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miércoles, 19 de enero de 2011

Jamás seré cenicienta [Capitulo 2]




CAPITULO 2 “Siguiendo el curso”


Amor es dolor para todas las personas con un corazón roto. Estoy tan arta de las canciones de amor, si, odio las malditas canciones de amor...


Por supuesto era toda un ofensa pensar lo contrario, esto iba más allá de mi desagrado e indudablemente contra atacaria, sin embargo en mi autocritica no me consideraba una mujer agresiva… al menos que me hicieran algo. Aquel era mi lema y no lo aprendí en algunas clases de taekwondo.

– ¡¿Quién te crees tú para tocarme?!– le reclamé todavía en shock después que hizo lo inmencionable.
– Disculpa–repitió con sarcasmo mientras me daba un golpe en la frente con dos de sus dedos. –Pensé que estabas lastimada, y además… –se cruzó de brazos y siguió excusándose– …con Shane no se juega cuando me ordena que haga algo.
– ¡Ahh! ¿Sabes? –refunfuñé sacudiéndome los muslos después de estar en el suelo – Esto no tiene caso, es mejor que simplemente me vaya lejos. – quería irme pero al cruzar nuestras miradas, vi algo que no podía describir, era algo tan diferente, era como, no me salía el querer saber verdaderamente lo que era esa… la sed de venganza.
– Me dijeron que puedes hacer cualquier cosa –
– Pues se equi…–le interrumpí
– ¡Ahora me escuchas! –gritó perdiendo la calma. Yo no le temí, sólo suspiré y rodé los ojos esperando a que el chico continuara. –Tú puedes matar, secuestrar, amenazar, robar, en fin casi cualquier cosa ¿por qué no haces algo? – pareció abatido, pero supongo que al verme recordando todo lo que hice continuó – ¡Estoy tan aburrido, chica! –suspiró dando uno patadita al aire –Annabelle nunca se mete en problemas sólo se la vive en casas hogares, hospicios y fundaciones de beneficencia.
– Qué bien –dije levantando mis palmas y sonriendo fanfarrona – Espero que la princesita tenga una larga vida ayudando a quienes los necesitan.
– Yo soy un chico tranquilo, simpático y buena onda con las chicas ¿lo ves? –me guiñó el ojo– ¡Pero tú me sacas de quicio!
– ¿Qué querías? Dímelo si tanto quieres, soy una mujer, y cómo tal dramatizo el mínimo rasguño. Yo en realidad puedo caminar por mi misma, sin tu ayuda. –así que me di la media vuelta aunque tuviera un dolor en una de mis piernas.
– ¡Te va a caer una maldición a ti y a quien más quieres, nunca serás feliz por ser como eres!
Me giré rápidamente para hacer cualquier cosa en mi defensa, pues no iba a soportar nada más insultos. Pero fue tan tarde para algo semejante a lo que pensaba hacer.
– Basta– ordenó Kim sin perder su seriedad y sujetando mis dos manos –
Bryan se nos acercó en unos segundos, llegándome con una cara de “sabia que no llegarías muy lejos”.
– Sabia que no llegarías tan lejos – dijo Bryan limpiando sus gafas.
– ¡Compórtense, par de niñitos mal educados! –mandó Kim mirándonos a los dos, Bryan se irguió rápidamente –
– Sí, como ordenes –dijo esté viendo a su altura derecho a la nada–
– Mariet, él es Bryan y aunque no lo creas será tu guardaespaldas –

¡Aja! Si ¿y con esa apariencia tan…? No era solo que se vistiera muy juvenil, de acuerdo a su edad, puesto que Kim y los demás que había conocido eran jóvenes pero Kim por supuesto que sabia que él también era guarura pues si se vestía como tal, pero Bryan… era todo lo contrario.

– Y yo soy Kim y es todo lo que debes saber, yo me encargó de cuidar a tu hermana.
– Ni se te vuelva a ocurrir decir que es mi hermana–exalté desfigurando el ritmo de mi respiración– Yo no soy nada de ella. – casi susurré
– Solo espera y veras las sorpresas que te esperan –me espantó el hombre de voz grave y de elegante apariencia atrás de mí, ese acompañante de la loca que me llamaba “hermana”–Alguien me puede dar una explicación de porqué se tardan tanto. –ahora estrujaba mis hombros.
– La causante es esta chica –dijo Kim cruzándose de brazos.
– Ella desde el principio no ha querido cooperar. –le siguió Bryan.
– Déjenmelo a mí – les dijo el chico de voz grave para decirme fríamente – ¿Qué es lo que quieres?
– Para empezar ni siquiera sé en dónde estamos. –me quejé volteándome a verlo para encararlo.
– Eso es claro, estamos en un callejón en medio de unos departamentos abandonados, ahora bien ¿vienes? –dijo algo aburrido jalándome de la muñeca.
– No es eso exactamente lo que quería saber–protesté quitándome su mano –además ¿A dónde se supone que vamos?
– A donde va ser tu nueva casa –me respondió fríamente sin mirarme. –me estás colmando la paciencia ¿ya? –ahora sí me observó, pero como si fuera basura.
– ¿Y yo qué gano si voy?

