lunes, 18 de abril de 2011

Espejito, espejito ¿Quién es la mas bonita en este reino?



Has visto tu reflejo, sí, una y otra vez, ¿Cuántas veces exactamente? Vaya, así que realmente te importa qué hay ahí. ¡Sólo es una pesada máscara! Piensas con un puño apretado: la cual se ha encargado en esconder tu verdadero ser por mucho tiempo.

Pero no te gusta lo que eres, claro, a nadie le gustaría ser tú, feíta, gordita, bajita, cabello encrespado… un sinfín de defectos.

Lo peor, es que tus hermanas son lo contrario, tus primas igual, ni se diga tus amigas. ¿Qué es lo que soy?, ni tú misma lo ves ¿verdad?

Con los dedos de tus manos puedes contar las escasas veces de toda tu existencia que te han dicho “guapa”. Suena tan desabrido, como cuando piensas en las calorías que has comido.

Sueñas desde pequeña en que tu vida sea el cuento del “patito feo”; pero ¿a quién engañas? Te enojas con tu padre cuando ves la tapa del baño arriba, o cuando la bolsa del cereal la dejan abierta ¡Puff, me recuerdas a Hulk! Já. Nuevamente tu despreciable hipocresía, llegaste a pensar “Fíjense en mi interior, eso es lo importa” pero dime, hoy hablaste mal de tu mejor amiga, destrozaste con la mirada a las arpías de las chicas populares. Y no es todo, estás enamorada del chico más guapo de tu escuela. A los pobres feos les tienes lastima.

¡Ahh! Recuerdas que hace unas noches pensaste en que una estrella de Hollywood se iba a enamorar de ti, grata sensación que poco duro, pues al día siguiente en Yahoo respuestas cuestionaste acerca de tu sueños, fue un tema destacado donde decían que la mayoría de varones no creían en ese tipo de amor, que les importaba más un cuerpo voluptuoso para tener un buen sexo. Tu corazón débil al fin se destrozó. Tienes tanta impotencia, “este horrible mundo que solo se fija en el exterior”

Y es ahí cuando se te viene a la mente la frase que te dijo tu novio cibernético. Te estás riendo, tu risa es completamente desagradable, sueltas otra sonrisilla.

 Siempre es lo mismo, jamás cambiara. Mamá te lo repitió desde que supo que había criado a una niña de cabello esponjado, de color deslavado y la cual su himno era voy a traer el pelo suelto, y la mayor fan de la bella y la bestia. El lema de tu familia: No hay mujer fea, ni belleza extraña, solo existe mujer pobre. Tal vez por eso la mitad de ellas se han hecho una cirugía plástica, pero al final es solo eso, plástico…

Meditas un segundo, tu madre es más delgada que tú, pero después de eso si tuviera cien kilos de más la seguirías amando, ¿o no? Ella te amamanto sin pensar en que si eras hecha para ser una chica mona y rica. Tu padre ha sido tan estricto, que crees que a tus espaldas le dicen ogro; y sin embargo, lo amas tal cual es.

 Y cuando te enteraste que tu cuñado le puso el cuerno a tu hermosa hermana, disculpa, pero jamás pensaste acerca de que la había dejado por fea ni en cuan guapo fue el mujeriego de ojos azules y sinvergüenza. Ha brotado una lágrima que recorre tu rostro, salió por encima de tus ojeras y pecas. Nunca habías sentido y visto en el espejo algo tan sincero y puro dentro de ti

¿Será que en ti hay alguna otra belleza junto a tus hermosas lágrimas?
domingo, 10 de abril de 2011

Zulidor: Capitulo 4

“El arcoíris es mi color”

Estás fingiendo decir la verdad y estás cegado por cubrir la verdad cientos de veces, por lo menos eres tú, únicamente tú, así que mírame correctamente. En este mundo eres tú, con nuestra esperanza de apreciar ese lugar especial…. No lo sabes, soy un poco diferente, un poco; mi color es el arcoíris.

*¨EDITANDO* Por mientras sí no has leído el prólogo te lo recomiendo o los anteriores capítulos.

