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domingo, 6 de mayo de 2012

Crónicas [2]

Capitulo 2: “Creí tales palabras” 




 Oye señorita, mi amor ¿podrías verme por cinco minutos? Rompes el innecesario aburrimiento, cicratices, lágrimas, detienes todo. Iré a cualquier parte si tú también me quieres. 
Trax- Oh! My goddess
EDITANDO ^^ Disculpa las molestias!

domingo, 10 de abril de 2011

Zulidor: Capitulo 4

“El arcoíris es mi color”


Estás fingiendo decir la verdad y estás cegado por cubrir la verdad cientos de veces, por lo menos eres tú, únicamente tú, así que mírame correctamente. En este mundo eres tú, con nuestra esperanza de apreciar ese lugar especial…. No lo sabes, soy un poco diferente, un poco; mi color es el arcoíris.

*¨EDITANDO* Por mientras sí no has leído el prólogo te lo recomiendo o los anteriores capítulos.

Espera pacientemente y cuando menos lo esperes ya tendré subido con correcciones y con coherencia a los capítulos previos^^ Si deseas puedes dejarme un comentario.

LEE PRÓLOGO AQUÍ

sábado, 19 de marzo de 2011

Mini historias


Miro el cielo para ver dónde estás y pienso que tal vez, tú y yo lo mismo podemos ver. Mis sentimientos te alcanzaran. En mi corazón lo guardo siempre, y en el futuro ha de florecer el sueño será una realidad. No habrá distancia que nos pueda separar. Y la inocencia nos dará la fuerza que nos unira y surgira con tu sonrisa la luz.
Gracias Japón y Dios por esta canción: Digimon 4 Ending ^^


Mini Historias de Juliette World, my beautiful World :
[o pensamientos que salieron de verona]

miércoles, 19 de enero de 2011

Jamás seré cenicienta [Capitulo 2]




CAPITULO 2 “Siguiendo el curso”


Amor es dolor para todas las personas con un corazón roto. Estoy tan arta de las canciones de amor, si, odio las malditas canciones de amor...


Por supuesto era toda un ofensa pensar lo contrario, esto iba más allá de mi desagrado e indudablemente contra atacaria, sin embargo en mi autocritica no me consideraba una mujer agresiva… al menos que me hicieran algo. Aquel era mi lema y no lo aprendí en algunas clases de taekwondo.

– ¡¿Quién te crees tú para tocarme?!– le reclamé todavía en shock después que hizo lo inmencionable.
– Disculpa–repitió con sarcasmo mientras me daba un golpe en la frente con dos de sus dedos. –Pensé que estabas lastimada, y además… –se cruzó de brazos y siguió excusándose– …con Shane no se juega cuando me ordena que haga algo.
– ¡Ahh! ¿Sabes? –refunfuñé sacudiéndome los muslos después de estar en el suelo – Esto no tiene caso, es mejor que simplemente me vaya lejos. – quería irme pero al cruzar nuestras miradas, vi algo que no podía describir, era algo tan diferente, era como, no me salía el querer saber verdaderamente lo que era esa… la sed de venganza.
– Me dijeron que puedes hacer cualquier cosa –
– Pues se equi…–le interrumpí
– ¡Ahora me escuchas! –gritó perdiendo la calma. Yo no le temí, sólo suspiré y rodé los ojos esperando a que el chico continuara. –Tú puedes matar, secuestrar, amenazar, robar, en fin casi cualquier cosa ¿por qué no haces algo? – pareció abatido, pero supongo que al verme recordando todo lo que hice continuó – ¡Estoy tan aburrido, chica! –suspiró dando uno patadita al aire –Annabelle nunca se mete en problemas sólo se la vive en casas hogares, hospicios y fundaciones de beneficencia.
– Qué bien –dije levantando mis palmas y sonriendo fanfarrona – Espero que la princesita tenga una larga vida ayudando a quienes los necesitan.
– Yo soy un chico tranquilo, simpático y buena onda con las chicas ¿lo ves? –me guiñó el ojo– ¡Pero tú me sacas de quicio!
– ¿Qué querías? Dímelo si tanto quieres, soy una mujer, y cómo tal dramatizo el mínimo rasguño. Yo en realidad puedo caminar por mi misma, sin tu ayuda. –así que me di la media vuelta aunque tuviera un dolor en una de mis piernas.
– ¡Te va a caer una maldición a ti y a quien más quieres, nunca serás feliz por ser como eres!
Me giré rápidamente para hacer cualquier cosa en mi defensa, pues no iba a soportar nada más insultos. Pero fue tan tarde para algo semejante a lo que pensaba hacer.
– Basta– ordenó Kim sin perder su seriedad y sujetando mis dos manos –
Bryan se nos acercó en unos segundos, llegándome con una cara de “sabia que no llegarías muy lejos”.
– Sabia que no llegarías tan lejos – dijo Bryan limpiando sus gafas.
– ¡Compórtense, par de niñitos mal educados! –mandó Kim mirándonos a los dos, Bryan se irguió rápidamente –
– Sí, como ordenes –dijo esté viendo a su altura derecho a la nada–
– Mariet, él es Bryan y aunque no lo creas será tu guardaespaldas –

¡Aja! Si ¿y con esa apariencia tan…? No era solo que se vistiera muy juvenil, de acuerdo a su edad, puesto que Kim y los demás que había conocido eran jóvenes pero Kim por supuesto que sabia que él también era guarura pues si se vestía como tal, pero Bryan… era todo lo contrario.

– Y yo soy Kim y es todo lo que debes saber, yo me encargó de cuidar a tu hermana.
– Ni se te vuelva a ocurrir decir que es mi hermana–exalté desfigurando el ritmo de mi respiración– Yo no soy nada de ella. – casi susurré
– Solo espera y veras las sorpresas que te esperan –me espantó el hombre de voz grave y de elegante apariencia atrás de mí, ese acompañante de la loca que me llamaba “hermana”–Alguien me puede dar una explicación de porqué se tardan tanto. –ahora estrujaba mis hombros.
– La causante es esta chica –dijo Kim cruzándose de brazos.
– Ella desde el principio no ha querido cooperar. –le siguió Bryan.
– Déjenmelo a mí – les dijo el chico de voz grave para decirme fríamente – ¿Qué es lo que quieres?
– Para empezar ni siquiera sé en dónde estamos. –me quejé volteándome a verlo para encararlo.
– Eso es claro, estamos en un callejón en medio de unos departamentos abandonados, ahora bien ¿vienes? –dijo algo aburrido jalándome de la muñeca.
– No es eso exactamente lo que quería saber–protesté quitándome su mano –además ¿A dónde se supone que vamos?
– A donde va ser tu nueva casa –me respondió fríamente sin mirarme. –me estás colmando la paciencia ¿ya? –ahora sí me observó, pero como si fuera basura.
– ¿Y yo qué gano si voy?

Inmediatamente me tomó de la mano, me sobresalté no recordaba cuando fue la última vez que alguien hizo eso; no obstante mis sentimientos desaparecion ya que no fue lo que esperaba sino que puso algo en la mía.

– Son $1000 billetes pero si todo sale bien se harán más, y si te comportas se te triplicara, aunque si los aceptas ya no te podrás echar para atrás.
– ¿Y por qué confiarías en que alguien “como yo” respete el trato?
– Porque nadie juega con alguien “como yo”.
– No me van a hacer algo malo ¿verdad? –cuestioné dudosa.
– ¡Disculpa! –sonó ofendido –Escúchame atentamente, no nos conoces perfectamente, a pesar de que por lo que sé conoces nuestros nombres.
– Él tuyo no. –le reclamé
– Soy Shane, no lo pienso repetir, ya lo habías escuchado. –dijo a regañadientes.
– Un consejo, no le interrumpas, no sabes las cosas que puedan suceder con Shane. –me aconsejó Kim susurrando en el oído con una ligera preocupación.
– Como iba antes de que me interrumpieras, tú solamente tienes que seguir la corriente, no digas comentarios que no vayan al caso, y no, ni lo pienses, no se te ocurra, no llegues a concebir en tu cabeza el insultar a Annabelle.
– ¿O qué? ¿me las veré contigo, Shane?
– ¿Quién te dio permiso de tutearme? –explotó asiendo muchas caras extrañas pero más que nada de furia –
– Tú me tuteas
– No se te ocurra volver a hacerlo, y a todo esto no lo me haz dicho cual es tu respuesta.
– ¿Ella es rica? –pregunté algo estresada.
– Tiene bastante dinero. –comenzó a mover uno de sus pies – Sigo esperándote.

No entendía nada, y lo que más me inquietaba era saber de donde sacó la princesita que era mi hermana, si yo no tenía padres. ¿Por qué a ellos les importaba tanto que los siguiera? Y después de todo, si algo tuve claro en medio de un callejón que olía a comida rancia y donde se escuchaban a lo lejos sirenas de patrullas de policía, era que ya no me quedaba dignidad.

– Está bien –dije finalmente, y acariciando discretamente el dinero con las manos en mi espalda. –acepté el trato.
– ¡Al fin! – gritó Bryan guiñándome el ojo.

Entonces se despejó lo que alguna vez espere, esto, totalmente diferente a lo acostumbrado me esperaba ansiosamente.

Observé cuidadosamente como caminaba antes que nadie Shane hablando por su móvil; después Kim le alcanzó susurrándole algo y al parecer los dos se hallaban celebrando con apretones de manos, mientras los veía y caminando de reversa el castaño con nombre de chica repitió a Bryan pero viéndome “tráetela”.

Mucho antes de lo que pensé Bryan ya se encontraba de cuclillas a mi lado, inhalando y exhalando como si el aroma fuera algo grato.

– ¿Y tú qué haces en esa posición?
– El auto está a dos cuadras, allí nos están esperando.
– No entiendo.
– Simple, pon tus manos en mi cuello.
– ¡Agh! ¡Aléjate de mí!
– ¡Eyy! –replicó parándose –Mariet, tranquila yo, como ya escuchaste, soy tu guarura. No es exactamente que me importes o algo por el estilo
– Y eso que tiene que ver con que quieras hacer… eso para llevarme.
– Estás cojeando de un pie.
– ¿Y a ti qué te importa? ¡Es mi pie!
– Bien, lo intenté – repitió para él mismo –ven sígueme.

