martes, 23 de noviembre de 2010

Jamás seré cenicienta : 1~


Cuando el ocaso se acercaba, las burbujas que llegarían al cielo, se destrozaron y con ellas, la niña que más deseaba ser cenicienta y la cual que esperaba a su príncipe llegando en un corcel blanco.

CAPITULO 1 "Maldita mil veces"


Podría ser yo aquella chica de apariencia atractiva que anda cogida de la mano con su novio, o esa que está en la esquina gritando a todo pulmón su rigida conversación con su padre, o por lo menos la chica de mi lado que trae una trenza en el cabello y una bolsa transparente con un pez amarillo dentro; pero no soy ninguna de ellas.

– ¡Acelera el paso! – me ordena este chico de gafas oscuras, el cual no tengo la menor idea de cómo se osa llamar; él mismo me agarra del suéter y casi logra tirarme al suelo sino fuera porque le dije con voz tenue y relajada:
– Te miran, a mi tambien.

Se quita las gafas y por primera vez en todo el recorrido lo miro, como me tiene agarrada del antebrazo estoy bastante cerca como para olerlo, por supuesto que huele bien, es de brutos no darse cuenta de su posición ecónomica con ese traje de vestir totalmente negro y esos zapatos de piel.

En fin, alguien a primera vista podria pensar que es bastante pudiente, tal vez un buen hombre, ya que, cuando lo vi antes que nada me sonrío; para después amenazarme con una pistola para que lo siguiera. Tras a ese chocante recuerdo, y todavía quietos, le pisé fuertamente uno de sus zapatos, pues no me quería quedar con las ganas asentadas.

– No me puedes hacer nada, la gente de por aquí nos observa. –le incité lentamente

Él echo un reojo a sus zapatos, me volvió a jalar por el brazo fuertemente. No sospeché que debajo de esa apariencia de hombre delicado y de brillante elgancia se encontrara tanta fuerza.

Caminamos lo suficientemente rápido, que desafortunado fue el entorno que lo cubria los vientos de otoño y estos mismos hicieron volar mi gorra tejida que llevaba en el cabello. No me permitió ir por ella, quedó muy lejos, y éste tipo insistia que lo siguiera sin saber a donde.

Afortunadamente llegamos pronto a un desolado parque, -no tenia coherencia decir lo contrario pues viviamos en un sitio desplobado- Pensé que nos sentariamos y esperariamos a alguien, en lo último no andaba tan perdida, fue en un segundo cuando una camioneta “Van” nos esperaba. Pero esta vez él no me tuvo que forzar drasticamente que lo siguiera pues algo misterioso me llamaba, sólo me jaló ligeramente.

Abrió la puerta y ni un segundo pasó cuando me encontró con la vista él hombre que iba conduciendo y su copiloto, aquel que me llevó hasta ahí ni enterado se hallaba de que aún lo seguía. Cómo el primero, ellos tenían unas miradas bastante frias, y me hicieron desesperarme como si yo misma les quisiera aventar algo para que reaccionaran de ese ser tan helado, pues no parecía que conocieran la felicidad; yo misma la conocí en la buena epoca de mi vida… y la anhelaba de vuelta.

–Estaba más que seguro que traerías a un “él”, no a una “ella”. –Apuntando a donde me encontraba, repitió con los labios fruncidos el chico de la van. –Esto traerá muchos líos, Kim.

Kim, el chico con nombre de chica y el cual me había amenazado, tomó un enorme suspiro y dio unos ligueros pasos transcurriendo de mirar la acera en donde estaba parado con las manos en los bolsillos, a verme fijamente, así consecutivamente y acercándose más. De alguna manera me intimidaba pues se atrevió a tocar algo… de mí.

–En qué momento, que no me di cuenta te creció tanto el cabello y ahora eres mujer. – recitó encajándome su pistola en mis costillas.

Está bien, yo estaba enterada que él pensaban que yo era hombre al momento de conocernos. Cuando llegó preguntando por “creepy eyes” tomé mis precauciones en el departamento, conseguí un prestamo no informado por un par de pantalones demacrados, y sin más una sueter con capucha, además del gorro para cubrirme mi cabello. Cuando me vio supuse que creía que el apodo me quedaba pequeño pues yo parecia un chico muy femenino. Y lo demás fue pan comido, realmente ya no me importaba mucho.