Espera pacientemente y cuando menos lo esperes ya tendré subido con correcciones y con coherencia a los capítulos previos^^ Si deseas puedes dejarme un comentario.

LEE PRÓLOGO AQUÍ

viernes, 8 de abril de 2011

Relato Concurso (2)


WHEN I SEE YOUR FACE

Escrito por: Marlen

Viñeta estilo One-Shot
¿Por qué escogió la canción “Just the way you are”?
Con el permiso de Briana escogi la canción Just the way you are de Bruno Mars. Esta canción me gusto mucho por que en primera es hermosa y en segunda da un mensaje. Creo que eso es lo que capte yo y con lo cual me inspire. En respuesta debemos aceptarnos tal cual somos.



Si quieres leer la letra y el video clic aquí.

Estoy parada justo en mi habitación, delante del espejo. Nada de lo que veo me gusta. Y se muy bien que a nadie también.

Mis ojos son muy grandes, y separados en realidad. Mis labios no combinan con la estructura de mi rostro ¿Que decir de mi nariz? Parece sacada de un dibujo animado. Mis caderas son pequeñas, el trasero desapareció. Mi busto sólo es un bulto que cubre mi delantera. El cabello que sale de mi cabeza es un enjambre de rebeldía... Lo odio.

— ¿Que te pasa?— Pregunta Iker sentado desde la orilla de mi cama.

Iker es mi mejor amigo. Siempre lo ha sido. Nosotros nos conocimos cuando un patán se burlo de mí y él me defendió como todo un caballero. Desde ese momento me he sentido mas feliz por su compañía, pero se que algo me falta, ese algo que me complementaria y por fin lograría ser feliz REALMENTE.


Se que él me conoce. Él sabe como soy. Tengo que desahogarme con alguien. Iker es el indicado.

—No soy feliz— Dejo salir las palabras. Iker se inclina hacia delante en mi cama. Los resortes rechinan por su peso, pero el ruido es lo menos que me importa.

— ¿Que dices?— Él me mira desconcertado, aun no esta muy convencido de que he sido capaz de revelar aquello.

—Ya lo dije, no me hagas volver a repetirlo. Es doloroso.

Iker tira las revistas que yacen a su costado derecho, luego con su mano izquierda me indica que me siente junto a él. Yo niego con la cabeza a su petición, no puedo acercarme a él. La cama es el último lugar al que me acercaría ahora. Pero para Iker un NO... No es una respuesta valida, así que se levanta y camina hacia mí.

Él toma mi mano y me arrastra junto a sus pies. Yo lucho por escapar, sin embargo se que es inútil, pues Iker me gana en fuerza.

— ¡Suéltame!— Le imploro. Se que es saliva en vano.

—Tenemos que hablar. Lo necesitas.

—De acuerdo— Accedo a su petición. Ahora se que puedo confiar en él.
Iker

No se que esta mal con Barbará ¿Por que dice esas cosas? Ella sabe que me lastima.

Como puedo la traigo a rastras junto a mí para poder platicar. Necesito saber que esta mal. Quiero saber por que no es feliz si me tiene a mí. Me tiene a mí, pero creo que ella no lo valora del todo.

—Dímelo— Suelto las palabras.

Barbará se jala la blusa hasta mas abajo de lo que le permite su elástico. Luego muerde su labio inferior y truena sus dedos, creo que ella esta lista para hablar.

—No quiero vivir— Presiona sus manos en su cabeza y una lagrima resbala por su mejilla. Ella se la limpia con la parte interna de su palma y después coloca sus manos en los bolsillos de su pantalón.

— ¿Por que?— Solamente digo.

Las palabras lastiman muy adentro. Cavan profundo haciendo un corte irregular justo en mi corazón. Mi corazón esta deshecho.

— ¿Que no me ves?— Claro que la veo. Ella no pasa desapercibida ante mis ojos. Barbará es hermosa.

— Si, te veo— Respondo tomando sus manos desde donde las tiene escondidas.

Acerco mi rostro hasta donde se me es permitido. No quiero asustarla. Una confesión se acerca, sin embargo estoy preparado al rechazo.

When I see your face there's not a thing that I would change cause you're amazing... Just the way you are.