Inmediatamente me tomó de la mano, me sobresalté no recordaba cuando fue la última vez que alguien hizo eso; no obstante mis sentimientos desaparecion ya que no fue lo que esperaba sino que puso algo en la mía.

– Son $1000 billetes pero si todo sale bien se harán más, y si te comportas se te triplicara, aunque si los aceptas ya no te podrás echar para atrás.
– ¿Y por qué confiarías en que alguien “como yo” respete el trato?
– Porque nadie juega con alguien “como yo”.
– No me van a hacer algo malo ¿verdad? –cuestioné dudosa.
– ¡Disculpa! –sonó ofendido –Escúchame atentamente, no nos conoces perfectamente, a pesar de que por lo que sé conoces nuestros nombres.
– Él tuyo no. –le reclamé
– Soy Shane, no lo pienso repetir, ya lo habías escuchado. –dijo a regañadientes.
– Un consejo, no le interrumpas, no sabes las cosas que puedan suceder con Shane. –me aconsejó Kim susurrando en el oído con una ligera preocupación.
– Como iba antes de que me interrumpieras, tú solamente tienes que seguir la corriente, no digas comentarios que no vayan al caso, y no, ni lo pienses, no se te ocurra, no llegues a concebir en tu cabeza el insultar a Annabelle.
– ¿O qué? ¿me las veré contigo, Shane?
– ¿Quién te dio permiso de tutearme? –explotó asiendo muchas caras extrañas pero más que nada de furia –
– Tú me tuteas
– No se te ocurra volver a hacerlo, y a todo esto no lo me haz dicho cual es tu respuesta.
– ¿Ella es rica? –pregunté algo estresada.
– Tiene bastante dinero. –comenzó a mover uno de sus pies – Sigo esperándote.

No entendía nada, y lo que más me inquietaba era saber de donde sacó la princesita que era mi hermana, si yo no tenía padres. ¿Por qué a ellos les importaba tanto que los siguiera? Y después de todo, si algo tuve claro en medio de un callejón que olía a comida rancia y donde se escuchaban a lo lejos sirenas de patrullas de policía, era que ya no me quedaba dignidad.

– Está bien –dije finalmente, y acariciando discretamente el dinero con las manos en mi espalda. –acepté el trato.
– ¡Al fin! – gritó Bryan guiñándome el ojo.

Entonces se despejó lo que alguna vez espere, esto, totalmente diferente a lo acostumbrado me esperaba ansiosamente.

Observé cuidadosamente como caminaba antes que nadie Shane hablando por su móvil; después Kim le alcanzó susurrándole algo y al parecer los dos se hallaban celebrando con apretones de manos, mientras los veía y caminando de reversa el castaño con nombre de chica repitió a Bryan pero viéndome “tráetela”.

Mucho antes de lo que pensé Bryan ya se encontraba de cuclillas a mi lado, inhalando y exhalando como si el aroma fuera algo grato.

– ¿Y tú qué haces en esa posición?
– El auto está a dos cuadras, allí nos están esperando.
– No entiendo.
– Simple, pon tus manos en mi cuello.
– ¡Agh! ¡Aléjate de mí!
– ¡Eyy! –replicó parándose –Mariet, tranquila yo, como ya escuchaste, soy tu guarura. No es exactamente que me importes o algo por el estilo
– Y eso que tiene que ver con que quieras hacer… eso para llevarme.
– Estás cojeando de un pie.
– ¿Y a ti qué te importa? ¡Es mi pie!
– Bien, lo intenté – repitió para él mismo –ven sígueme.

Tomando un enorme suspiro, tragándome mi orgullo, y olvidándome por última vez de quien fui. Di donde traía bastantes moretones en una de mis piernas, y como si fuera normal, para igualar el dolor, me di un puñetazo en la otra, evité gritar, con ese grito de dolor reprimido fue mi motor para caminar normalmente.

Bryan no alcanzó a notar lo que hice pero cuando llegó primero a la esquina se cruzó de brazos y me miró extrañamente.