Tomando un enorme suspiro, tragándome mi orgullo, y olvidándome por última vez de quien fui. Di donde traía bastantes moretones en una de mis piernas, y como si fuera normal, para igualar el dolor, me di un puñetazo en la otra, evité gritar, con ese grito de dolor reprimido fue mi motor para caminar normalmente.

Bryan no alcanzó a notar lo que hice pero cuando llegó primero a la esquina se cruzó de brazos y me miró extrañamente.

– No te pareces ni un poco.
– Si– dije siguiéndole – Es bastante obvio que Annabelle es rubia ojiazul y yo, castaña de ojos verdes.
– No, bueno si… y no, o tal vez si. –

Se enredó con sus propias palabras y después de un tiempo variante quise sonreírle pero lo evité saliendo victoriosa, ya que luego puso sus manos en su cuello como ahorcándose. Ya estaba distraída para cuando habíamos dado donde se hallaba un carro, me quede anonadada estaba enfrente de una limusina.

Torcí mis gestos:

– Típico, chica rica que solamente sale con sus guaruras y con una limo. –suponía que lo escucharon por su reacción, aunque lo había dicho para mí misma.

Yo esperaba que Shane se subiera primero que yo; me percaté que llevaba un audífono en su oreja. Me sonrió, por supuesto siendo un hipócrita con esos ojos de color miel brillantes, y abriendo la puerta de la limo dijo “adelante, señorita Mariet”.

Me hablaba a mí ¿verdad? Está bien, me repetí, no puedo ser tan tonta, por lo que me subí ignorando lo anterior y suspirando. Dentro se encontraba mi… ¿Cómo se le llama a esas criaturitas molestas?, con la pura cara de preocupación, y en ese momento se cerró la puerta.

– Pensé que nunca subirías, realmente me preocupaste. –comentaba con su dulce voz mientras yo miraba en los cristales polarizados que los que conocí se iban a otro coche.
– Si, que bueno. –saqué toda distraída.
– Hermanita –me tomó de la mano– Ya deseaba que nos reuniéramos ¿nadie te obligó verdad? Le dije claramente a Shane que no…
– ¿Qué es él de ti? – pregunté sin verla
– ¿Shane? –asentí, y ella se mordió los labios– Veras, voy a confiar en ti, ya que eres mi hermana mayor –se acerco, y puso su cabeza en mi hombro–Él es muy especial para mí, Shane comenzó siendo mi guarura y lo bueno es que lo sigue siendo, cuando lo conocí me enamoró esa hermosa sonrisa que tiene y sus ojos ¿Los has visto? Son tan preciosos. Pero en fin, nos queremos Mariet, creo que lo amo aunque obviamente jamás se lo he dicho.
– ¿Tu guardaespaldas es tu novio?
– Más que eso, hermanita, ¡somos amantes!.
– ¿Tus padres saben? –solté intentando de contener la sorpresa, ella lo negó con la cabeza y una cara de animalito triste.
– Es nuestro secreto, nos vemos a escondidas cada que podemos.
– En serio él se te declaró.
– Sí –afirmó Annabelle sonriendo como una niña abriendo un regalo– Nunca había ido a un Burger King y él me llevo a escondidas de mi padre. Me acuerdo que dijo que iba a ir al baño y después, puedes imaginarlo.
– Muy lindo –dije fingiendo sentirme feliz por ella– ¿Cuántos años tienes?
– ¿Yo? Bueno, en dos meses tendré dieciocho.
– ¿Qué? Estás demasiado joven.
– Jamie y Landon en A walk to remember se casaron jóvenes, también Allie y Noah.
– ¿Quiénes son ellos?

Fue ahí cuando temía que lo hiciera, me observó de los pies a la cabeza e hizo una expresión de desaprobación.

– Ya casi llegamos– me dijo brincando en su asiento pero claramente siendo un poco hipócrita pues pareciese que me quisiera decir “Tú qué sabes”.


Todo fue tan rápido y deprisa, que apenas divisé el preciso momento en el cual llegamos, pero, no imaginé, era un hotel. Y el mismo tipo del que habíamos hablado, detuvo la puerta: Shane. Yo bajé primero, luego Annabelle, los dos sonrieron y éste le besó la mano.

Nuevamente ese tontísimo dolor en las piernas, para colmo creo que me dolía más la que yo me había golpeado. Igual, lo soporté creyendo que no podría. Andaba cuando hallé la suspicaz mirada de Bryan: directo a mis piernas. Me tapé con una de mis manos los ojos, increíble -pensaba- él traía su traje de guarura.

Giré y vi como Shane y esa criaturita inocentona se daban miradas tan “enamoradísimas”, de cierto modo tenía ganas de vomitar al verlas.

– En la noche tenemos una cena, para que mi padre te conozca. Por mientras, Bryan y Kim te van a llevar a tu habitación, está cerca de mi suite. Shane y yo nos adelantaremos –me dijo tranquilamente, luego continuó a los anteriores– Cuiden de ella, por favor.
– Si, señorita –contestaron los dos.

Como avisó aquellos se fueron con aire de querer detener el tiempo para seguir juntitos. No me hallaba feliz y no entendía perfectamente porqué.

– ¿Celosa?– me susurró Bryan.
– ¡No! –dije cantándole –
– ¿Entonces por qué te pones así?
– Por supuesto que tengo pretendientes, inclusive un novio… aguarda ¿por qué me miras de esa forma? ¿no me crees?, y piensas que finjo lo de tener un novio.
– Ya par de nenes, caminen. –ordenó Kim cortando la pelea.
– Los sigo. –anuncié abriéndoles paso, y por fin poder hacer un par de muecas por el dolor.

Ellos iban delante de mí, yo caminaba lento pero seguro pues de un pie cogía y el otro casi no lo podía mover. Cuando Kim o Bryan volteaban a mirar si seguía, yo me detenía para que no me vieran que batallaba, además de darles unas miradas feas.

Me estaba cansando, ellos casi llegaban a los elevadores y yo continuaba en la recepción del hotel, después de todo llamaba mi atención por rimbombante. O bien me costaba asimilar que si no fuera por “la princesita” no pisaría aquellos deslumbrantes pisos por una casualidad.

– Señora –me dijo alguien, lo vi y supe que era de las personas de limpieza, por el carrito que llevaba –Si usted no lo sabe, este lugar es exclusivo de clientes, si me disculpa le sugiero que se retire de la manera mas atenta.

Eso me hacia querer golpearlo en la cara, pero como dije no soy nada violenta, bueno creo que mi concepto de “violencia” está distorsionado.

– ¡Mira, mamá allí hay una vagabunda! –repitió un niñito apuntándome con el dedo.
Le saqué la lengua sin que me viera su madre, y para mi augurio comenzó a llorar.
– Váyase –insistió el trabajador siendo terco, después de sucedido aquello–
– De acuerdo, ya que insiste…–me decidí a irme, no era mi intención fallar a mi palabra pero prefería salirme a que me sacaran.
En eso me tope con un sujeto que me paro en seco por los hombros, yo le llegaba un poco mas arriba de los hombros por lo que estuve demasiado cerca viendo su boca.
– Ella viene conmigo, le sugiero que no la moleste. –colocó una de sus manos en mi brazo, y lo apretaba–Es como todos los clientes de por aquí. –terminó su frase
Pareciere que él -Shane- me abrazaba, nada más que sabía a la perfección que era para jalarme como un animal, controlando la velocidad de nuestros pasos.
– No le digas a Belle que… lo de tus piernas. –me pidió
– ¿Y qué se supone que haga? –lo hubiera aceptado a la primera pero era una exigencia muy clara.
– Reanuda tu actuación, finge que no sucede nada; como lo haz hecho hasta ahora.
– Esto te va a costar muy caro. –le dije sonando indecorosa.
– Lo sé.

Bryan y Kim se hallaban a las afueras del elevador, queriéndome fulminar con la mirada. Los ignoré viendo a otro lado, gracias a que mi cabello me cubría la mitad de la cara. Al mismo tiempo de que me soltó el tipo, se entreabrieron las puestas del referido antes.

No se hallaba nadie más en éste. Ellos se pusieron justo enfrente impidiendo que mas gente pasara, así que a sus espaldas los miraba como hablaban de mí.

– ¿Era tan difícil traerla? –preguntó sarcásticamente Shane.
– Oye, creo que ella sube en el próximo piso.
– Si –suspiró–

Los tres se comportaron primera vez, hasta manteniendo el silencio por poco pues se abrieron las puertas. Intuí de lo que se trataba. No había nadie del otro lado, cuando se iba a cerrar apareció; no observaba mas que su sombrero de plumas, ya que los tres eran altos y no me dejaban ver. En realidad, no hubiese querido que me dejaran ver cual era su rostro.

– ¿Cómo has estado, Mariet? –preguntó esa señora tan diferente a la última vez que nos vimos, mientras me alejaba lo más que podía de ella como si fuera la peste. –Yo soy la que debería alejarse de ti ¿desde cuando no te bañas? –cuestionó con su voz mojigata
– Pregúntales a ellos. –respondí secamente.
– No seas igual de bastarda que tu padre.
– Soy igual que tú.

Se arreglaba el maquillaje, pero aquella respuesta la consterno cerrando el espejito dorado de un golpe. Me quede sin hacer nada para defenderme cuando me agarró del cabello con sus uñas.

–Escúchame bien estúpida, no por nada soy tu madre. –me aconsejó con los dientes apretados y bajando mi cabeza casi por el suelo– Me vas a hacer caso de ahora en adelante, o sabrás de lo que soy capaz...

Continuara...
ya sabes que es para ti Dios
.

martes, 23 de noviembre de 2010

Jamás seré cenicienta : 1~


Cuando el ocaso se acercaba, las burbujas que llegarían al cielo, se destrozaron y con ellas, la niña que más deseaba ser cenicienta y la cual que esperaba a su príncipe llegando en un corcel blanco.

CAPITULO 1 "Maldita mil veces"


Podría ser yo aquella chica de apariencia atractiva que anda cogida de la mano con su novio, o esa que está en la esquina gritando a todo pulmón su rigida conversación con su padre, o por lo menos la chica de mi lado que trae una trenza en el cabello y una bolsa transparente con un pez amarillo dentro; pero no soy ninguna de ellas.