Por lo que dejé que Kim hiciera lo que le apeteciera, levantando las manos como si fuera un criminal que se entregó.

– Esto no es un juego –me dijo volviendo a ponerse sus gafas y torciéndome uno de mis brazos. –
– ¿Así que tú eres a quien la mayoría de las personas le huyen? –Preguntó el copiloto de la camioneta en cuanto me subí.

Comenzaron los de enfrente a atiborrarme de preguntas que no hacian más que llenar ese apodo de los comentarios alagantes cuando fui esa chica, esa que mataba a quien me pidieran a cambio de comida.

– Ya no soy nadie, ni ella ni nadie.
– Qué más da. –comentó Kim –
A pocas cosas les llegué a tener miedo cuando era una niña, alguna de ellas fue que me dijeran que no era una princesa, por tonto que se escuchaba; sin embargo aún cuando ese “terror” parecía insignificante y tontísimo, los hombres para mí no eran un terror pues yo les daba miedo.
– ¿Por qué no llora o intenta gritar? ¡Hace que todo sea tan aburrido! –comentó el conductor de la camioneta a sus compañeros viéndome por el retrovisor arqueando una ceja y exagerando sus expresiones faciales.
– ¿Bryan? –preguntó al erguirse más en el asiento el chico con nombre de chica – ¿No te hemos dicho que intentes ser por una vez el malo-malo de la película?
– ¡Ahh! Kim casi llegamos no sigas con el regaño. Pero no sería mejor ¿qué le llames? Cuando la vea se llevara un infarto.
– No es la primera vez que tratamos con mujeres.
– Si, estoy consiente de eso Kim, hasta Nick lo sabe pero hay un enorme pero…
Me interesé en lo que posiblemente pudiera decir.
– Tal vez no lo hayas notado –medio susurró el conductor de la van –Pero la mayoría de las “chicas” que tratamos referente a “nuestros asuntos” no lucen como ella.
– ¿Tienes nombre? –cuestionó el copiloto, él que no dijo ni un pio y se le ocurrió preguntar cuando estacionó Bryan -sí, así se llamaba- la camioneta.
Pude negarme a contéstale pero su voz se escuchaba más relajada, aún que insistía, había algo en los ojos de esos chicos.
– Cuando era niña me solian llamar Mariet –les hablé pretendiendo contestarle amablemente…–Pero ustedes no me pueden decir así. –…solamente que no lo logré.
– Eres igual de ridicula que todas las mujeres. – dijo alguno de esos chicos.
Tal vez parezca cenicienta pero –pensé– no crean que soy igual a las demás chicas– les repetí viendo por la ventana polarizada– yo te puedo sacar los ojos–volví a pensar

La parte más extraña de mí era que adoraba la adrenalina, mi corazón latía tan rápido que si se llegaban a quedar en completo silencio pudieran escucharlo.

Los chicos de enfrente se bajaron, Kim igual, aprendí a seguirlo no obstante éste me dijo que me quedara. Yo medio le obedecí pues no era tan obvia para ponérmele al brinco. Me preparé ya que tenía mis sospechas.

– ¡Bájate! –ordenó – Pero ponte esto primero y tapate bien la cara. –era una bufanda.

Nuevamente le seguí la corriente, antes de que otra cosa sucediera me puse la capucha del suéter. Me pregunté entre todo ¿ellos no sabían disimular ni un poco? Ahora hasta Kim lucía con finta de no ser un chico bueno. Los tres se camuflajearon con cachuchas (piragua, gorro, bonete), diferentes tipos de lentes y unas sonrisas que querían salir de las comisuras de sus labios.
Entramos al parecer a un edificio, era muy grande, debía tener varios pisos. Todo parecía estar suficientemente abandonado y yo sentía estas tres personas a cada uno de mis lados. Yo ya me había cansado encima de uno de los primeros pisos cuando el chico que me preguntó mi nombre le susurró al oído a Kim, él asintió, y para esto yo dejé de caminar, yo tenía un orgullo que tal vez me podía meter en un gran aprieto, pero ya no aguantaba todo esto.