– No te pareces ni un poco.
– Si– dije siguiéndole – Es bastante obvio que Annabelle es rubia ojiazul y yo, castaña de ojos verdes.
– No, bueno si… y no, o tal vez si. –

Se enredó con sus propias palabras y después de un tiempo variante quise sonreírle pero lo evité saliendo victoriosa, ya que luego puso sus manos en su cuello como ahorcándose. Ya estaba distraída para cuando habíamos dado donde se hallaba un carro, me quede anonadada estaba enfrente de una limusina.

Torcí mis gestos:

– Típico, chica rica que solamente sale con sus guaruras y con una limo. –suponía que lo escucharon por su reacción, aunque lo había dicho para mí misma.

Yo esperaba que Shane se subiera primero que yo; me percaté que llevaba un audífono en su oreja. Me sonrió, por supuesto siendo un hipócrita con esos ojos de color miel brillantes, y abriendo la puerta de la limo dijo “adelante, señorita Mariet”.

Me hablaba a mí ¿verdad? Está bien, me repetí, no puedo ser tan tonta, por lo que me subí ignorando lo anterior y suspirando. Dentro se encontraba mi… ¿Cómo se le llama a esas criaturitas molestas?, con la pura cara de preocupación, y en ese momento se cerró la puerta.

– Pensé que nunca subirías, realmente me preocupaste. –comentaba con su dulce voz mientras yo miraba en los cristales polarizados que los que conocí se iban a otro coche.
– Si, que bueno. –saqué toda distraída.
– Hermanita –me tomó de la mano– Ya deseaba que nos reuniéramos ¿nadie te obligó verdad? Le dije claramente a Shane que no…
– ¿Qué es él de ti? – pregunté sin verla
– ¿Shane? –asentí, y ella se mordió los labios– Veras, voy a confiar en ti, ya que eres mi hermana mayor –se acerco, y puso su cabeza en mi hombro–Él es muy especial para mí, Shane comenzó siendo mi guarura y lo bueno es que lo sigue siendo, cuando lo conocí me enamoró esa hermosa sonrisa que tiene y sus ojos ¿Los has visto? Son tan preciosos. Pero en fin, nos queremos Mariet, creo que lo amo aunque obviamente jamás se lo he dicho.
– ¿Tu guardaespaldas es tu novio?
– Más que eso, hermanita, ¡somos amantes!.
– ¿Tus padres saben? –solté intentando de contener la sorpresa, ella lo negó con la cabeza y una cara de animalito triste.
– Es nuestro secreto, nos vemos a escondidas cada que podemos.
– En serio él se te declaró.
– Sí –afirmó Annabelle sonriendo como una niña abriendo un regalo– Nunca había ido a un Burger King y él me llevo a escondidas de mi padre. Me acuerdo que dijo que iba a ir al baño y después, puedes imaginarlo.
– Muy lindo –dije fingiendo sentirme feliz por ella– ¿Cuántos años tienes?
– ¿Yo? Bueno, en dos meses tendré dieciocho.
– ¿Qué? Estás demasiado joven.
– Jamie y Landon en A walk to remember se casaron jóvenes, también Allie y Noah.
– ¿Quiénes son ellos?

Fue ahí cuando temía que lo hiciera, me observó de los pies a la cabeza e hizo una expresión de desaprobación.

– Ya casi llegamos– me dijo brincando en su asiento pero claramente siendo un poco hipócrita pues pareciese que me quisiera decir “Tú qué sabes”.


Todo fue tan rápido y deprisa, que apenas divisé el preciso momento en el cual llegamos, pero, no imaginé, era un hotel. Y el mismo tipo del que habíamos hablado, detuvo la puerta: Shane. Yo bajé primero, luego Annabelle, los dos sonrieron y éste le besó la mano.

Nuevamente ese tontísimo dolor en las piernas, para colmo creo que me dolía más la que yo me había golpeado. Igual, lo soporté creyendo que no podría. Andaba cuando hallé la suspicaz mirada de Bryan: directo a mis piernas. Me tapé con una de mis manos los ojos, increíble -pensaba- él traía su traje de guarura.

Giré y vi como Shane y esa criaturita inocentona se daban miradas tan “enamoradísimas”, de cierto modo tenía ganas de vomitar al verlas.

– En la noche tenemos una cena, para que mi padre te conozca. Por mientras, Bryan y Kim te van a llevar a tu habitación, está cerca de mi suite. Shane y yo nos adelantaremos –me dijo tranquilamente, luego continuó a los anteriores– Cuiden de ella, por favor.
– Si, señorita –contestaron los dos.

Como avisó aquellos se fueron con aire de querer detener el tiempo para seguir juntitos. No me hallaba feliz y no entendía perfectamente porqué.