— ¡Eso es mentira!— Grita y suelta mi agarre.

Ella se levanta de prisa de la cama y se acerca de nuevo al espejo. Su reflejo, digno reflejo de lo que ella es. Barbará se aleja de él, agacha su cabeza y golpea con fuerza el espejo destruyéndolo, haciendo un corte en su muñeca. Yo la miro encolerizado.
¿Por qué ha hecho eso?
Barbará entonces sólo produce lágrimas que salen de sus ojos tristes y mira la sangre que brota de su brazo izquierdo. Ella se tira vencida al suelo y yo me lanzo a alcanzarla.¡

Barbará

¿Qué he hecho?
Miró la sangre brotar. Estoy hipnotizada. Es roja y se que si la pruebo sabrá a metal. Hierro, dice mi mente.
Iker me toma entre sus brazos y deja sobre la cama. Ahora la colcha estará sucia por mí. Hago una mueca por el disgusto y cierro mis ojos.

— ¿Por qué lo hiciste?— Susurra Iker en mi oído derecho. Yo sólo me hago bolita sobre la cama. No quiero oír sus reclamos.

Iker se levanta y va hacia mi baño. Abre el espejo que se encuentra sobre el lavabo y saca unas vendas, alcohol y unos algodones para limpiar. Se tira en el piso, aun lado de mí y abre el alcohol. El aroma penetra en mi nariz, me reconforta.
—No me agrada lo que veo en el— Aclaro sin mirar sus ojos.

— ¿Y que es lo que ves?— Pregunta sin ninguna intención de lastimarme.

Iker comienza a limpiar el corte con un algodón bañado en alcohol. Arde, pero lo soporto. Se que fue mi culpa.

—Pienso que así como soy… Nadie me querrá—Le susurro despacio, luego me suelto a llorar.

Él comienza a enrollar muy despacio la venda sobre mi muñeca. Iker es perfecto. Sin embargo yo se que sólo seremos amigos. Mejores amigos.

— ¡Eso es mentira!— Iker me grita, repitiendo cada una de mis palabras— Tu eres increíble Barbará, no te menosprecies.
Él termina de curarme.
Si tan sólo alguien como tu me quisiera…
Pero soy una perdedora. Nunca nadie me querrá… Mucho menos él.


Iker

Tengo la intención de abrazarla. Es el momento, yo lo se.
Cuantos pensamientos revolotean y yo…

— Barbará— Las palabras se terminan.

Me inclino un poco más, necesito reducir el espacio que nos separa. Ella al fin me mira a los ojos. Me arrodillo y toco con mi mano derecha su mejilla, se siente muy suave al tacto. Ella me sonríe. Barbará es perfecta.

—Iker… Yo lo siento— Confiesa. Yo la perdono con un asentamiento de cabeza.
—No es necesario que lo menciones, sólo fue un accidente ¿De acuerdo?— Aclaro.
—Aun así— Menciona— No estuvo bien… Soy una tonta.

Barbará golpea con su palma sana a su frente. No me gusta que se haga daño. Creo que es suficiente. Ella necesita saber lo que esta sucediendo en mi mente y en mi corazón.

—Debo confesarte algo…— Comienzo a decirle, pero ella me interrumpe sentándose en la cama y rompiendo la conexión de nuestra mirada.
— ¿Qué?— Sólo pregunta, sin embargo yo me acobardo.
—Nada, olvídalo. Sólo recuerda que no te sientas menos. Eres perfecta tal y como eres— Respondo sintiéndome el idiota mas grande del mundo.

¿Por qué no pude hacerlo?
Entonces la puerta de la entrada suena… La madre de Barbará ha llegado temprano. Ahora necesitamos un pretexto para cubrir lo que sucedió con su muñeca. Yo la salvare, de nuevo.
La madre de Barbará nos cree. Ella piensa que su hija se quemo planchándome una camisa.
¡Que ingenua!
Barbará no sabe planchar. Quizás eso hace más creíble todo. Una amiga ayuda a un amigo, tal como yo lo hago.
Y es hora de irme a casa. Mi madre me espera para la cena.
Pero antes de irme una idea fugaz cruza por mi mente. Creo haber pensado algo increíble. Ahora se que ella muy pronto lo sabrá.
Esta noche, pienso.