– ¿Qué realmente quieren de mí? – les dije relajadamente y sin verlos –Si es dinero, ¡No tengo!, si es que buscan el tipo de servicios que creo ¡no los doy!, si buscan a creepy eyes ¡ya no existe! –me quité la bufanda que me dieron.
Demasiado serios y neutrales, supuse que estaban acostumbrados a ese tipo de escenas en su vida.
– Ni uno ni otro – dijo alguno de ellos, los confundía visualmente. – ¿No deberías conocer primero los detalles y después quejarte?
– Puede ser.
– Por cierto somos tres hombres contra ti.
– También puede ser –les contesté –no estoy tan segura.
– De esto es lo que hablaba Kim –dijo el mismo tipo que condujo. – ¡Drama!, de todo lo que les rodea a las mujeres.
– ¡Cállate, Bryan! Ya llegamos.
– Ahora sí bienvenida su majestad. –replicó el chico rubio que llevaba unos grandes lentes transparentes cuando abrió la puerta del departamento –Es aquí su palacio. –
– Ven conmigo – me ordenó Kim pasando de largo.
Lo ignoré completamente y me revolví en mi suéter.
– Yo que tú lo seguía, sólo nosotros sabemos lo que es capaz de hacer.
– Tú tampoco me conoces, no sabes lo que he hecho y puedo hacer.
– ¿Entonces? –manifestó agarrando sus sienes – no me obligues a tomar medidas drásticas.
Lo acompañé por su recorrido en el solitario lugar, no habia más que cobijas y mantas por todo la alfombra y muchas bolsas de plastico.
– ¿Algún problema con la limpieza? –
– Ninguno. –le respondí
– Pues bien –entreabrió la puerta que por cierto rechinaba –Pasa.

No habia nadie como creí, solamente se hallaban unas cobijas dobladas en la cama. Ni siquiera habia una ventana y eso me asustó, por desgracia era lo que pensaba. Kim alcanzó a cerrar la puerta antes de que lo detuviera. Comencé a decirle que me abriera, a pegarle fuertemente con mis puños y mis piernas a la puerta.

– Ahora si puedes quejarte –se bufó detrás de la puerta.

“Ahh ¿Cómo pudiste caer?” No hice más drama y me rendi gritando por ultima vez. Me senté a lado de la puerta recargando la cabeza en ella.



Fueron dos, tres días, semanas, seguramente exagero pero desde el día que entré cada segundo se convertia en una eternidad. Me rugian mucho las tripas, no podia dormir bien, todo daba vueltas o ¿nada sucedía?. ¿Por qué la puerta no sé abrió en ningún momento? ¿Acaso ahí me quedaría para siempre?

No habia algo coherente que me ligara con ellos.

Sin tan solo recordara a mi familia, pudiera haber algo. Desde la última fiesta a la que fui, que fue la mia, el quinto aniversario de mi nacimiento todo cambió, igual que un giro de 180 º. Ahora mismo no importa puesto que un día de aquellos o de estos tuve que cumplir diecinueve o algo por el estilo.

De algún modo tenía que salir de ahí, por las buenas, o por las malas. A pesar de que afuera no había nada ni nadie que me esperaba, yo un día encontraría mi motivo.

– ¡¿Hay alguien ahí?! –acerque el oído a la puerta pues escuché pasos. –Necesito algo de comer – me queje
– Esto no es buffet –me contestó al parecer Bryan.
– Por favor ¿lo escuchas son mis tripas que me rugen? –aunque no se oía nada

Eso fue en verdad mi último contacto con alguien, en serio pasó mucho tiempo. Ya no podia seguir aguantandome el dormir, pues mi plan era que cuando alguien entrara intentar escapar pero habia dos opciones: la primera era que adivinaron que ese era mi plan, la segunda era que tenian camara; por lo mismo no entraron nunca.

Hasta que me rendí y decidi dormir bien todo lo que no pude al inicio. Para mi sorpresa amanecia con ropa –de pura casualidad de hombre- y comida que ni probé en cuanto pestañana para despertarme; no queria morirme de hambre pero era otro mi plan.
Y sin lugar tuvo que funcionar, y lo hizo.