– ¡Acelera el paso! – me ordena este chico de gafas oscuras, el cual no tengo la menor idea de cómo se osa llamar; él mismo me agarra del suéter y casi logra tirarme al suelo sino fuera porque le dije con voz tenue y relajada:
– Te miran, a mi tambien.

Se quita las gafas y por primera vez en todo el recorrido lo miro, como me tiene agarrada del antebrazo estoy bastante cerca como para olerlo, por supuesto que huele bien, es de brutos no darse cuenta de su posición ecónomica con ese traje de vestir totalmente negro y esos zapatos de piel.

En fin, alguien a primera vista podria pensar que es bastante pudiente, tal vez un buen hombre, ya que, cuando lo vi antes que nada me sonrío; para después amenazarme con una pistola para que lo siguiera. Tras a ese chocante recuerdo, y todavía quietos, le pisé fuertamente uno de sus zapatos, pues no me quería quedar con las ganas asentadas.

– No me puedes hacer nada, la gente de por aquí nos observa. –le incité lentamente

Él echo un reojo a sus zapatos, me volvió a jalar por el brazo fuertemente. No sospeché que debajo de esa apariencia de hombre delicado y de brillante elgancia se encontrara tanta fuerza.

Caminamos lo suficientemente rápido, que desafortunado fue el entorno que lo cubria los vientos de otoño y estos mismos hicieron volar mi gorra tejida que llevaba en el cabello. No me permitió ir por ella, quedó muy lejos, y éste tipo insistia que lo siguiera sin saber a donde.

Afortunadamente llegamos pronto a un desolado parque, -no tenia coherencia decir lo contrario pues viviamos en un sitio desplobado- Pensé que nos sentariamos y esperariamos a alguien, en lo último no andaba tan perdida, fue en un segundo cuando una camioneta “Van” nos esperaba. Pero esta vez él no me tuvo que forzar drasticamente que lo siguiera pues algo misterioso me llamaba, sólo me jaló ligeramente.

Abrió la puerta y ni un segundo pasó cuando me encontró con la vista él hombre que iba conduciendo y su copiloto, aquel que me llevó hasta ahí ni enterado se hallaba de que aún lo seguía. Cómo el primero, ellos tenían unas miradas bastante frias, y me hicieron desesperarme como si yo misma les quisiera aventar algo para que reaccionaran de ese ser tan helado, pues no parecía que conocieran la felicidad; yo misma la conocí en la buena epoca de mi vida… y la anhelaba de vuelta.

–Estaba más que seguro que traerías a un “él”, no a una “ella”. –Apuntando a donde me encontraba, repitió con los labios fruncidos el chico de la van. –Esto traerá muchos líos, Kim.

Kim, el chico con nombre de chica y el cual me había amenazado, tomó un enorme suspiro y dio unos ligueros pasos transcurriendo de mirar la acera en donde estaba parado con las manos en los bolsillos, a verme fijamente, así consecutivamente y acercándose más. De alguna manera me intimidaba pues se atrevió a tocar algo… de mí.

–En qué momento, que no me di cuenta te creció tanto el cabello y ahora eres mujer. – recitó encajándome su pistola en mis costillas.

Está bien, yo estaba enterada que él pensaban que yo era hombre al momento de conocernos. Cuando llegó preguntando por “creepy eyes” tomé mis precauciones en el departamento, conseguí un prestamo no informado por un par de pantalones demacrados, y sin más una sueter con capucha, además del gorro para cubrirme mi cabello. Cuando me vio supuse que creía que el apodo me quedaba pequeño pues yo parecia un chico muy femenino. Y lo demás fue pan comido, realmente ya no me importaba mucho.

Por lo que dejé que Kim hiciera lo que le apeteciera, levantando las manos como si fuera un criminal que se entregó.

– Esto no es un juego –me dijo volviendo a ponerse sus gafas y torciéndome uno de mis brazos. –
– ¿Así que tú eres a quien la mayoría de las personas le huyen? –Preguntó el copiloto de la camioneta en cuanto me subí.

Comenzaron los de enfrente a atiborrarme de preguntas que no hacian más que llenar ese apodo de los comentarios alagantes cuando fui esa chica, esa que mataba a quien me pidieran a cambio de comida.

– Ya no soy nadie, ni ella ni nadie.
– Qué más da. –comentó Kim –
A pocas cosas les llegué a tener miedo cuando era una niña, alguna de ellas fue que me dijeran que no era una princesa, por tonto que se escuchaba; sin embargo aún cuando ese “terror” parecía insignificante y tontísimo, los hombres para mí no eran un terror pues yo les daba miedo.
– ¿Por qué no llora o intenta gritar? ¡Hace que todo sea tan aburrido! –comentó el conductor de la camioneta a sus compañeros viéndome por el retrovisor arqueando una ceja y exagerando sus expresiones faciales.
– ¿Bryan? –preguntó al erguirse más en el asiento el chico con nombre de chica – ¿No te hemos dicho que intentes ser por una vez el malo-malo de la película?
– ¡Ahh! Kim casi llegamos no sigas con el regaño. Pero no sería mejor ¿qué le llames? Cuando la vea se llevara un infarto.
– No es la primera vez que tratamos con mujeres.
– Si, estoy consiente de eso Kim, hasta Nick lo sabe pero hay un enorme pero…
Me interesé en lo que posiblemente pudiera decir.
– Tal vez no lo hayas notado –medio susurró el conductor de la van –Pero la mayoría de las “chicas” que tratamos referente a “nuestros asuntos” no lucen como ella.
– ¿Tienes nombre? –cuestionó el copiloto, él que no dijo ni un pio y se le ocurrió preguntar cuando estacionó Bryan -sí, así se llamaba- la camioneta.
Pude negarme a contéstale pero su voz se escuchaba más relajada, aún que insistía, había algo en los ojos de esos chicos.
– Cuando era niña me solian llamar Mariet –les hablé pretendiendo contestarle amablemente…–Pero ustedes no me pueden decir así. –…solamente que no lo logré.
– Eres igual de ridicula que todas las mujeres. – dijo alguno de esos chicos.
Tal vez parezca cenicienta pero –pensé– no crean que soy igual a las demás chicas– les repetí viendo por la ventana polarizada– yo te puedo sacar los ojos–volví a pensar

La parte más extraña de mí era que adoraba la adrenalina, mi corazón latía tan rápido que si se llegaban a quedar en completo silencio pudieran escucharlo.

Los chicos de enfrente se bajaron, Kim igual, aprendí a seguirlo no obstante éste me dijo que me quedara. Yo medio le obedecí pues no era tan obvia para ponérmele al brinco. Me preparé ya que tenía mis sospechas.

– ¡Bájate! –ordenó – Pero ponte esto primero y tapate bien la cara. –era una bufanda.

Nuevamente le seguí la corriente, antes de que otra cosa sucediera me puse la capucha del suéter. Me pregunté entre todo ¿ellos no sabían disimular ni un poco? Ahora hasta Kim lucía con finta de no ser un chico bueno. Los tres se camuflajearon con cachuchas (piragua, gorro, bonete), diferentes tipos de lentes y unas sonrisas que querían salir de las comisuras de sus labios.
Entramos al parecer a un edificio, era muy grande, debía tener varios pisos. Todo parecía estar suficientemente abandonado y yo sentía estas tres personas a cada uno de mis lados. Yo ya me había cansado encima de uno de los primeros pisos cuando el chico que me preguntó mi nombre le susurró al oído a Kim, él asintió, y para esto yo dejé de caminar, yo tenía un orgullo que tal vez me podía meter en un gran aprieto, pero ya no aguantaba todo esto.

– ¿Qué realmente quieren de mí? – les dije relajadamente y sin verlos –Si es dinero, ¡No tengo!, si es que buscan el tipo de servicios que creo ¡no los doy!, si buscan a creepy eyes ¡ya no existe! –me quité la bufanda que me dieron.
Demasiado serios y neutrales, supuse que estaban acostumbrados a ese tipo de escenas en su vida.
– Ni uno ni otro – dijo alguno de ellos, los confundía visualmente. – ¿No deberías conocer primero los detalles y después quejarte?
– Puede ser.
– Por cierto somos tres hombres contra ti.
– También puede ser –les contesté –no estoy tan segura.
– De esto es lo que hablaba Kim –dijo el mismo tipo que condujo. – ¡Drama!, de todo lo que les rodea a las mujeres.
– ¡Cállate, Bryan! Ya llegamos.
– Ahora sí bienvenida su majestad. –replicó el chico rubio que llevaba unos grandes lentes transparentes cuando abrió la puerta del departamento –Es aquí su palacio. –
– Ven conmigo – me ordenó Kim pasando de largo.
Lo ignoré completamente y me revolví en mi suéter.
– Yo que tú lo seguía, sólo nosotros sabemos lo que es capaz de hacer.
– Tú tampoco me conoces, no sabes lo que he hecho y puedo hacer.
– ¿Entonces? –manifestó agarrando sus sienes – no me obligues a tomar medidas drásticas.
Lo acompañé por su recorrido en el solitario lugar, no habia más que cobijas y mantas por todo la alfombra y muchas bolsas de plastico.
– ¿Algún problema con la limpieza? –
– Ninguno. –le respondí
– Pues bien –entreabrió la puerta que por cierto rechinaba –Pasa.

No habia nadie como creí, solamente se hallaban unas cobijas dobladas en la cama. Ni siquiera habia una ventana y eso me asustó, por desgracia era lo que pensaba. Kim alcanzó a cerrar la puerta antes de que lo detuviera. Comencé a decirle que me abriera, a pegarle fuertemente con mis puños y mis piernas a la puerta.

– Ahora si puedes quejarte –se bufó detrás de la puerta.

“Ahh ¿Cómo pudiste caer?” No hice más drama y me rendi gritando por ultima vez. Me senté a lado de la puerta recargando la cabeza en ella.



Fueron dos, tres días, semanas, seguramente exagero pero desde el día que entré cada segundo se convertia en una eternidad. Me rugian mucho las tripas, no podia dormir bien, todo daba vueltas o ¿nada sucedía?. ¿Por qué la puerta no sé abrió en ningún momento? ¿Acaso ahí me quedaría para siempre?

No habia algo coherente que me ligara con ellos.