– ¿Celosa?– me susurró Bryan.
– ¡No! –dije cantándole –
– ¿Entonces por qué te pones así?
– Por supuesto que tengo pretendientes, inclusive un novio… aguarda ¿por qué me miras de esa forma? ¿no me crees?, y piensas que finjo lo de tener un novio.
– Ya par de nenes, caminen. –ordenó Kim cortando la pelea.
– Los sigo. –anuncié abriéndoles paso, y por fin poder hacer un par de muecas por el dolor.

Ellos iban delante de mí, yo caminaba lento pero seguro pues de un pie cogía y el otro casi no lo podía mover. Cuando Kim o Bryan volteaban a mirar si seguía, yo me detenía para que no me vieran que batallaba, además de darles unas miradas feas.

Me estaba cansando, ellos casi llegaban a los elevadores y yo continuaba en la recepción del hotel, después de todo llamaba mi atención por rimbombante. O bien me costaba asimilar que si no fuera por “la princesita” no pisaría aquellos deslumbrantes pisos por una casualidad.

– Señora –me dijo alguien, lo vi y supe que era de las personas de limpieza, por el carrito que llevaba –Si usted no lo sabe, este lugar es exclusivo de clientes, si me disculpa le sugiero que se retire de la manera mas atenta.

Eso me hacia querer golpearlo en la cara, pero como dije no soy nada violenta, bueno creo que mi concepto de “violencia” está distorsionado.

– ¡Mira, mamá allí hay una vagabunda! –repitió un niñito apuntándome con el dedo.
Le saqué la lengua sin que me viera su madre, y para mi augurio comenzó a llorar.
– Váyase –insistió el trabajador siendo terco, después de sucedido aquello–
– De acuerdo, ya que insiste…–me decidí a irme, no era mi intención fallar a mi palabra pero prefería salirme a que me sacaran.
En eso me tope con un sujeto que me paro en seco por los hombros, yo le llegaba un poco mas arriba de los hombros por lo que estuve demasiado cerca viendo su boca.
– Ella viene conmigo, le sugiero que no la moleste. –colocó una de sus manos en mi brazo, y lo apretaba–Es como todos los clientes de por aquí. –terminó su frase
Pareciere que él -Shane- me abrazaba, nada más que sabía a la perfección que era para jalarme como un animal, controlando la velocidad de nuestros pasos.
– No le digas a Belle que… lo de tus piernas. –me pidió
– ¿Y qué se supone que haga? –lo hubiera aceptado a la primera pero era una exigencia muy clara.
– Reanuda tu actuación, finge que no sucede nada; como lo haz hecho hasta ahora.
– Esto te va a costar muy caro. –le dije sonando indecorosa.
– Lo sé.

Bryan y Kim se hallaban a las afueras del elevador, queriéndome fulminar con la mirada. Los ignoré viendo a otro lado, gracias a que mi cabello me cubría la mitad de la cara. Al mismo tiempo de que me soltó el tipo, se entreabrieron las puestas del referido antes.

No se hallaba nadie más en éste. Ellos se pusieron justo enfrente impidiendo que mas gente pasara, así que a sus espaldas los miraba como hablaban de mí.

– ¿Era tan difícil traerla? –preguntó sarcásticamente Shane.
– Oye, creo que ella sube en el próximo piso.
– Si –suspiró–

Los tres se comportaron primera vez, hasta manteniendo el silencio por poco pues se abrieron las puertas. Intuí de lo que se trataba. No había nadie del otro lado, cuando se iba a cerrar apareció; no observaba mas que su sombrero de plumas, ya que los tres eran altos y no me dejaban ver. En realidad, no hubiese querido que me dejaran ver cual era su rostro.

– ¿Cómo has estado, Mariet? –preguntó esa señora tan diferente a la última vez que nos vimos, mientras me alejaba lo más que podía de ella como si fuera la peste. –Yo soy la que debería alejarse de ti ¿desde cuando no te bañas? –cuestionó con su voz mojigata
– Pregúntales a ellos. –respondí secamente.
– No seas igual de bastarda que tu padre.
– Soy igual que tú.

Se arreglaba el maquillaje, pero aquella respuesta la consterno cerrando el espejito dorado de un golpe. Me quede sin hacer nada para defenderme cuando me agarró del cabello con sus uñas.

–Escúchame bien estúpida, no por nada soy tu madre. –me aconsejó con los dientes apretados y bajando mi cabeza casi por el suelo– Me vas a hacer caso de ahora en adelante, o sabrás de lo que soy capaz...