— Deja tu ventana abierta esta noche. — Le susurro al oído muy despacio antes de marcharme.

Barbará
Estoy impaciente y no se por que. Nunca antes lo he estado cuando Iker viene a casa. Es como otra tarde, lo se. Simplemente unas cuantas horas después y con mis padres en ella.
Oigo un ruido y se que es él. Puedo sentirlo.

— ¿Puedo pasar?— Se delata con su voz.
—Claro— Le respondo.
—Sólo he venido por que simplemente no me puedo callar más… Te amo Barbará— Me revela Iker y una chispa de mi asombro hace que el se acerque y me bese.

Sus labios tocan mis labios, sus manos toman mis manos y nuestra mirada hace conexión. Después él me dirige hacia él sillón que se encuentra en mi habitación. Yo aun no puedo comprenderlo.

—He estado tratando de decirte esto toda la tarde, pero no tuve el valor… Perdóname— Menciona y yo sólo coloco un dedo sobre los labios que me besaron.
—No hagas esto solo por que te confesé que soy infeliz. No soportaría que me mintieras solo para que no sufra— De nuevos las lagrimas acompañan a mi mirada.
— ¿Acaso me crees capaz de alguna bajeza como esa?— Aclara. Y Claro que no. Él vale mucho, simplemente no comprendo por que me eligió a mí. Existiendo mujeres hermosas ¿Por qué Iker piensa que me ama a mi?

— ¿Por qué yo?— Agrego con melancolía. Sólo quiero oír la respuesta.

—Te repetire lo mismo que te dije en la tarde hasta que me canse: When I see your face there's not a thing that I would change cause you're amazing... Just the way you are. Por eso te amo. Tu eres grandiosa Barbará. Yo nunca te cambiaria por otra persona. Soy feliz a tu lado.

—Yo también Iker. Pensé que necesitaba algo más, pero ahora que me doy cuenta… Tú eres ese algo que me complementa. Y creo que… Yo también te amo.
Otro beso se resbala y se que ahora soy feliz. Soy feliz REALMENTE.


viernes, 1 de abril de 2011

Stay With Me (2)

Esta es mi trágica historia, simplemente me destrozaron el corazón. Todavía no puedo borrarte. Sigo pensando en ti. Quiero verte y eso es tan malo. El sonido de la lluvia que golpea la ventana en mi corazón. ¿Por qué peleamos? ¿Por qué nos gusta esto? Tonta, ¿no sabes que lo único que necesito eres tú?
 0330, U-KISS



Ella: Cada día que pasa me doy cuenta que es peculiar como una hoja que cae del árbol en otoño. Lo he visto mientras no se da cuenta. Si tan sólo pudieras ver sus flamantes y diminutos ojos verdes. Cuando lo veo, siento un vuelco en el corazón. Mi meta antes de irme es hacerle sonreír. Él siente que soy poca cosa, yo lo sé y no se equivoca. Me ha ignorado desde hace semanas. Pero no importa; desde que lo supe, no he querido hacerlo. ¡Perdóname, no puedo!

Él: No me había atrevido a preguntarle a alguien el nombre de aquella chica cuyo constante pensamiento crecía dentro de mi cabeza. Desde hace 6 semanas me niego a dejarme guiar por el tonto sentimiento que invade mi esencia cuando la veo.

– ¿Tú qué opinas? –preguntó el chef ejecutivo.
– Es tan infantil. –le contesté fríamente a mi subalterno, viendo la frustrante cara de dolor de la chef Pâtissier.
– ¿Entonces? –repitieron los dos al unisonó, pero con un fin diferente.
– Sus sentimientos los deben dejar fuera de esto. Mientras nuestro bolsillo no se vea afectado, no existe inconveniente para mí.
– Eres de lo peor ¡Yo renuncio! –gritó la chica, aventando su largo mandil y desabotonando su filipina negra.
– ¿No vas a hacer nada? –bromeó mi compinche en el trabajo.
– Muchos aventurados se atreven a seguir un nublado camino, y los fracasados se regresan por donde vinieron.