Sin tan solo recordara a mi familia, pudiera haber algo. Desde la última fiesta a la que fui, que fue la mia, el quinto aniversario de mi nacimiento todo cambió, igual que un giro de 180 º. Ahora mismo no importa puesto que un día de aquellos o de estos tuve que cumplir diecinueve o algo por el estilo.

De algún modo tenía que salir de ahí, por las buenas, o por las malas. A pesar de que afuera no había nada ni nadie que me esperaba, yo un día encontraría mi motivo.

– ¡¿Hay alguien ahí?! –acerque el oído a la puerta pues escuché pasos. –Necesito algo de comer – me queje
– Esto no es buffet –me contestó al parecer Bryan.
– Por favor ¿lo escuchas son mis tripas que me rugen? –aunque no se oía nada

Eso fue en verdad mi último contacto con alguien, en serio pasó mucho tiempo. Ya no podia seguir aguantandome el dormir, pues mi plan era que cuando alguien entrara intentar escapar pero habia dos opciones: la primera era que adivinaron que ese era mi plan, la segunda era que tenian camara; por lo mismo no entraron nunca.

Hasta que me rendí y decidi dormir bien todo lo que no pude al inicio. Para mi sorpresa amanecia con ropa –de pura casualidad de hombre- y comida que ni probé en cuanto pestañana para despertarme; no queria morirme de hambre pero era otro mi plan.
Y sin lugar tuvo que funcionar, y lo hizo.

– ¿Oye tú? –escuché aturdida una de sus voces
– Levántate –muy obediente lo hice aunque casi no pudiera–
– Kim, ya es muy tarde– le replicó una persona
– ¡Si lo sé! –gritó histérico, agarrándome de un brazo– pero no avisaron que iban a venir, hasta hoy.
– Ella no sé ve nada bien, va a pensar que le hicimos algo, realmente malo.
– ¡¿Y no es algo malo tenerla aquí en contra de su voluntad?!
– No es por apurarlos, pero ellos ya casi están aquí –
– ¡Oh! ¡Nick, ven aquí! –le exigió Kim al rubio. –Tú eres mejor en esto que yo, haz algo.
– ¿Yo por qué? ¡Mejor Bryan!

Ellos tres empezaron una disputa de palabras que si que iban a hacer conmigo, y yo ni voz ni voto. Por lo que me escabullí corriendo lo más rápido que pudiera para bajar las escaleras, fue demasiado pronto cuando sentí que me perseguían. Antes tuve un serio problema al toparme con la puerta pues no quería cooperar, alcancé a una nada a abrirla y a estrellársela a uno de ellos en la cara.

Me faltaban unos cinco escalones para llegar abajo, tenía experiencia en el pasado, y concluía que era mucho más veloz por lo que las salté, caí por lo que se dice hincada. Y dolió bastante.

Encima del dolor que ya no relucía con lo que enfrente de mis ojos se hallaba, pudo ser en ese segundo nada; dos pares de zapatos. Los primeros eran unos negros de un hombre y los segundos ¿unas zapatillas altas rosas?, los dos en exceso elegantes.

– ¡Hola! – saludo la dueña de aquellas zapatillas
Yo me queje cuando intenté moverme para irme muy lejos de esa chica y de todos. Ésta misma mujer reaccionó dando un par de pasitos para atrás cuando gemí.
– No te has dignado a mirar quienes somos – dijo opuestamente a su compañera un hombre con una voz masculina que me dio escalofríos. –en pocas palabras deberías voltear para arriba.
Pareció que me dijeron lo contrario y me congelé viendo el piso.

Esa chica, la divise, se puso de cuclillas para poder estar casi en mi misma posición. Hacia tiempo que no miraba a alguien así, por su completa apariencia. Podía decirse que era como una barbie sin embargo una llena de elegancia en su semblante puesto que no parecía ser tan plástica. Pues lo suyo era una belleza natural y con mucho rosa de por medio, además de una cabellera brillantemente rubia.

–Mi nombre es Annabelle, y soy tu hermanastra. –dijo sonriendo y cerrando los ojos.
Sospeché que iba a reaccionar de esa forma, como todos que no se dan cuenta de quien soy. Claro, sus palabras -o tipo de confesión- no fue nada y la ignoré.
– ¿No vas a decir nada hermanito?
– ¿Qué?
– Dije que…
– …Si te escuché, pero yo no soy tu hermanito.
– ¡Ven quiero darte un abrazo!
– ¡No me toques! –me alejé de ella lo más posible todavía sentada en el piso – ¡Soy mujer! Además que no tengo familia por lo tanto, tú no eres mi hermana.
– ¿Eres una mujer? – dijo sorprendida.
– Si, y tú también por si no te diste cuenta.
– Tú eres mi hermanastra, parte de mi familia. Por lo mismo te quiero presentar a mi prometido él es Shane… ¿y tú cómo te llamas?

No me percaté de que él se encontraba allí, por lo que no quise mirarlo en un instante, así que respiré profundamente para prepararme a ver al Ken de Barbie, pero en lugar de eso me hallé con él.

– Belle, ella es Mariet – dijo él mirándome fijamente.
– Shane pero no se puede mover, ¡te dije que tus guaruras no le hicieran nada!
– Tranquila, ahorita lo soluciono –marcó un número en su celular y no tuvieron que responderlo cuando ya estaban sus tres “guaruras” –¡Bryan, ven y arregla esto! –me dijo esto, se atrevió a hacerlo. –
– ¿Qué hago con ella?
– ¿Belle?
– Quiero que vaya a la casa con nosotros.
– Hazlo Bryan, sin fallas.
– ¿Cómo me la voy a llevar si no se puede mover?
– ¿Quieres que solucione todo? –contestó molesto pero sin levantar la voz, siguió contestándole pues en la cara de Bryan había muchas dudas – Llévatela cargando o lo que se te ocurra.


Y así fue… no quiero volver a revivir esto, ¿desde cuándo pasé de ser la princesa de cuento de hadas a ser la hermanastra de cenicienta?






With Love, 주 하나님

sábado, 16 de octubre de 2010

Erase una vez nosotros #5


CAPITULO 5
Un nuevo juego: El gato y el ratón


Bien, me daré la vuelta, te dejare ir como un hombre de verdad. Me quedare en silencio detrás de ti, sin molestarte, mirándote desde lejos sin que lo sepas, para que olvides completamente mi existencia. Pero sabes bien que no estoy renunciando a ti, todo seguirá igual en mi mundo, yo soy tu chico y tú mi chica. Así que no te preocupes cuando colapses y caigas, yo volveré.
2pm♥ -I'll be back



Solté un tremendo suspiro que emergía del fondo de mi alma; agradecida por el descanso pero triste por saber que eso jamás sería eterno, ni aunque fuéramos inmortales sucedería.

Íbamos caminando entre todas las calles anticuadas de esa tal ciudad, Surrey, hablando de nada y afortunadamente siempre juntos, no podía evitar sonreírle de vez en vez, ya que quería contagiarlo, parecía una roca… una linda, por cierto.

Desde el momento en que me dio esas cosas tan cursis -¡Perdón! no podía evitar aquel oso de peluche fuera de mi desagrado, aunque tenía ojos acosadores y coquetos que me causaban gracia-. Un momento, de regreso a mi pensamiento anterior; Anne, ósea yo, dije perdón. Algo…

–Ten cuidado– espetó Peter con voz grave sujetando el cuello de mi vestido, ya que parecía irme a en medio de la calle dónde los carro no iban lentamente.
–¡Oh! Me has salvado la vida ¿Cómo puedo recompensarte buen hombre? –comenté andando de reversa para verlo directo a la cara, pero éste miraba a otros lados, concluí que era tímido.
–Simplemente camina por una línea recta imaginaria – otra vez me jaló, antes de que tropezara con una ancianita en silla de ruedas, esta vez sentí la llamada vergüenza.
–¿A dónde vamos? – le pregunté viendo que aumentaba la velocidad en el paso, y observando como traía Zoey mis regalos.
–A casa– finalmente me miró, aunque fuera de reojo.
–Bueno, ha sido bonito el rencuentro, Peter. –moví mis manos de un lado al otro, hasta le di un manotazo en el hombro–… Pero tengo que volver, ¿Recuerdas que vengo de América? Tengo que ir a buscar a Kevin, mi primo, y luego encontrar a mi amigo Jim, así que…
–¿Bromeas? – cuestionó el rubio tóxico de Ethan, era buena memorizando nombres.
–No– dije parándome en seco entre el tumulto.
–Ustedes bromean, ¿verdad?

Ninguno de los tres me respondía, solamente Peter se regresó desde enfrente para jalarme del codo. Ese tipo de actitud que volcaba en los hombres en definitiva no me agradaba era como si yo quedara en la nada y fuera una inútil.

–¿Quién te crees que eres? –le pregunté crispada de la rabia, ahora me sentía como un animal que en cualquier momento saltaría a cazar a su enemigo.
–¿Y tú piensas que me gusta tratarte así? –susurraba él sin perder la calma, cuando volví a darme cuenta de lo frío de sus palabras que no encajaba con la suave mirada que me daba, me tranquilicé.

Yo pensé que ya nada nos unía, por tal, me quité el collar que supuestamente era de su bisabuelo, que logré conservar todos estos meses, así que al final tomé su mano y lo puse en ella.

–Debe estar en el lugar que pertenece, siempre fue tuyo, no mío. –le dije
–A ti te gustan los juegos. –cambió repentinamente de tema todavía con el collar en la mano.

Sorprendiéndome de nuevo, puso velozmente sus dos brazos un poco más abajo de mis hombros, si alguien miraba de una diferente perspectiva pereciera un abrazo, aunque no lo era. Recargó su cabeza en mi hombro delicadamente, desde otra nueva perspectiva parecía que me decía cosas lindas al oído ¿por qué? Pues yo sonreía como una tonta, no solía pasarme ese tipo de cosas y lo peor fue mi reacción, se me ocurrió poner mi mano en su cabeza para acariciar su suave cabello.

Suspiré para poder continuar a decirle con voz clara: “Si”.

–Eres un ratón– me apretó demasiado a él, supuse que sabía que iba a reventar hasta enloquecer.