Continuara...
ya sabes que es para ti Dios
.

martes, 23 de noviembre de 2010

Jamás seré cenicienta : 1~


Cuando el ocaso se acercaba, las burbujas que llegarían al cielo, se destrozaron y con ellas, la niña que más deseaba ser cenicienta y la cual que esperaba a su príncipe llegando en un corcel blanco.

CAPITULO 1 "Maldita mil veces"


Podría ser yo aquella chica de apariencia atractiva que anda cogida de la mano con su novio, o esa que está en la esquina gritando a todo pulmón su rigida conversación con su padre, o por lo menos la chica de mi lado que trae una trenza en el cabello y una bolsa transparente con un pez amarillo dentro; pero no soy ninguna de ellas.

– ¡Acelera el paso! – me ordena este chico de gafas oscuras, el cual no tengo la menor idea de cómo se osa llamar; él mismo me agarra del suéter y casi logra tirarme al suelo sino fuera porque le dije con voz tenue y relajada:
– Te miran, a mi tambien.

Se quita las gafas y por primera vez en todo el recorrido lo miro, como me tiene agarrada del antebrazo estoy bastante cerca como para olerlo, por supuesto que huele bien, es de brutos no darse cuenta de su posición ecónomica con ese traje de vestir totalmente negro y esos zapatos de piel.

En fin, alguien a primera vista podria pensar que es bastante pudiente, tal vez un buen hombre, ya que, cuando lo vi antes que nada me sonrío; para después amenazarme con una pistola para que lo siguiera. Tras a ese chocante recuerdo, y todavía quietos, le pisé fuertamente uno de sus zapatos, pues no me quería quedar con las ganas asentadas.

– No me puedes hacer nada, la gente de por aquí nos observa. –le incité lentamente

Él echo un reojo a sus zapatos, me volvió a jalar por el brazo fuertemente. No sospeché que debajo de esa apariencia de hombre delicado y de brillante elgancia se encontrara tanta fuerza.

Caminamos lo suficientemente rápido, que desafortunado fue el entorno que lo cubria los vientos de otoño y estos mismos hicieron volar mi gorra tejida que llevaba en el cabello. No me permitió ir por ella, quedó muy lejos, y éste tipo insistia que lo siguiera sin saber a donde.

Afortunadamente llegamos pronto a un desolado parque, -no tenia coherencia decir lo contrario pues viviamos en un sitio desplobado- Pensé que nos sentariamos y esperariamos a alguien, en lo último no andaba tan perdida, fue en un segundo cuando una camioneta “Van” nos esperaba. Pero esta vez él no me tuvo que forzar drasticamente que lo siguiera pues algo misterioso me llamaba, sólo me jaló ligeramente.

Abrió la puerta y ni un segundo pasó cuando me encontró con la vista él hombre que iba conduciendo y su copiloto, aquel que me llevó hasta ahí ni enterado se hallaba de que aún lo seguía. Cómo el primero, ellos tenían unas miradas bastante frias, y me hicieron desesperarme como si yo misma les quisiera aventar algo para que reaccionaran de ese ser tan helado, pues no parecía que conocieran la felicidad; yo misma la conocí en la buena epoca de mi vida… y la anhelaba de vuelta.

–Estaba más que seguro que traerías a un “él”, no a una “ella”. –Apuntando a donde me encontraba, repitió con los labios fruncidos el chico de la van. –Esto traerá muchos líos, Kim.

Kim, el chico con nombre de chica y el cual me había amenazado, tomó un enorme suspiro y dio unos ligueros pasos transcurriendo de mirar la acera en donde estaba parado con las manos en los bolsillos, a verme fijamente, así consecutivamente y acercándose más. De alguna manera me intimidaba pues se atrevió a tocar algo… de mí.

–En qué momento, que no me di cuenta te creció tanto el cabello y ahora eres mujer. – recitó encajándome su pistola en mis costillas.

Está bien, yo estaba enterada que él pensaban que yo era hombre al momento de conocernos. Cuando llegó preguntando por “creepy eyes” tomé mis precauciones en el departamento, conseguí un prestamo no informado por un par de pantalones demacrados, y sin más una sueter con capucha, además del gorro para cubrirme mi cabello. Cuando me vio supuse que creía que el apodo me quedaba pequeño pues yo parecia un chico muy femenino. Y lo demás fue pan comido, realmente ya no me importaba mucho.

Por lo que dejé que Kim hiciera lo que le apeteciera, levantando las manos como si fuera un criminal que se entregó.

– Esto no es un juego –me dijo volviendo a ponerse sus gafas y torciéndome uno de mis brazos. –
– ¿Así que tú eres a quien la mayoría de las personas le huyen? –Preguntó el copiloto de la camioneta en cuanto me subí.