– ¿Oye tú? –escuché aturdida una de sus voces
– Levántate –muy obediente lo hice aunque casi no pudiera–
– Kim, ya es muy tarde– le replicó una persona
– ¡Si lo sé! –gritó histérico, agarrándome de un brazo– pero no avisaron que iban a venir, hasta hoy.
– Ella no sé ve nada bien, va a pensar que le hicimos algo, realmente malo.
– ¡¿Y no es algo malo tenerla aquí en contra de su voluntad?!
– No es por apurarlos, pero ellos ya casi están aquí –
– ¡Oh! ¡Nick, ven aquí! –le exigió Kim al rubio. –Tú eres mejor en esto que yo, haz algo.
– ¿Yo por qué? ¡Mejor Bryan!

Ellos tres empezaron una disputa de palabras que si que iban a hacer conmigo, y yo ni voz ni voto. Por lo que me escabullí corriendo lo más rápido que pudiera para bajar las escaleras, fue demasiado pronto cuando sentí que me perseguían. Antes tuve un serio problema al toparme con la puerta pues no quería cooperar, alcancé a una nada a abrirla y a estrellársela a uno de ellos en la cara.

Me faltaban unos cinco escalones para llegar abajo, tenía experiencia en el pasado, y concluía que era mucho más veloz por lo que las salté, caí por lo que se dice hincada. Y dolió bastante.

Encima del dolor que ya no relucía con lo que enfrente de mis ojos se hallaba, pudo ser en ese segundo nada; dos pares de zapatos. Los primeros eran unos negros de un hombre y los segundos ¿unas zapatillas altas rosas?, los dos en exceso elegantes.

– ¡Hola! – saludo la dueña de aquellas zapatillas
Yo me queje cuando intenté moverme para irme muy lejos de esa chica y de todos. Ésta misma mujer reaccionó dando un par de pasitos para atrás cuando gemí.
– No te has dignado a mirar quienes somos – dijo opuestamente a su compañera un hombre con una voz masculina que me dio escalofríos. –en pocas palabras deberías voltear para arriba.
Pareció que me dijeron lo contrario y me congelé viendo el piso.

Esa chica, la divise, se puso de cuclillas para poder estar casi en mi misma posición. Hacia tiempo que no miraba a alguien así, por su completa apariencia. Podía decirse que era como una barbie sin embargo una llena de elegancia en su semblante puesto que no parecía ser tan plástica. Pues lo suyo era una belleza natural y con mucho rosa de por medio, además de una cabellera brillantemente rubia.

–Mi nombre es Annabelle, y soy tu hermanastra. –dijo sonriendo y cerrando los ojos.
Sospeché que iba a reaccionar de esa forma, como todos que no se dan cuenta de quien soy. Claro, sus palabras -o tipo de confesión- no fue nada y la ignoré.
– ¿No vas a decir nada hermanito?
– ¿Qué?
– Dije que…
– …Si te escuché, pero yo no soy tu hermanito.
– ¡Ven quiero darte un abrazo!
– ¡No me toques! –me alejé de ella lo más posible todavía sentada en el piso – ¡Soy mujer! Además que no tengo familia por lo tanto, tú no eres mi hermana.
– ¿Eres una mujer? – dijo sorprendida.
– Si, y tú también por si no te diste cuenta.
– Tú eres mi hermanastra, parte de mi familia. Por lo mismo te quiero presentar a mi prometido él es Shane… ¿y tú cómo te llamas?

No me percaté de que él se encontraba allí, por lo que no quise mirarlo en un instante, así que respiré profundamente para prepararme a ver al Ken de Barbie, pero en lugar de eso me hallé con él.

– Belle, ella es Mariet – dijo él mirándome fijamente.
– Shane pero no se puede mover, ¡te dije que tus guaruras no le hicieran nada!
– Tranquila, ahorita lo soluciono –marcó un número en su celular y no tuvieron que responderlo cuando ya estaban sus tres “guaruras” –¡Bryan, ven y arregla esto! –me dijo esto, se atrevió a hacerlo. –
– ¿Qué hago con ella?
– ¿Belle?
– Quiero que vaya a la casa con nosotros.
– Hazlo Bryan, sin fallas.
– ¿Cómo me la voy a llevar si no se puede mover?
– ¿Quieres que solucione todo? –contestó molesto pero sin levantar la voz, siguió contestándole pues en la cara de Bryan había muchas dudas – Llévatela cargando o lo que se te ocurra.