Era tanta la presión que tenía, que casi no respiraba, y lo que le decía salía muy débilmente de mi boca. Quería golpearlo, por primera vez en mucho tiempo de tener autocontrol, pero me apretaba hacía él y eso no me gustaba.

–¡Suéltame! –alcancé a gritarle.

Yo tenía el rostro junto a su pecho, y hasta donde entendía a algunas personas darían lo que fuera por estar así cursimente con su pareja, pero para mí esto era una prisión.

Fue entonces que me di cuenta que había dejado de apretarme un poco, ya que quitó uno de sus brazos y después a éste se le ocurrió verme, así que sintiendo su mirada quise verlo, ya que él era más alto que yo, me iba a sentir ridícula si me ponía de puntitas para observarlo mejor.

Me percaté de que ya no percibía mis pies en el suelo, además de que lo miraba frente a frente por primera vez, pues Peter me levantó.

–Sé que te llamas Annette–repitió por primera vez diciendo mi nombre, por supuesto que me quedé estática debido a que mi horrible nombre pronunciado por Peter se escuchaba mucho mejor –No he terminado, lo que quería decirte antes que te pusieras histérica es que tú eres el ratón y alguien más el gato ¿acaso no conoces el juego del gato y el ratón?

No le respondí con palabras sino con ademanes que por supuesto que no.

–Tú sólo vete, yo algún día regresaré y me encontraras otra vez. –pronunció sin gota de que hubiera algo más que la oración.
–¿Y qué se supone que debo hacer yo por mientras?
–Sólo prométeme que será así.
–Creo que… lo prometo. –fue cuando me bajó y me dio espacio, pero en aquel entonces, ya no lo quería.
–¿Cómo puedo estar tan segura que vas a volver?
–Sino sucede, tú vas a volver a mí, por eso te digo que te vayas. Yo, Peter estoy seguro de que sucederá.

Por supuesto que no me quedó nada de claro lo que dijo pero aún así fingí que comprendía lo que decía, pues pasara lo que pasara él no significaba nada o eso creía.

–No lo entiendes ¿ó sí? –Respiró una ventisca helada que pasaba –Pienso que así confiaras en lo que te digo, vendré a que me devuelvas esto. –

Sin equivocarme de lo que acontecía, lo que me dio fue un beso en la frente. Ahora estaba segura de que regresaría. No obstante, ahora tenía un poco de miedo y no sabia porqué.

–¡Pet! ¿Qué crees que haces? –llegó gritando Zoey y asustando a un par de perros que andaban por allí.

Creía que no le gustaba nada de aquello que pasó entre nosotros, debido a que tiró todas mis cosas, bueno, descubrí que mi miedo era por su presencia tan fantasmal; esos ojos no los olvidaría pues los mostró cuando aplastó las flores que Peter me regaló y destruyó el oso de peluche con sus manos.

–Eso no debió de suceder Peter, y lo sabes–comentó demasiado tranquilo, Ethan poniendo una mano en la cintura de Zoey..
–¡Ella no! – siguió gritando la rubia

Cuando pensé que algo horripilante me haría, el tiempo fluyó repentinamente… volvió a salirme ese ruidito de mi pecho al momento de escuchar ese golpe que me punzaba en los oídos ya que Peter le dio un manotazo a Zoey, la que pensaba era su amiga, o algo más.

Ethan en lugar de verle a él de mala manera, lo hizo conmigo y se acercó a decirme:

–Desde este momento, Zoey, Peter y yo, no hemos existido en tu vida, nunca nos has visto.

Para entonces ya me había desconectado de la realidad, los rubios se fueron y tuve la sensación de que los volvería a ver, a pesar de hallarme con palabras contradictorias entre Ethan y Peter. Decidí crearme una propia conjetura al respecto.

–Anne –nuevamente me impresionó la forma en que pronunciaba mi nombre–No te diría tan seguro que te fueras sino sabría que nos volveremos a ver, recuerda que cuando te caigas, yo en ese entonces volveré, será lo mismo.

–Gracias–

Él por fin sacó una sonrisa, a pesar de que se notaba triste. Para finalizar la despedida me tomó rápidamente de la mano y la besó.

Cómo siempre al final de tan buenos momentos llegó la dura verdad, yo me encontraba sola en este mundo, y en verdad lo estaba.

Volví a la estación de tren esperando tropezarme con Kevin, eso jamás sucedió. Me vi en la necesidad de ir a buscar a Jim pero el supuesto lugar de la convención no existía, en su lugar se plantó un almacén de comida enlatada. Bueno, no me quedaba más que ir de regreso a Surrey con Daniel y mi “familia”.

Arribé bastante cansada y con muchísimas ganas de dormir, no paraba de pensar en lo que tuve que pasar desde que conocí a los Rutherford. Toda la casa de Luke y Miranda Witt (que en paz descansara), se hallaba oscura sin una luz prendida, la puerta estaba cerrada y toqué el timbre, no una sino varias veces pero nadie salió. Empecé a desesperarme, sin embargo el traer un vestido no me importó e intenté meterme a la casa por alguna ventana. Escalé por donde pude y al final no logré nada; todas estaban herméticamente cerradas o algo por el estilo, sólo gané que me salieran callos en las manos.

Me dio tanto sueño, que no pude más y recargué mi cabeza en la puerta delantera, y aún con el frío me dormí. Vaya noche que pasé. Desperté gracias a algo pegajoso que advertí en mi rostro. La toqué y me di cuenta que era baba, pues un perro andaba por allí.

–¡Hermione! ¡Deja de mear a Anne!
–¡¿Qué?! –me levanté escupiendo
–No es cierto –se rió la dueña de la perra –Lo hice para que te despertaras, soy Ellen, mucho gusto. –me tendió la mano

Le acepté la mano a la pelirroja, ella parecía ser amable.

–¿Tú debes ser Anne, no? –
–¿Cómo lo sabes?
–Surrey es tan pequeño que te aseguró que todos saben todo de ti, como tu peso, tu estatura y tu estado civil. –la observé con un tipo de ojos cuadrados– Mal chiste, no tanta información. ¿Qué haces aquí? Según tenía entendido Marvin y los otros regresaron de vuelta a América
–¿Qué dices?
–¿No sabías? –cuestionó insegura.
–No, anoche llegué y nadie me abrió la puerta pero no creo que sea así.
–Luke, como creo que sabes volvió a su puesto en la armada, por lo tanto no podía cuidar a su hijo y decidió enviar a Michael a un internado, no había quien lo cuidara o eso creyó él, pero en fin el punto es que no hay nadie, pensé que tú… bueno, mejor no lo digo.
–Gracias –dije tristemente con un nudo en la garganta y quise salir corriendo, pero alguien me detuvo en ese instante, ¿por qué esas cosas me pasaban?
–¡Hey, Anne! –me dijo el tipo –Soy Josh

Le sonreí forzadamente y quería otra vez intentas correr pero me frenó reiteradamente de hazaña.

–Creo que no tienes a dónde ir, aunque suene cruel y despiadado.
–Si, lo sé.
–Puedes acompañarnos, a mí y a Josh.

Él se veía de la edad de Kevin y ella un poco mayor, pero parecían agradables, pues no eran tipo Edgar, George o Brigitte que andan siempre con fachas estrafalarias sino más deportivos y me daban confianza.

Ni siquiera aprecié nada, solamente quería estar lejos de ellos, pero mi razón me decía que ellos no tenían malas intenciones. Me dieron paso a una casa que no estaba muy lejos del instituto en el que estudié un año. Creo que la casa era de Ellen, en cuánto entramos, me senté en el sofá.

–¿Y cómo ha estado Kevin? –preguntó la chica de ojos verdes, muy bonitos según yo. –Ya no se ve tan mal.
–Te acuerdas de pequeños, cómo estaba de amargado –comentó Josh junto a su… no sé que era Ellen de él, y con la boca llena de galletas de animalitos.
–Sabes perfectamente que de niño lo molestaban, por su peso. Y por lo de…
–¿Ustedes conocen a Kevin?
–Diría que bastante bien –se rió levemente– Él es mi hermano menor, y por lo que oigo estoy segurísima que no te habló de mí ni siquiera el día en que nos vimos.
–¿Eh? –le contesté.
–La noche en que se metieron a la mansión Winfrey, yo era aquella chica que te salvó de Kevin, ya sabes alguien llamó a la policía que se andaban metiendo a ese lugar, mi papá me avisó y mejor fui a decirles antes de que otra cosa sucediera.
–Increíble, creo que aquí soy la persona que salgo sobrando en todo.
–Si te sirve de algo, yo también he pasado por cosas malas. No te tienes que ir, no hay un lugar al que vayas, es mejor que te quedes aquí.
–Puedes quedarte–Dijo Josh, yo lo miré algo confundida.
–¡Ah! Ellen es mi prima, yo vivo también aquí.
–En realidad no somos nada, pero eso es otro cuento. –dijo mientras se ponía un delantal de cocina –¿Vienes?
–¿A dónde van?
–A trabajar, mi papá es dueño de un local de comida, además de ser el sub jefe de la estación de policía de la ciudad.
–Creo que no tengo opción, así que vamos.

Ni siquiera había dado un paso afuera cuando Josh me dijo que no estuviera triste, que todo iba a estar bien mientras tocaba mis hombros.

El restaurante, estaba bastante retirado de la hermosa casa de Ellen, se me a figuraba a la de Blancanieves, como la imaginé. Pues quedaba a la descripción de aquella.

El lugar estaba cerrado pero cuando entramos, me ofrecí a ayudarles en lo que fuera, ellos amablemente dijeron que podía ser la mesera, sólo por ese día. Las personas rápido llegaron y comencé a hacer mi trabajo.

En general iba bien hasta el momento en que entraron George, Edgar y Brigitte, de cualquier manera tenia que atenderlos pues no había nadie más.

–¡Hola! –Llegué diciéndoles –¿Cómo han estado, chicos?
–Quiero un vaso con agua al tiempo, y tráenos rápido el menú. –ordenó fríamente sin verme a los ojos mi supuesta amiga Brigitte.
–Ey mesera, no te tomes atribuciones que no te corresponden, solo eres eso. –dijo Edgar–¿Verdad, Brigitte?
–Si como digas.
–¡Apúrate! Tengo mucha hambre
–Ni siquiera has pedido algo –me defendí contra George después de todo lo que me había hecho.
–George, deja de enfadar si no quieres la puerta es muy grande para que salgas por ella.
–Ya, Joshy poshyi, creo que tuve que soportar mucho tiempo a Ellencita con su onda rara, ahora por favor solamente queremos que nos dejen de rugir las tripas.