Él se rió, yo no tenía ganas de aquello; lo fulminé con la mirada. Después de todo, era una ridiculez que yo defendiera a la chica porque el chef ejecutivo la hubiera insultado y esta lo culpaba a que no cumpliera mis órdenes.
Quede en calidad de satisfecho en mi expansiva oficina, recargándome en mi silla al irse los tipejos. Sólo que me hallaba, solitario. Sin nadie.

No me dejaría llevar por las emociones, eso era de gente debilucha. Como era de esperarse preferí encontrar solución de quien reemplazaría el puesto de la chef. Urgente quería tener a alguien que fuera capaz de aguantar la carga mientras conseguía a otro sujeto de planta. Por lo tanto, no perdería a clientes. Así que salí para preguntarles hipócritamente a los comensales si todo se hallaba bien y si necesitaban algo que no fuera un postre.

No soporte tanta doble cara.

Extraño, pues aunque era muy quisquilloso en la mayoría de mi complejo, había aprendido por azares de la vida, a ser tal como soy, nada de hipocresías o compasión. Y si, detestaba, aborrecía, despreciaba el 90% de la sociedad del mezquino mundo; pero se debía a que no conocía el otro 10%, empezaba a creer que ahí estaba presente la chica de mis pensamientos ¿Pero qué estupidez más grande?

Fui al baño de caballeros a refrescar mi agraciado rostro. Me miré en el espejo de marco color oro; el reflejo concibió por primera vez que un corazón solitario puede tener dentro una revolución de emociones por cierta persona de la cual no se conocía nada.
Solamente el saber que existía me gratificaba, pero por otro lado me recordaba que todo se volvería espantoso. Acabaría en la tragedia si seguía a mi corazón.

Cabizbajo puse mis manos en el lavamanos, cuando regresé a la normalidad ella salía frotándose sus rojizos ojos de la caseta de un baño. En mi espacio.

– Este es el baño de caballeros–le señalé. Por primera vez tuve la razón contra ella.
– Me equivoqué –murmuró con voz quebrada y probablemente maldiciéndose por la tontería. – Lo siento, si quieres puedo limpiar la suciedad ya que estoy aquí.

Esa chica evitaba mi vista, omitiendo mi sobresaliente existencia. Rápidamente llegó con su equipo de limpieza. Pasando de un lado para el otro como un saltamontes.

– Deja de fingir –la atrapé cuando esparcía desinfectante. Yo me hallaba atrás mirando como hacia su trabajo con pasión.

Esperé su respuesta, pero no lo hizo. Esto me desquiciaba más que nada en el mundo por lo que la jalé de un brazo y le exigí algo que ni yo entendía: “mírame”. Enfrente de mí y no me echaba un vistazo. Sus ojos fijos al piso.

– En primera estás pisándome el pie– perdí cuantas veces me ha dejado como un idiota –Hago mi trabajo – se zafó de mí y siguió haciendo de las suyas.
– Soy tu jefe deberías tratarme con más respeto sí quieres conservar este empleo –
– O si no me despedirás igual que a Ciara, ¿o no?
– ¿Con que así se llamaba la chica? Bueno, ella se lo ganó– prepotente, de esa forma lo dije. Quería demostrarle que yo era el que mandaba.
– Así se llama, aún está viva. ¿Te puedo pedir un favor?  Vete para que termine de limpiar pronto. Mi medio turno termina a medio día y quiero dejar todo bien antes de irme.

Salí con la impresión de haberla tenido cerca de mí, pero ni así me miró. Ella suele mantener la vista baja. Y cuando la alza, tiene unos mechones largos que le tapan el rostro. De pronto me obligué a olvidarme de ella. Esto no podía consumirse.

Su cabello largo y sumamente lacio, esos mechones despeinados que le cubren la cara, esas uñas pintadas de verde pistache a juego con su calzado deportivo, y el listón que usa como diadema, es clara la señal. Unos años menor que yo. Si todo se descarrilaba pudiera yo aparecer, el flamante socialité Alexander, en primera plana en un periódico por acosar a una empleada menor de edad.

No, ella era tan poca cosa para mí. Es comparable con un bonito animalito pero insignificante a la vez.