Comenzaron los de enfrente a atiborrarme de preguntas que no hacian más que llenar ese apodo de los comentarios alagantes cuando fui esa chica, esa que mataba a quien me pidieran a cambio de comida.

– Ya no soy nadie, ni ella ni nadie.
– Qué más da. –comentó Kim –
A pocas cosas les llegué a tener miedo cuando era una niña, alguna de ellas fue que me dijeran que no era una princesa, por tonto que se escuchaba; sin embargo aún cuando ese “terror” parecía insignificante y tontísimo, los hombres para mí no eran un terror pues yo les daba miedo.
– ¿Por qué no llora o intenta gritar? ¡Hace que todo sea tan aburrido! –comentó el conductor de la camioneta a sus compañeros viéndome por el retrovisor arqueando una ceja y exagerando sus expresiones faciales.
– ¿Bryan? –preguntó al erguirse más en el asiento el chico con nombre de chica – ¿No te hemos dicho que intentes ser por una vez el malo-malo de la película?
– ¡Ahh! Kim casi llegamos no sigas con el regaño. Pero no sería mejor ¿qué le llames? Cuando la vea se llevara un infarto.
– No es la primera vez que tratamos con mujeres.
– Si, estoy consiente de eso Kim, hasta Nick lo sabe pero hay un enorme pero…
Me interesé en lo que posiblemente pudiera decir.
– Tal vez no lo hayas notado –medio susurró el conductor de la van –Pero la mayoría de las “chicas” que tratamos referente a “nuestros asuntos” no lucen como ella.
– ¿Tienes nombre? –cuestionó el copiloto, él que no dijo ni un pio y se le ocurrió preguntar cuando estacionó Bryan -sí, así se llamaba- la camioneta.
Pude negarme a contéstale pero su voz se escuchaba más relajada, aún que insistía, había algo en los ojos de esos chicos.
– Cuando era niña me solian llamar Mariet –les hablé pretendiendo contestarle amablemente…–Pero ustedes no me pueden decir así. –…solamente que no lo logré.
– Eres igual de ridicula que todas las mujeres. – dijo alguno de esos chicos.
Tal vez parezca cenicienta pero –pensé– no crean que soy igual a las demás chicas– les repetí viendo por la ventana polarizada– yo te puedo sacar los ojos–volví a pensar

La parte más extraña de mí era que adoraba la adrenalina, mi corazón latía tan rápido que si se llegaban a quedar en completo silencio pudieran escucharlo.

Los chicos de enfrente se bajaron, Kim igual, aprendí a seguirlo no obstante éste me dijo que me quedara. Yo medio le obedecí pues no era tan obvia para ponérmele al brinco. Me preparé ya que tenía mis sospechas.

– ¡Bájate! –ordenó – Pero ponte esto primero y tapate bien la cara. –era una bufanda.

Nuevamente le seguí la corriente, antes de que otra cosa sucediera me puse la capucha del suéter. Me pregunté entre todo ¿ellos no sabían disimular ni un poco? Ahora hasta Kim lucía con finta de no ser un chico bueno. Los tres se camuflajearon con cachuchas (piragua, gorro, bonete), diferentes tipos de lentes y unas sonrisas que querían salir de las comisuras de sus labios.
Entramos al parecer a un edificio, era muy grande, debía tener varios pisos. Todo parecía estar suficientemente abandonado y yo sentía estas tres personas a cada uno de mis lados. Yo ya me había cansado encima de uno de los primeros pisos cuando el chico que me preguntó mi nombre le susurró al oído a Kim, él asintió, y para esto yo dejé de caminar, yo tenía un orgullo que tal vez me podía meter en un gran aprieto, pero ya no aguantaba todo esto.

– ¿Qué realmente quieren de mí? – les dije relajadamente y sin verlos –Si es dinero, ¡No tengo!, si es que buscan el tipo de servicios que creo ¡no los doy!, si buscan a creepy eyes ¡ya no existe! –me quité la bufanda que me dieron.
Demasiado serios y neutrales, supuse que estaban acostumbrados a ese tipo de escenas en su vida.
– Ni uno ni otro – dijo alguno de ellos, los confundía visualmente. – ¿No deberías conocer primero los detalles y después quejarte?
– Puede ser.
– Por cierto somos tres hombres contra ti.
– También puede ser –les contesté –no estoy tan segura.
– De esto es lo que hablaba Kim –dijo el mismo tipo que condujo. – ¡Drama!, de todo lo que les rodea a las mujeres.
– ¡Cállate, Bryan! Ya llegamos.
– Ahora sí bienvenida su majestad. –replicó el chico rubio que llevaba unos grandes lentes transparentes cuando abrió la puerta del departamento –Es aquí su palacio. –
– Ven conmigo – me ordenó Kim pasando de largo.
Lo ignoré completamente y me revolví en mi suéter.
– Yo que tú lo seguía, sólo nosotros sabemos lo que es capaz de hacer.
– Tú tampoco me conoces, no sabes lo que he hecho y puedo hacer.
– ¿Entonces? –manifestó agarrando sus sienes – no me obligues a tomar medidas drásticas.
Lo acompañé por su recorrido en el solitario lugar, no habia más que cobijas y mantas por todo la alfombra y muchas bolsas de plastico.
– ¿Algún problema con la limpieza? –
– Ninguno. –le respondí
– Pues bien –entreabrió la puerta que por cierto rechinaba –Pasa.