Josh, Ellen y yo suspiramos profundamente.

Está bien me sentí muy dolida no solo por su actitud, sino por miles de situaciones que se amontonaron oprimiendo a mi corazón sin dejarlo un segundo descansar. Y por algo tan extraño cuando pensaba en que descansar se me venia a la mente “Peter”.

Para aquel momento creía que nada tendría que ver él en mi vida, qué equivocada estaba.

No había nadie disponible que no fuera yo en ese misma noche cuando casi parecía explotar el lugar. Sonó y sonó el teléfono desesperadamente por lo que contesté a la milésima vez, tal vez exageré un poco, pero si que sonó.

–¿Diga? –contesté
–Eres tú –dijo la voz furiosa de un hombre
–Si soy yo, ¿quién más sería?
–Mi Vivi…
“¿Qué tengo que ver yo con esa Vivi?”


*Vivi, si es por ti :) lalalala*

Para mi papá que sabe que lo amó, para ti es esto :)

domingo, 19 de septiembre de 2010

Zulidor -3-


CAPITULO 3  Bienvenidos al espectaculo



Cómo fue que me engañaste sin que sospechara, eres igual a una serpiente deslizándose suavemente. Fui testigo de un espectáculo increíble gracias a ti, fue gratis y en buen lugar.
Miss A- Goodbye baby


Pasaron dos semanas desde el primer día en que me puse el objetivo, y cada día se acercaba a mí la sed por jugar con él y las ganas de conseguirlo. Y a su vez eso que insistía en que no diera marcha, era como el remordimiento que me describió Eylin. Pero no llegué hasta aquí sin que pasara nada.

En los primeros días, interrogué a Jason. Él entrenaba junto a todo el equipo, usé de excusa a Zack para verlo. Él tan distraído no se daría cuenta de mis fines. Los veía desde las bancas. Ahí quede fascinada viendo al chico de frenos jugar juntos con los otros que estuvieron en la palma de mi mano. Ellos me vieron confusos y agité mi mano de un lado a otro.

Sonreí al saludo del capitán, o bien el tonto que no me escogió para ser su chica. Antes de que empezara a calentar me dirigí a cazarlos.

─ ¡Jason! ─ canté a este chico. Su impresión me dejo con un poco de simpatía.
─ ¿Qué te traes? ─ cuestionó amarrando sus agujetas, parecía indiferente pero sabía perfectamente que desde abajo le recordé algo.
─Vine  a verte─ le ayudé a levantarse.
─ ¿No te puedes esperar?
─Siempre es así, primero el futbol y luego me…─ quise reclamarme, y éste interrumpió.
─Ya me has vistos ─ estuvo muy tranquilo y viéndome como lo solía hacer en nuestros buenos tiempos.
─Está bien, no vine exclusivamente para verte es que necesito de tu ayuda. ─informé jugando con mi cabello. ─ Tengo un objetivo. 

Su rostro tomó otra forma. ¡Ops! Lo hice enojar, por dentro reía inmensamente. Así que me zarandeó o es lo que quise ver. Abrí lentamente mis ojos y me hallé su rostro pícaro. ¿Qué inundaba su mente para que me viera así?

─ Es Cole ¿verdad? ─
─ Nunca he revelado mis fines. Sólo necesito algo de ti, nada más.
─ Por mi está bien. ─pidió a su vez que le pasarán el balón ─Más rápido que el agua que corre por los ríos, verás que el pasado volverá a las manos que fueron suyas.

Él, aunque nunca lo dijese me consideraba una idiota por ello me apodaba cursimente “tontita”, obviamente entendí su pensamiento que no venia al caso, hablaba sobre el destino. 

Lo que aconteció, me volvió una descuidada. No estar atenta a lo que haría mi ex enamorado, estaba segura que dentro de él había sobras de lo que tuvimos que explotarían tarde o temprano.

 Aquel chico tonto que le lanzó el balón a Jason me tuvo como blanco, su tiró llegó justamente entre mi nariz y mi boca. El mundo se perdió en ese momento. Sólo sé que Zack llegó a auxiliar, no entendí el fin del que busqué.

─ No sé que como ella te puede gustar ─ es lo que escuché entre las vueltas que la tierra daba.

No deseo recordarlo. Zack confesó que para él no era esa clase de persona, sino que me veía como su hermanita. Fui el hazmerreír por su culpa. Ahora si sabría quién era yo. Tuve que resistirme, lo único que quise hacer ante tan humillación es salir corriendo de nuevo al edificio. Más no lo hice. 

Las emociones que nunca demostraba me ayudaban a ser una grandiosa actriz. Fácilmente fingí que el balonazo me lastimó, no era así, sólo me dejó aturdida.

─ ¿Estás bien? ─ preguntó alguien.
─ Si, lo estoy. ─ contesté viendo mi mano que al parecer me habían salido más dedos de los que tenia.
─ Por lo menos no está inconsciente ─repitió Cole, su voz sonó y giré a ver su rostro serio.
─Te llevaré a la enfermería ─asumió a mi cargo Zack
─ ¡Vamos capitán! Hoy iba a estar en la banca Cole ¿porqué no mejor él la lleva? ─

Era Jason.

─ ¿Puedes hacer esto por mí?
─Si, entiendo, cuidaré de tu hermanita.

De alguna forma me ayudó a ir hasta la tribuna. Cole tan cerca de mí y todo por un pelotazo, después de aquella vergüenza que no me quitaría nadie.

─Estoy lista ─ asumí frotando mis manos en cuanto me senté.
─Si te creo, se ve a leguas que eres muy lista.

En realidad me desorbitó un poco su respuesta, tanto que de mí salió un ruido extraño junto con mi risa. Él me devolvió una fantástica sonrisa que creí estar soñando, esto no me había ocurrido antes con un chico, normalmente mis propósitos de tenerlos en mi cama eran tan rápidos y predecibles que no había tiempo de cursilerías.

─Lo que quise decir es que estoy lista para escucharte, Cole.
─No hay mucho que decir ─ apartó su vista de mí ─ ¿Son ciertos los rumores?

Así que por los pasillos corrían rumores que no tenía contemplados en mi contra. Algo más que tendría que solucionar.

─No sé de qué me hablas.
─Normalmente el afectado nunca le pasa por la cabeza lo que dicen de él. Aunque no me importa que me hayan dicho, prefiero formarme mi propia opinión. ─ estuve segura que se lo decía a sí mismo, por lo que quise confirmar lo que pensaba.
─Entonces  ¿confiarás en mí?
─ No es lo que quise decir─sus ojos aceituna volvieron a encontrarme
─No me lo hubieras preguntado de no ser así.
─Eres un poco diferente a lo que todos hemos pensado alguna vez.

Su mano se detuvo por un momento en mi hombro derecho, y sus diminutos ojos sonrientes me desconectaron de la realidad pues no sentí nada. Cole, sólo podía pensar en él.

Esto fue instinto o no lo sé, pero me precipité para retirarme. En cuanto le di la espalda de mí salieron palabras nunca antes dichas a otro hombre

─Lo estuve callando pero ahora sé que eres más que el cutre chico de antes, me empiezas a agradar ─
Ante lo que dije ese chico no supo como reaccionar, sólo sé que dijo algo que pareció ser un halago.
─Tu cabello es tan esponjoso y oloroso que me gusta. ─ tal vez pudiera reaccionar mejor de lo que lo hice. Es que concluí que su confesión fue un error que salió por un momento de descontrol. Me sorprendí no tuve nada que decir simplemente miré a mis zapatos y con eso me alejé.

Estuve caminando. Para cuando me decidí a entrar a las clases, fui primero a retocarme el maquillaje al baño.

Antes de que lograra hacerlo, me desaparecí. Recuerdo ver el techo borroso y de repente aparecí en un sitio donde no había más que naturaleza. Esto era raro, me tuve que pellizcar para asegurarme que no estuviera alucinando, o en una especie de sueño. 

A mis espaldas alguien preguntó si ocupaba ayuda, en lo que me giré y pestañee de pronto regresé a mi realidad. Sólo que estuve un poco desconcertada. 

─ La he visto muy distraída ¿Señorita…?
─ Scarlett Middlenton – contesté al señor Melrose.
─Bueno, señorita Middlenton. No sé si sea normal que actué así o algo le aflija, lo cual no es de mi incumbencia pero si quiere recibir un consejo, entre a clase y hago lo mejor con los conocimientos que obtenga.
─Si,  claro. ─

Cuando surgió eso, no supuse nada, pero luego comprendí que aquel profesor estaba encaprichado en destruir mi vida en esa escuela. A la semana me dio una orden tan estúpida, quiso que me saliera de la clase. No entendía la razón de esa orden, yo solamente corte la horrible orzuela del cabello de la chica de enfrente.

Eso sucedió ayer, y él cada día se ganó estar en mi lista negra. Literalmente no tenía una aunque si la tuviera ahí estaría Abban Melrose en el primer renglón y en mayúsculas.




Aún no iniciaba la semana, era día dominical. Como comúnmente lo llevábamos a cabo, compartíamos nuestras horas juntas; no obstante había algo mal pues Leslie estaba muy distante de Eylin y de mí. Por ende le eche la culpa a Abraham a su novio universitario que sólo conocía por fotos.

No existía otra oportunidad como esta, no la dejaría escapar.


Por los pasillos se expandió como pólvora la inocente confesión de que Zack me cambió por Eylin. Y para su desgracia era verdad, no un simple rumor. Por ello mi amiga asiática estaba cohibida por quedarse a dormir en mi casa, la cual era el mismo techo de él.

Incluso la muy tonta me intentó sacar información de sí me había tirado a Zack o al revés. Ni siquiera lo pensé, irrebatible fue mi estrategia, si yo decía que si a su idea era como admitir que era una mujerzuela, otro cuento era que solo lo supieran unos pocos.