Tenia a favor que no le agradaba, entonces trabajaría para que me odiara. Le daría mi peor trato; aunque no me gustara. La dejaré de molestar, para que tenga la guardia baja y luego la despediré sin piedad.




Como no era la hora pico la mayoría se iban a comer pues estaba prohibido consumir de nuestros alimentos. Y ahí fue cuando inicié con lo que tramaba. ¿Por qué no buscar más trabajo para ella?

Por la puerta trasera iban saliendo cuando le grité a unos de los garroteros de meseros que le dijera que ella no podía ir. Puso esa linda cara de asombro, y fue corriendo a los baños. Yo caminaba triunfante detrás de ella.

Sacó de la nada, y con un pulso inestable unos audífonos. Antes de que se los pusiera una lavaplatos gritó su nombre: Suzy. La noté pálida y sus movimientos eran bruscos. Acercándome con las manos en los bolsillos, le quité un audífono de la oreja para asegurarle:

– Debiste hacer bien tu trabajo. –me salió una voz dura, probablemente le di miedo.
– Si, debí pero está bien después de esto me voy–increíble, Suzy no me dirigió unas palabras despectivas; es más, pareciera que me lo decía como su viejo amigo de la infancia.

Cuando vi que se frotaba la cara igual que una niña frustrada y suspiraba para buscar alivio. No logré resistirlo. De repente ya habían salido las palabras que no quería decir.

– ¿Suzy qué te gusta de comer?
– Ahora que sabes mi nombre podrás maldecirme correctamente. – ¿Bromeó? Lo suponía, ya que lo replicó sin subir de tono y con leves curvas en las comisuras de sus labios.


La chica trabajaba rápido, cuando menos estuve presente ella se despidió. Y para mi fortuna ya era hora de su salida. Lo tomé como un juego a las escondidas, la encontraría. No anhelaba ser su acosador pero por lo menos esto me conformaba. Además no estaba de menos después de años sin un día entre semana libre dármelo ya que nadie lo ofrecía.

Desde los encargados de la limpieza hasta el chef ejecutivo comían cerca. Su paladar no era selecto ni disgustaba de los sabores más grandiosos como el mío. Supuse que irían a un restaurante de comida rápida. No tarde en ver el carro del capitán de meseros entre el estacionamiento de un “Olive Garden”. Oculté mi mueca de victoria al momento que me vieron entrar. Se pararon de la mesa y comenzaron a balbucear falso gusto de verme.
Pero ella no estaba ahí, exigí que me dijeran donde estaba, apuntaron al centro comercial de enfrente y dijeron a unisonó: fuente de sodas.

Caminé apresurado, incluso como experiencia nueva choque con gente común, de inmediato me sacudía mi envidiable vestimenta. Hasta que vi en una esquina del enorme centro comercial con letras de neón “fuente de sodas”, tardaría mucho en encontrarla. ¿Pero qué me pico? Entraría a ese lugar lleno de máquinas de videojuegos, comida para gordos y música de fondo que repetía la misma frase en toda la canción, todo por una chica. Si, y ya tenía los pies firmes adentro.

Paso a paso, comprendí que esto no se repetiría. Desde luego que cumpliría mi objetivo, o eso creía, aunque algo en mí se retorciera.

No supe que pensar, adentro reinaba el sexo masculino, pero la mayoría eran niños jugando maquinitas de videojuegos. “¿Qué hace ella aquí?”. Suzy se hallaba jugando en una de “esas”, una de carros de carreras. Su tensa cara me aclaró que se tomaba en serio estar ahí pisando el acelerador. Me recargué en la pared un rato, observándola.

Cuando la vi dando ligeras patadas al aire por haber escuchado su fin y una tontísima canción de derrota, decidí probar e imitar su empeño en el juego virtual.

Saqué una de las tantas tarjetas de crédito que llevaba en mi cartera. Nada más anduve merodeando si alguien también traía tarjetas para jugar. Descubrí que todos metían monedas. Frustrante, las quise ir a cambiar allí mismo donde vendían palomitas, barras de chocolate, y miles de porquerías grasosas para gente como yo, y maravillas para los obesos.