No habia nadie como creí, solamente se hallaban unas cobijas dobladas en la cama. Ni siquiera habia una ventana y eso me asustó, por desgracia era lo que pensaba. Kim alcanzó a cerrar la puerta antes de que lo detuviera. Comencé a decirle que me abriera, a pegarle fuertemente con mis puños y mis piernas a la puerta.

– Ahora si puedes quejarte –se bufó detrás de la puerta.

“Ahh ¿Cómo pudiste caer?” No hice más drama y me rendi gritando por ultima vez. Me senté a lado de la puerta recargando la cabeza en ella.



Fueron dos, tres días, semanas, seguramente exagero pero desde el día que entré cada segundo se convertia en una eternidad. Me rugian mucho las tripas, no podia dormir bien, todo daba vueltas o ¿nada sucedía?. ¿Por qué la puerta no sé abrió en ningún momento? ¿Acaso ahí me quedaría para siempre?

No habia algo coherente que me ligara con ellos.

Sin tan solo recordara a mi familia, pudiera haber algo. Desde la última fiesta a la que fui, que fue la mia, el quinto aniversario de mi nacimiento todo cambió, igual que un giro de 180 º. Ahora mismo no importa puesto que un día de aquellos o de estos tuve que cumplir diecinueve o algo por el estilo.

De algún modo tenía que salir de ahí, por las buenas, o por las malas. A pesar de que afuera no había nada ni nadie que me esperaba, yo un día encontraría mi motivo.

– ¡¿Hay alguien ahí?! –acerque el oído a la puerta pues escuché pasos. –Necesito algo de comer – me queje
– Esto no es buffet –me contestó al parecer Bryan.
– Por favor ¿lo escuchas son mis tripas que me rugen? –aunque no se oía nada

Eso fue en verdad mi último contacto con alguien, en serio pasó mucho tiempo. Ya no podia seguir aguantandome el dormir, pues mi plan era que cuando alguien entrara intentar escapar pero habia dos opciones: la primera era que adivinaron que ese era mi plan, la segunda era que tenian camara; por lo mismo no entraron nunca.

Hasta que me rendí y decidi dormir bien todo lo que no pude al inicio. Para mi sorpresa amanecia con ropa –de pura casualidad de hombre- y comida que ni probé en cuanto pestañana para despertarme; no queria morirme de hambre pero era otro mi plan.
Y sin lugar tuvo que funcionar, y lo hizo.

– ¿Oye tú? –escuché aturdida una de sus voces
– Levántate –muy obediente lo hice aunque casi no pudiera–
– Kim, ya es muy tarde– le replicó una persona
– ¡Si lo sé! –gritó histérico, agarrándome de un brazo– pero no avisaron que iban a venir, hasta hoy.
– Ella no sé ve nada bien, va a pensar que le hicimos algo, realmente malo.
– ¡¿Y no es algo malo tenerla aquí en contra de su voluntad?!
– No es por apurarlos, pero ellos ya casi están aquí –
– ¡Oh! ¡Nick, ven aquí! –le exigió Kim al rubio. –Tú eres mejor en esto que yo, haz algo.
– ¿Yo por qué? ¡Mejor Bryan!

Ellos tres empezaron una disputa de palabras que si que iban a hacer conmigo, y yo ni voz ni voto. Por lo que me escabullí corriendo lo más rápido que pudiera para bajar las escaleras, fue demasiado pronto cuando sentí que me perseguían. Antes tuve un serio problema al toparme con la puerta pues no quería cooperar, alcancé a una nada a abrirla y a estrellársela a uno de ellos en la cara.

Me faltaban unos cinco escalones para llegar abajo, tenía experiencia en el pasado, y concluía que era mucho más veloz por lo que las salté, caí por lo que se dice hincada. Y dolió bastante.