─ Estaba pensando en cambiar mi look, ¿qué dices? ─ le pregunté a Eylin viendo a su pijama de conejitos, tan boba desde que la conocí hasta ahora.
─ Te veras más bonita de lo que estás ─asumió viéndome.
─Tú también puedes estarlo ─
─ ¿Cómo?
─Estoy segura de no haber visto jamás a una china con el cabello de otro color que no sea algo oscuro.─ su risa hizo que pareciera que yo estaba equivocada pero no le di importancia continué
─Bueno, a mí me gusta mi cabello oscuro y mis ojos sin doble parpado ─ ella me había comentado que en su país natal era común agrandarse los ojos y todo tipo de cirugías, lo cual Eylin no practicaba idóneamente.
─ Entonces creo que sólo yo me cambiaré de look ─
─ Pensándolo bien Scarlett, si tú lo haces no veo porqué yo no.
─ ¡Excelente! Te veras tan hermosa como yo. ─le sonreí sinceramente ─Ya había previsto esto así que me tome la libertad de comprar lo necesario ¿confías en mí?

Ella asintió, y con eso empuje mi pensamiento de no hacerlo pues en su mirada estaba evidentemente un desacuerdo. 

Luego de aquella decisión la lleve a mi habitación. Comencé con todo lo que tenía que pasar. En el fondo me excusé que no quería que fuese así pero debido a sus burlas no había marcha atrás.
Se sentó en una silla como si estuviera yendo hacia la orca, me mofé en cuanto estuve preparando el tinte del cabello, Eylin no paraba de asegurarse de que lo hiciera bien. Un poco después se relajo hablándome de su tema favorito, romance. Estaba harta por lo que no puse mucha atención simplemente me concentré en hacer mi trabajo.

Y para cuando le puse todo el tinte la mandé a que fuese a otro lugar de la casa, sin espejos. Ya había calculado en que momento tendría que aparecer Zack en escena. Y todo lo que tenía que ocurrir.
Me arroje a mi suave edredón, gozosa por una victoria. En cuanto entrecerré los ojos sonó la canción favorita de Eylin así que adiviné que era su celular. Lo contesté antes de que hiciera más ruido y así fue como me enteré con una gran noticia la cual guardaría para mis beneficios. Tuve que borrar el historial de llamadas y me preparé. 

El sonido de las escaleras anunció que esa chica estaba llegando, entró desesperada. Suponía la razón pero nada claro. Ignoré eso.

─ ¿Por qué abandonaste el ballet? ─dejó salir de la nada

No te incumbe, pensé aunque luego vinieron las razones que no le arrojaría. Mejor, mentí como solía hacerlo.

─ Hay ocasiones en que tienes que saber rendirte y dejar las cosas ir, ¿por qué la pregunta?
─ Sólo se extraña tu presencia en las clases.

Ella detestaba bailar pero sus padres tomaron esa decisión y ahora ella debía hacerlo. Así fue como la conocí pero eso era historia. Lo único que tenía importancia era ver el resultado. Ya era hora, le quite la toalla de la cabeza a Eylin y la acompañe para lavarse.

Mis suposiciones fueron acertadas, Eylin se quedo desconcertada al ver su reflejo; fingí gritar del susto e igualmente di con que Zack llegaría al escucharlo. Él nos miro esperando lo peor, como quise que fuera. Él acababa de llegar como los demás, Eylin se confió que no había nadie y se quedo en sus peores garras. Y esto gracias a mí.

─ No quise que esto sucediera ─dije actuando como no enterada de que pudiera pasar esa desgracia.
─ Pero Scarlett ¡Mirame! ─imploraba la chica.

Lo hago, querida, esto es debido a ustedes que se burlaron de mí.

No está tan mal, sólo tienes el cabello verde, consolaba Zack viéndome y acercándose un poco a Eylin. Al final ella tenia porque agradecerme, un hombre la estaba observando. 

─En verdad no quise que esto pasara ─ solté otra vez

Mentira…
No leíste el prólogo? :0 Te dejo el link aquí 

sábado, 28 de agosto de 2010

Erase una vez nosotros #Capitulo 4



Un instante empalagoso





Si analizo el regocijante pasado siento que no era esa misma persona, llamada Annette. Es como si esa niñita huérfana fuera la Anne valiente, la que no tiene miedo decir lo que piensa, aquella que no paraba de correr y que nunca se alejaba de su hermano Caleb por miedo a no volverlo a ver; y ahora simplemente “esa” se quedo en un cajón de recuerdos.

Entre esperar a Peter, el collar que me dejó a cuidar y los problemas emocionales de Kevin, me consumían el corazón. Por lo menos eso era lo que pensaba cada noche, ya que no podía descansar, ocupaba arrullarme con alguien, pero el vivir en una casa que no era la nuestra no facilitaba irme a dormir con Daniel, ya que éste compartía habitación con Michael, el pequeño hermano de Kevin.

Nunca amanecía en la habitación de la noche anterior, siempre regresaba al ático… Todo igual de monótono durante 1 año, increíble ¿no?.

Era absolutamente contrario a lo que estaba acostumbrada, podía describir los cuatrocientos días que habían pasado. Pero después de todo, seguí esperando a qué la felicidad llegara junto a mi preciado Kevin.

A cada latido de mi corazón razonaba lo que ocupaba un lugar en él. No había manera de explicar lo que pasé junto a ellos, todo era una farsa. Me convertí en el maniquí de todos, sin siquiera estar enterada de lo que harían de mí. Al paso de los segundos, sabía que mi vida ya tenía un desenlace.

Este día seria especial, lo sentía, era menos que un presentimiento, y no llegue a esa conclusión pensándolo mucho. Después de tanto tiempo -con cambios de por medio- pude volver a hablar con Jim, hablamos por horas, al final quedamos en vernos en una convención de mangas japoneses en Surrey. Aun persistía el querer volver a ser esa Anne, o más bien Meme.

Traía un cosplay de Yunuki personaje de mi caricatura favorita “Háruko”, una chica con cabello rosa empalagoso hasta el hombro y con copete incluido, un vestido blanco con un tutu de bailarina de ballet y unas tipos zapatillas converses grises. Además de las señas del ocaso, unos espirales de color azul turquesa en la cara que significaban poder y sabiduría.

Bueno, el punto fue que iba vestida de esa forma. Soportaba ser la burla de todos, pero en esta ocasión el tiempo valía oro por lo que decidí irme temprano, en cuanto el supuesto sol diera los primeros rayos.

Bajaba los escalones mientras canturreaba una canción que por alguna razón extraña traía en la mente; hasta que escuché como alguien –ese alguien sabía quién era- se reía. Reconocería esa risa burlona y pesada en cualquier parte.

Dejé que él disfrutara el momento, cuando estuve abajo noté que llevaba consigo unas maletas, eran muchas.

– ¿Te vas de la casa? – me atreví a preguntar, y burlándome de tal situación inconcebible.
– ¿Tú, a donde vas? ¿al circo?
– A Surrey con un amigo.
– ¿Amigos? ¿Los tienes?

Aprendí en ese tiempo del sarcasmo de mi “primo” Kevin. Yo "niña" como él me reconocía actuaba de una forma sumisa pues creo que al conocerlo más se convirtió en un mundo que siempre quería visitar.  No lograba ser la verdadera Anne con Kevin a mi lado, pero tuve un límite.

 Lo ignoré.

– Lo siento –Dijo siguiéndome a la cocina
– Si, como digas sensei– dejé en claro que estaba molesta, jamás le había hablado así. Era yo su mayor fan. Ahora comprendía que si tenía efecto tratar así a los hombres. Kevin me miró fijamente, rara vez me notaba entre todas sus cosas pero después de mi contestación, me quedo más ilustrado porque este chico me volvía una loca.

– Prepárame un café. –ordenó fuertemente.

Hice una mueca, y él me hizo otra diciendo que actuara más rápido que Flash y de inmediato lo empecé a hacer aunque a regañadientes.

– ¿Estás en tus días? ─indagó viendo mis mejillas rojizas.

Abrí mis ojos más que Keroppi sólo que muy indignada, estuve a punto de irme. Este me retuvo agarrando mi muñeca.

─Han sido cosas y no quiero escucharme cursi, niña. ─siguió secamente─ No eres tan mala preparando desayunos, los que hacías antes de que fuéramos al instituto estaban pasables. Y aunque no lo creas bruja, extrañare el silencio de nuestras conversaciones. ─ tartamudeó tanto y lo dijo tan lento que fue difícil entenderle, pero si me quedó claro

Alejé su mano que todavía me sujetaba,  él me miro con cara de perrito triste.

– Y tú que te lo crees –me dijo viendo mi rostro sin parpadear –
– ¿Ahora si me dirás a dónde vas? Me estoy preocupando.
– No tengo muchas ganas –se acostó en la isla viendo hacia arriba y poniendo sus manos en el cuello –

En ese mismo momento tuvo alguien que interrumpir el teléfono, no quería que nadie se despertara por lo mimo lo contesté susurrando las respuestas.

– ¿Está Kevin, Anne? – preguntó la clara voz de Brigitte, la que se convirtió en una compañera del colegio – Dile que lo voy a extrañar

Quería saber a qué se refería, pero con Kevin a un lado, estaba claro que él me arrebataría el teléfono para poder hablar con ella, así que fui al baño para pedirle que me dijera de qué se trataba todo eso. Ella me lo contó, y no dudé en no despedirme, aventé lo que traía en mi mano y fui corriendo a buscarlo. Ya no se hallaba en la cocina.

Así que hice por salir corriendo a buscarlos hasta por debajo de las piedras, pero para cuando ni siquiera puse un pie en el patio delantero, ya me había encontrado con su imagen.

– ¿POR QUÉ NO ME LO DIJISTE? – le reproché a punto de llorar y observando cómo encendía un cigarro.
– Número uno no me hables así, hasta ahora. Número dos no estoy tonto, basta, te haces daño a ti misma.


Como siempre no se hallaba más que las nubes en el cielo, el viento soplando y los arboles moviéndose. Su cabello dorado no sé quedaba quieto y por más que unos simples sentimientos de cariño, no deseaba perderlo.

Kevin se quedaba sin expresión solo inhalando y exhalando el tabaco. Claro, volví a estornudar, no eran aromas agradables para mí.