Confronté con la señorita que atendía, pues no aceptó cambiármelas, debía comprar y no lo haría. Seguía defendiendo mi derecho de consumidor, la dejé balbuceando pues Suzy gritaba, y yo colapsé por dentro. Me espanté, realmente lo hice como un nuevo yo. Sin embargo me arrepentí, pues ella chillaba de felicidad. ¿Por qué a mí? Esta chica loca acabaría conmigo antes que yo con ella.
Mil veces insensata, despreocupada, chiquilla sin moral, pobre… y ahora me miraba. Desde hace mucho tiempo quise sonreír, más no lo hice, preferí dejarme llevar por su bella sonrisa que se fue desvaneciendo con mi aparición.

¿Por qué me estás ignorando? Escogió darles importancia a unos niños, pues al parecer consiguió un nuevo record. Luego se retiró de las maquinas de carreras a otra con flechas en el suelo, yo la seguí; tambaleaba su reluciente y largo cabello. Se estiró un poco, seleccionó algo en la pantalla y pisoteó unas el piso con luces. Me puse a su lado. Sabía que ella notó mi existencia pero continuaba bailando en esa máquina zarrapastrosa.

Mandé a un niño que me instruyera como se usaba, pero cuando vio que competiría con Suzy, me trató de convencer que ella era la Maestra. Debido a mi naturaleza testaruda, me importó un bledo. Esperé a que finalizara la primera ronda. Sonó mi teléfono móvil, los contesté y cuando pronunció una palabra la persona de la otra línea, le colgué.

– Ponle en fácil –dijo Suzy con una sonrisa que me reto aún más, cuando me pare a su lado en la máquina.
– Esto no está bien, eres demasiado jefe como para poder conmigo, y soportar la derrota. No me subestimes, soy la maestra del dance, dance revolution – sonaba tan “yo”, no me gustaba.
Me quité mi chaqueta y se la dejé a un pelafustán.
– ¡Oiga, no se vale, no soy su chacho!
– Ten –le di un billete de $ 100.
– ¿Qué canción quieres? –repitió sin creerse que yo estuviera compitiendo con ella.
– La más difícil.
– Bien, sí tú lo dices.

Exacto si yo lo digo se hace. Aunque no lo haya jugado en mi infancia le intentaría ganar a la reina; pero sería complicado. Antes de que comenzara, sonó mi teléfono; lo di como muerto.

La canción era demasiado rápida, y además tenías que brincar más de una vez. Suzy la tarareaba mientras yo me agitaba. No sé cómo pude zafarme la corbata. Al final, no soportaba una punzada en las rodillas, pudiera ser que se me salió el líquido sinovial.
Ella picaba mis costillas, yo volteaba a ver a las flechas que había tocado en el suelo y tocando mis rodillas; hasta que se cansó de zarandearme y puso su rostro frente a mí. Por fin me atreví a quitarle uno de sus largos cabellos mientras los dos volvíamos a nuestra respectiva altura. Balbuceé pues quería exigirle algo cuando ella alzó sus manos. Sonreía a tal punto que sus ojos achocolatados se rasgaron y de sus mejillas surgieron unos lindos hoyuelos. ¿Qué intentaba decir? ¿Se daba por vencida?

– ¡Nuevo record! Eres bueno a pesar de tu edad.

Yo no estaba feliz y menos cuando regresó a canturrear la llamada de mi teléfono. Al verla todavía con las manos arriba se me ocurrió cuestionarle:

– ¿Por qué tienes las manos levantadas?

Su risa. Nunca había escuchado algo tan bonito.

– Choca las manos conmigo, hemos ganado.

Lo hice, y es de las pocas cosas significativas que no me arrepentiría. A partir de eso, anduvo guiándome por todo el lugar. Casi no hablamos, me dediqué a verla en todas sus facetas. No lo cambiaría por nada.

Luego se le antojó comprar un helado de vainilla, se lo iba a invitar, tontamente se me olvido pedir mi chaqueta al niño y al parecer huyó.

Me crucé de brazos en una mesa, antes ordené a un empleado que la desinfectara ante mis ojos. La vi acercarse con dos helados y otras chucherías. Como era habíamos pasado casi toda la tarde aquí, no le permití sentarse, le dije que era mejor que nos fuéramos. Luego me dio una de sus chucherías cafés.