Encima del dolor que ya no relucía con lo que enfrente de mis ojos se hallaba, pudo ser en ese segundo nada; dos pares de zapatos. Los primeros eran unos negros de un hombre y los segundos ¿unas zapatillas altas rosas?, los dos en exceso elegantes.

– ¡Hola! – saludo la dueña de aquellas zapatillas
Yo me queje cuando intenté moverme para irme muy lejos de esa chica y de todos. Ésta misma mujer reaccionó dando un par de pasitos para atrás cuando gemí.
– No te has dignado a mirar quienes somos – dijo opuestamente a su compañera un hombre con una voz masculina que me dio escalofríos. –en pocas palabras deberías voltear para arriba.
Pareció que me dijeron lo contrario y me congelé viendo el piso.

Esa chica, la divise, se puso de cuclillas para poder estar casi en mi misma posición. Hacia tiempo que no miraba a alguien así, por su completa apariencia. Podía decirse que era como una barbie sin embargo una llena de elegancia en su semblante puesto que no parecía ser tan plástica. Pues lo suyo era una belleza natural y con mucho rosa de por medio, además de una cabellera brillantemente rubia.

–Mi nombre es Annabelle, y soy tu hermanastra. –dijo sonriendo y cerrando los ojos.
Sospeché que iba a reaccionar de esa forma, como todos que no se dan cuenta de quien soy. Claro, sus palabras -o tipo de confesión- no fue nada y la ignoré.
– ¿No vas a decir nada hermanito?
– ¿Qué?
– Dije que…
– …Si te escuché, pero yo no soy tu hermanito.
– ¡Ven quiero darte un abrazo!
– ¡No me toques! –me alejé de ella lo más posible todavía sentada en el piso – ¡Soy mujer! Además que no tengo familia por lo tanto, tú no eres mi hermana.
– ¿Eres una mujer? – dijo sorprendida.
– Si, y tú también por si no te diste cuenta.
– Tú eres mi hermanastra, parte de mi familia. Por lo mismo te quiero presentar a mi prometido él es Shane… ¿y tú cómo te llamas?

No me percaté de que él se encontraba allí, por lo que no quise mirarlo en un instante, así que respiré profundamente para prepararme a ver al Ken de Barbie, pero en lugar de eso me hallé con él.

– Belle, ella es Mariet – dijo él mirándome fijamente.
– Shane pero no se puede mover, ¡te dije que tus guaruras no le hicieran nada!
– Tranquila, ahorita lo soluciono –marcó un número en su celular y no tuvieron que responderlo cuando ya estaban sus tres “guaruras” –¡Bryan, ven y arregla esto! –me dijo esto, se atrevió a hacerlo. –
– ¿Qué hago con ella?
– ¿Belle?
– Quiero que vaya a la casa con nosotros.
– Hazlo Bryan, sin fallas.
– ¿Cómo me la voy a llevar si no se puede mover?
– ¿Quieres que solucione todo? –contestó molesto pero sin levantar la voz, siguió contestándole pues en la cara de Bryan había muchas dudas – Llévatela cargando o lo que se te ocurra.


Y así fue… no quiero volver a revivir esto, ¿desde cuándo pasé de ser la princesa de cuento de hadas a ser la hermanastra de cenicienta?






With Love, 주 하나님

jueves, 1 de julio de 2010

Jamás Seré Cenicienta



Personajes Protagonistas:

●Mariet Bernabéu
●Shane Marshall
●TOP
●Taek
●Kim
●Nick

Género: Drama, Romance.
Amore: 2 de 5
Capítulos: Por el momento “8”
Frase utilizada: “Tal vez parezca una linda señorita pero no creas que soy igual a las demás chicas, yo te puedo sacar los ojos”

Soundtrack Oficial





SINOPSIS
La tarde en ese bello jardín era tan perfecta, pareciese ser uno de en cuento, el de su princesita. El justo cumpleaños que Mariet anhelaba, no era en soledad, en él estaban muñecas de porcelana tomando té; sus padres se podrían decir que se hallaban esa tarde junto a ella.

Cuando el ocaso se acercaba, las burbujas que llegarían al cielo, se destrozaron y con ellas, la niña que más deseaba ser cenicienta y la cual que esperaba a su príncipe llegando en un corcel blanco.

Por algo no fue cenicienta, tal vez tenga bastantes similitudes pero Mariet ya no es igual. Ella se convirtió en la malvada hermanastra.

¿Y si digo que volví…?

¿Y si digo que volví…? Alguna vez lo dije y lo repito: el tiempo sin duda pasa a gran velocidad. No estoy precisamente segura que hay...