pequeño.

Ella cerró los ojos, pensé que se preparaba para dormir pero me equivoqué. Dio unas palmaditas en sus piernas.

– ¿Te duelen? –cuestioné confuso.
– No, tonto. Pon tu cabeza aquí.
– ¿Para…?
– Primero hazlo y luego te digo.

No tenía caso, ya me latía el corazón. Y ganó el impulso contra la razón. Puse mi cabeza sobre su regazo, además de subir mi cuerpo en el sillón mientras ella solo se quedo sentada. Enseguida ella acarició mi cabello como nunca nadie lo había hecho.

– Mamá lo hacía cuando no podía dormir. – si bien, aprendí a conocerla en este tiempo su tono de voz indicaba que ella mentía pero ¿por qué? ¿acaso le avergonzaba?
Funcionó, por primera vez en mucho tiempo, sufría las consecuencias de su suave tacto.

– ¿Tienes sueño? – preguntó Suzy casi desapareciéndole la voz. Yo solo solté un ruido como aprobación. –Te quiero decir algo Alexander.
– Dime – susurré con los ojos cerrados.
– Si tú por alguna razón te atreves a hacerme sufrir, te voy a picar los ojos. Eso te lo aseguro.
– Querida… – me pegué más a ella. –Hay que dormir o sino alucinaremos zombis, mañana.

Imaginé como sonrió y con eso se ganó mi encanto.



¿Y si digo que volví…?

¿Y si digo que volví…? Alguna vez lo dije y lo repito: el tiempo sin duda pasa a gran velocidad. No estoy precisamente segura que hay...