Y así fue… no quiero volver a revivir esto, ¿desde cuándo pasé de ser la princesa de cuento de hadas a ser la hermanastra de cenicienta?






With Love, 주 하나님

sábado, 16 de octubre de 2010

Erase una vez nosotros #5


CAPITULO 5
Un nuevo juego: El gato y el ratón


Bien, me daré la vuelta, te dejare ir como un hombre de verdad. Me quedare en silencio detrás de ti, sin molestarte, mirándote desde lejos sin que lo sepas, para que olvides completamente mi existencia. Pero sabes bien que no estoy renunciando a ti, todo seguirá igual en mi mundo, yo soy tu chico y tú mi chica. Así que no te preocupes cuando colapses y caigas, yo volveré.
2pm♥ -I'll be back



Solté un tremendo suspiro que emergía del fondo de mi alma; agradecida por el descanso pero triste por saber que eso jamás sería eterno, ni aunque fuéramos inmortales sucedería.

Íbamos caminando entre todas las calles anticuadas de esa tal ciudad, Surrey, hablando de nada y afortunadamente siempre juntos, no podía evitar sonreírle de vez en vez, ya que quería contagiarlo, parecía una roca… una linda, por cierto.

Desde el momento en que me dio esas cosas tan cursis -¡Perdón! no podía evitar aquel oso de peluche fuera de mi desagrado, aunque tenía ojos acosadores y coquetos que me causaban gracia-. Un momento, de regreso a mi pensamiento anterior; Anne, ósea yo, dije perdón. Algo…

–Ten cuidado– espetó Peter con voz grave sujetando el cuello de mi vestido, ya que parecía irme a en medio de la calle dónde los carro no iban lentamente.
–¡Oh! Me has salvado la vida ¿Cómo puedo recompensarte buen hombre? –comenté andando de reversa para verlo directo a la cara, pero éste miraba a otros lados, concluí que era tímido.
–Simplemente camina por una línea recta imaginaria – otra vez me jaló, antes de que tropezara con una ancianita en silla de ruedas, esta vez sentí la llamada vergüenza.
–¿A dónde vamos? – le pregunté viendo que aumentaba la velocidad en el paso, y observando como traía Zoey mis regalos.
–A casa– finalmente me miró, aunque fuera de reojo.
–Bueno, ha sido bonito el rencuentro, Peter. –moví mis manos de un lado al otro, hasta le di un manotazo en el hombro–… Pero tengo que volver, ¿Recuerdas que vengo de América? Tengo que ir a buscar a Kevin, mi primo, y luego encontrar a mi amigo Jim, así que…
–¿Bromeas? – cuestionó el rubio tóxico de Ethan, era buena memorizando nombres.
–No– dije parándome en seco entre el tumulto.
–Ustedes bromean, ¿verdad?

Ninguno de los tres me respondía, solamente Peter se regresó desde enfrente para jalarme del codo. Ese tipo de actitud que volcaba en los hombres en definitiva no me agradaba era como si yo quedara en la nada y fuera una inútil.

–¿Quién te crees que eres? –le pregunté crispada de la rabia, ahora me sentía como un animal que en cualquier momento saltaría a cazar a su enemigo.
–¿Y tú piensas que me gusta tratarte así? –susurraba él sin perder la calma, cuando volví a darme cuenta de lo frío de sus palabras que no encajaba con la suave mirada que me daba, me tranquilicé.

Yo pensé que ya nada nos unía, por tal, me quité el collar que supuestamente era de su bisabuelo, que logré conservar todos estos meses, así que al final tomé su mano y lo puse en ella.

–Debe estar en el lugar que pertenece, siempre fue tuyo, no mío. –le dije
–A ti te gustan los juegos. –cambió repentinamente de tema todavía con el collar en la mano.

Sorprendiéndome de nuevo, puso velozmente sus dos brazos un poco más abajo de mis hombros, si alguien miraba de una diferente perspectiva pereciera un abrazo, aunque no lo era. Recargó su cabeza en mi hombro delicadamente, desde otra nueva perspectiva parecía que me decía cosas lindas al oído ¿por qué? Pues yo sonreía como una tonta, no solía pasarme ese tipo de cosas y lo peor fue mi reacción, se me ocurrió poner mi mano en su cabeza para acariciar su suave cabello.