– Toma, es para ti. Te lo mereces.
– ¿Qué es?
– Un pretzel. Estoy segura que no has probado cosa tan deliciosa en tu vida jefe. –exageró en exceso lo cual me causó gracia, pero no importó. Estuve consternado, Suzy me decía Jefe.
– En este momento no estás en tu turno.
– De acuerdo, Alex.
– ¡Agh! Alex, no, no me llames de esa horrible forma otra vez.
– Entonces puedo llamarte ¿Xander?
– Por algo Rose me puso como nombre Alexander, pero ten el favorable honor de llamarme Xander.

No respondo por esto, deseaba que ella preguntara por Rose, eso significaría que le importaba conocer de mi vida. Nuevamente sonó el insistente teléfono.

– ¡¿Qué?! – respondí furioso la llamada, pare de caminar para tomar el auto.
– ¿En dónde estás? Te fuiste sin decir nada, deberías estar en la oficina de tu abuelo, y nada– se quejó la mujer.
– Sabes mejor de mi vida que yo mismo, Rose. –
– ¡Ayy hijo! ¡Velo por tu bien! Dime la dirección en que estás para que pasé por ti.
– Estoy con una chica.
– ¿Qué?... –le colgué después de soltar la sorpresa a mi madre.

Nadie más que yo deseaba que no lo molestarán. Caminando, la vi por el rabillo de los ojos; aunque temblaba no dejaba de lamber su helado.

– No traigo mi chaqueta o si no te la daría. No puedo quitarme mi camisa y dártela. –no me excusé, me reclamé a mí mismo.
– Sería sexy ver esa nueva faceta tuya, Xander.

Eso, el hacerme ver como un tonto. Me transformé de color a un rojo. No haría aquello, pero si esto. Tiré lo que llevábamos en las manos. ¡Por primera y última la abracé fuertemente!, como si así pudiéramos aferrarnos mutuamente.

– Me gustas Alexander, aunque no lo quiera admitir. –confesó poniendo sus frágiles manos en mi espalda.

La apreté mas, pensé en que si Suzy pudiera gritar solo mi nombre entre la multitud, solo la miraría a ella, a nadie más. Me soltó poco a poco. “No lo hagas”. Colocó sus manos en mi camisa, jalándola poquito y escondiendo sus ojos.

– ¿Qué sucede? –le pregunté
– Yo…–bajó la cabeza, dio un paso atrás y se sobó las manos. –No puedo estar contigo.

Ciertamente no esperé una confesión deplorable. Yo sabia que Suzy no me gustaba, era algo más fuerte que las palabras. Me sacó de mis casillas que ella no fuera capaz de luchar por lo que deseaba, y más si todavía no comenzábamos algo.

– ¿Crees que yo, acabaría con alguien como tú? –me exalté– Nunca ha sucedido nada entre nosotros. Sólo eres una más del montón. Qué mal que te gusté pues tú a mí no –Claro que Suzy no me gustaba, eso jamás causaría este dolor.

Ella cabeceó levemente su cabeza. Al término, se sostuvo el mechón que siempre estorba su rostro; en sus ojos se notaba el sufrimiento. Fijó la vista, y pareciese que quisiera decirme miles de cosas. No capté que siempre ha tenido una cara de tristeza. ¿Asintió? No, era más como una respetuosa inclinación de cabeza.

– Fue bonito conocerte ─

Se dio la media vuelta, y se fue corriendo con destino desconocido. Su cabello brillante, largo y despeinado a comparación con las mujeres plásticas que lo matan con la plancha, se movía de lado a lado por su espalda baja. Suzy camina moviendo sus caderas, y como si corriera para alcanzar el cielo.
Aún si vivimos en mundos diferentes, si no pensamos lo mismo, y nunca la pueda tocar, Suzy sería aquella que recurrió a un grato sentimiento, para hacerme feliz por un instante.




Comentarios personales: Para ti de mí♥

Gracias a ti Aphro..

 

Gracias a Suck My Lolly Arreglos por Briana