– Siguen tus alergias ¿eh?
– ¡Idiota! ¿Ahora a quién le haré huevos revueltos en la mañana? –confesé con lagrimas cayendo hasta el suelo.
– Niña –suspiró – Apura tu lado infantil que se nos hace tarde.
– “Se nos hace tarde” – repetí
– El internado militar queda en Surrey, y cómo no conoces bien la ciudad estaría bien que vayamos juntos.
– Entonces –concluí– ¿Me estabas esperando?
– No – dijo secamente –Llévate una de mis maletas.

De ese modo nos fuimos caminando hasta llegar a la estación de tren. Ya había estado en muchas antes, pero todas para pasar la noche durmiendo en una banca. Ahora simplemente pasé jugar un rol diferente.

– ¿Ya habías viajado en un tren? –preguntó mientras esperábamos el susodicho.
– Técnicamente, de Surrey para acá.

Las personas me miraban muy raro, supuse que no estaban acostumbrados a ver mujeres con cosplays de animes.

– No la conozco– les contestaba Kevin alejándose cada vez un poco mas –En serio no la conozco, es una extraña.

Ya me encontraba perturbada y con ganas de sacarle la ignorancia de una cultura muy diferente. Sin embargo tenía mi rostro semi volteado y con la boca abierta cuando éste me aventó su chamarra en la cara.

– Por lo menos para que no te reconozcan.

De inmediato me la quité y se la regresé. Me la volvió a aventar y esta vez me contestó:

– Quédatela, hace algo de frio.

Pensaba responderle con un “gracias” pero en ese mismo momento llegó nuestro tren y tuvimos que subir. Así después volvió el silencio, yo me entretenía moviendo los pies y tarareando esa dulce y lenta melodía sin nombre.

– ¿Es de alguna de tus caricaturas extrañas?
– No me lo creerás, pero no lo sé.
– Eres tan distraída que no lo sabes.
– No exactamente, sino que desde anoche no puedo parar de tararearla.
– Desde que te conozco Miller, te he considerado rara.

“Vino a mi mente “Piensa lo que quieras, mientras pienses en mí”

– ¿De qué te ríes? – preguntó por primera vez en mucho tiempo mirando directo a mis ojos. – ¡PARA, asustas!
– Lo siento – me puse una mano en mi boca, y después de todo no me pude seguir conteniendo. Y no siendo mi intención, finalmente le contagié algo de alegría verdadera, sin sarcasmo – Te ves muy lindo sonriendo. –le comenté. Kevin lo tomó como si dijera lo contrario, endureció su semblante.
– ¡Hola! – sonó al lado del pasillo.

La propietaria del saludo era mas ni menos que una de las muchas que babeaban por Kevin, mucho mayor que él y que yo, pero ella todavía buscaba la oportunidad de entrar en el corazón del chico de ojos verdes.

– Ah –como no queriendo me miró de reojo aguantándose las ganas de burlarse de mi apariencia –Hola, ¿Cómo te llamas? ¡Ah, si! Annette Miller.
– Hola, Megan –le respondí– Un gusto verte.
– También es un gusto – cerró sus ojos supuestamente sonriendo totalmente– Kevin –revoleteó aún parada y jalando el brazo de éste –Tengo tanto que decirte...–otra vez viéndome –… A solas, por supuesto.

Estaba segura, y sin mirar la reacción de mi primo que él se quitaría la bufanda que traía por la sangre que le corría del coraje de tener que soportarla.

– Ve al baño –me contestó en un instante– Anda, que ni Megan ni yo tenemos tu tiempo.

Crucé los brazos pretendiendo haber escuchador mal, pues no creía lo que acababa de salir de su boca, después de tantos chismes sobre todas las personas en Shamley Green, a quién era la más bonita, la más buena niña, la más inteligente, bla bla bla, y Megan ganaba el puesto a la mas lambiscona. Y con creces llevaba ese título.

– Oye, te lo digo de la mejor manera posible, deberías ir al baño pues observo que tú no fuiste capaz al levantarte de mirarte al espejo y ver que garras llevas puestas. Tal vez si te miras, puedas recapacitar.

No me hallaba enojada, hasta eso estaba acostumbrada a gente de su tipo, a lo que no era dejarme denigrar más de la cuenta, por lo tanto me fui antes de que volvieran a correrme. No volví a encontrarme con ninguna de sus caras. Me fui por el pasillo pasando por varios vagones.

Cuanto más me alejaba, menos gente había en los ya mencionados, cuando pensaba en no hallar a nadie en ellos, no volví a ver la luz probablemente fue por el tren que pasaba por un túnel. Deseaba gritar o por lo menos correr, la oscuridad y yo, no nos llevábamos. Así que cerré los ojos y ahí mismo me senté en el suelo. Después por si sola la melodía que seguía sin nombre y autor, sonaba en mi cabeza.

– Te vas a arruinar el tutu – me dijeron dos voces.

Así que abrí los ojos, y me encontré en un vagón sin mucha luz, la suficiente como para ver a medias los rostros de esas personas ya que tenían persianas las ventanas. Ellos parecían ser los únicos allí.

– Me podrían decir dónde está el baño –me atreví a preguntar todavía en el suelo.
– Falta poco para que lleguemos a Surrey. –contestó al parecer una chica rubia leyendo un periódico.
– Levántate, y no es una sugerencia. –dijo el chico igualmente rubio, ellos dos parecían ser mellizos.
– Disculpen –me levanté de un salto –Yo tan solo iba al baño y al parecer me perdí, les agradecería que me dieran informes.
– Soy Zoey y él es Ethan…–siguieron ignorándome.
– Un gusto en conocerlos, chicos.
– Puedes sentarte “chica”. –dijo el supuesto Ethan.

Suspiré y lo volví a hacer hasta que salió un bostezo. Al momento de llegar a la puerta que me dejaba salir del vagón, me di cuenta que tenia seguro y comencé a preocuparme.

– Has esperado un año y no puedes esperar un poco más. – no reconocí la voz pero quise correr.
– Oigan vengo con mi primo y necesito verlo.
– Está bien –afirmó la rubia, no distinguía si era sincera. –Ve con él.

No corrí cuando abrieron la puerta sino que caminé tranquilamente sin girar atrás. Llegué sentándome al lado del asiento donde Kevin estaba. No lo dudé un medio de segundo, recargué mi cabeza en su hombro y le pedí que no dijera nada. Solamente quería descansar un ratito. Y ese rato se convirtió en todo el recorrido en el tren.

– Niña, ya llegamos. –avisó

Estirando los brazos y sonriendo fue como me despertó, yo le ayudé con dos de sus maletas, no obstante al parecer había cambiado algo:

– ¡Eres una debilucha! Supongo que no has comido bien ¿verdad?, dame mis –enfatizó la palabra– maletas, no quiero que las toques.
– Yo sólo quería ayudar.
– No ayudes al menos que lo hagas bien –comentó burlándose con el tono inocentón con el que le contesté.

Estuvimos hablando de otras cosas, como nunca, él tenia muchas ganas de pelear verbalmente pero yo no. Igualmente lo ignoré cuantas veces pude, hasta que salimos a una calle llena de personas, aquella era una ciudad tremendamente poblada y él con su rubio cabello alborotado –no podía evitar verlo- me advirtió que me quedara en donde estaba mientras buscaba a alguien.

Bien, no fue exactamente lo que hice. Fui a una pared a recargarme inquietamente estando de pie. Mi vista se perdía entre tantas personas que pasaban, luego entre todas esas una movía su mano de un lado a otro saludándome, era aquella rubia del tren: Zoey.

Sentía la sensación de dar de reversa y alejarme. Justo hubiera hecho un ademan, pero sentí una fuerte mano que sujetaba la mía.

– ¡Peter! – repetí al conectar mi mirada con la suya – ¿Qué haces aquí?
– Soy un cazador de tesoros, ya me tocaba estar por aquí.
– Vaya, yo estoy esperando a mi primo, a un viejo amigo… y a ti.
– Ya veo…–
– Antes que digas algo mas –me puse frente a frente – Verdad o castigo ¿Cuál escoges?

Se quitó los lentes de sol innecesarios y continuó sin expresión en el rostro:

– Elijo castigo-
– Ya dijiste, tal vez te arrepientas.

Es difícil de explicar, mi corazón y mi razón anhelaba hacerlo, estrecharme contra él, dejar que mis brazos lo abrazaran y quedarme quieta sin decir nada por lo menos en un pestañeo.

– No lo vuelvas a hacer, Anne.

Nuevamente después de tanto tiempo, ese ruido en mi pecho salió a brote. De su voz mi nombre se convertía en uno especial, dejaba de ser del montón.

– Tenemos que hablar… – repetimos los dos al mismo tiempo.

Yo me quede callada, él dijo algo que me sorprendió:

– Ethan, es hora de irnos dile a Zoey.
– ¿Tú los conoces?
– Somos compañeros. –batalló en terminar la frase. –Espero que no te hallan asustado.
– Esos dos son simpáticos –mentí fríamente.

Transformó todo lo que le envolvía, al fin pareció relajado y cómodo, a pesar de que su vestimenta lucía muy diferente a la última vez.

– ¿Cuántos años tienes? –le cuestioné con curiosidad al tanto me guiaba.
– No es relevante, la edad no importa. Ahora bien, me podrías explicar ¿Por qué traes el cabello rosa?
– Imito a Yunuki.
– Claro, una explicación como esa no tiene comparación. –pudo haber sido dicho con doble sentido pero lo pronuncio tan serio, que me lo creí.

Y olvidando la mayoría del pasado, quise decirle que tenia que seguir esperando a mi primo y luego a mi amigo.

– Cierra los ojos. –me pidió amablemente.

Éste se puso detrás de mí y me tapó los ojos.

– Ten, es para ti.

Enfrente de mí se encontraban en sus manos unas hermosas y frescas flores blancas, pocas pero cada una diferente, no las distinguía, Peter continuaba atrás y desde allí me susurró en el oído:

– Felices dieciséis, no sabes cuánto he deseado que ocurriera este día.

Y me quitó mi peluca rosa y soltó mi cabello en un jalón. Por un momento fue bonito y de color rosa pastel…

COMENTARIOS PERSONALES: Con amor a mi Padre



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¿Y si digo que volví…? Alguna vez lo dije y lo repito: el tiempo sin duda pasa a gran velocidad. No estoy precisamente segura que hay...