Suspiré para poder continuar a decirle con voz clara: “Si”.

–Eres un ratón– me apretó demasiado a él, supuse que sabía que iba a reventar hasta enloquecer.

Era tanta la presión que tenía, que casi no respiraba, y lo que le decía salía muy débilmente de mi boca. Quería golpearlo, por primera vez en mucho tiempo de tener autocontrol, pero me apretaba hacía él y eso no me gustaba.

–¡Suéltame! –alcancé a gritarle.

Yo tenía el rostro junto a su pecho, y hasta donde entendía a algunas personas darían lo que fuera por estar así cursimente con su pareja, pero para mí esto era una prisión.

Fue entonces que me di cuenta que había dejado de apretarme un poco, ya que quitó uno de sus brazos y después a éste se le ocurrió verme, así que sintiendo su mirada quise verlo, ya que él era más alto que yo, me iba a sentir ridícula si me ponía de puntitas para observarlo mejor.

Me percaté de que ya no percibía mis pies en el suelo, además de que lo miraba frente a frente por primera vez, pues Peter me levantó.

–Sé que te llamas Annette–repitió por primera vez diciendo mi nombre, por supuesto que me quedé estática debido a que mi horrible nombre pronunciado por Peter se escuchaba mucho mejor –No he terminado, lo que quería decirte antes que te pusieras histérica es que tú eres el ratón y alguien más el gato ¿acaso no conoces el juego del gato y el ratón?

No le respondí con palabras sino con ademanes que por supuesto que no.

–Tú sólo vete, yo algún día regresaré y me encontraras otra vez. –pronunció sin gota de que hubiera algo más que la oración.
–¿Y qué se supone que debo hacer yo por mientras?
–Sólo prométeme que será así.
–Creo que… lo prometo. –fue cuando me bajó y me dio espacio, pero en aquel entonces, ya no lo quería.
–¿Cómo puedo estar tan segura que vas a volver?
–Sino sucede, tú vas a volver a mí, por eso te digo que te vayas. Yo, Peter estoy seguro de que sucederá.

Por supuesto que no me quedó nada de claro lo que dijo pero aún así fingí que comprendía lo que decía, pues pasara lo que pasara él no significaba nada o eso creía.

–No lo entiendes ¿ó sí? –Respiró una ventisca helada que pasaba –Pienso que así confiaras en lo que te digo, vendré a que me devuelvas esto. –

Sin equivocarme de lo que acontecía, lo que me dio fue un beso en la frente. Ahora estaba segura de que regresaría. No obstante, ahora tenía un poco de miedo y no sabia porqué.

–¡Pet! ¿Qué crees que haces? –llegó gritando Zoey y asustando a un par de perros que andaban por allí.

Creía que no le gustaba nada de aquello que pasó entre nosotros, debido a que tiró todas mis cosas, bueno, descubrí que mi miedo era por su presencia tan fantasmal; esos ojos no los olvidaría pues los mostró cuando aplastó las flores que Peter me regaló y destruyó el oso de peluche con sus manos.

–Eso no debió de suceder Peter, y lo sabes–comentó demasiado tranquilo, Ethan poniendo una mano en la cintura de Zoey..
–¡Ella no! – siguió gritando la rubia

Cuando pensé que algo horripilante me haría, el tiempo fluyó repentinamente… volvió a salirme ese ruidito de mi pecho al momento de escuchar ese golpe que me punzaba en los oídos ya que Peter le dio un manotazo a Zoey, la que pensaba era su amiga, o algo más.

Ethan en lugar de verle a él de mala manera, lo hizo conmigo y se acercó a decirme:

–Desde este momento, Zoey, Peter y yo, no hemos existido en tu vida, nunca nos has visto.

Para entonces ya me había desconectado de la realidad, los rubios se fueron y tuve la sensación de que los volvería a ver, a pesar de hallarme con palabras contradictorias entre Ethan y Peter. Decidí crearme una propia conjetura al respecto.

–Anne –nuevamente me impresionó la forma en que pronunciaba mi nombre–No te diría tan seguro que te fueras sino sabría que nos volveremos a ver, recuerda que cuando te caigas, yo en ese entonces volveré, será lo mismo.

–Gracias–

Él por fin sacó una sonrisa, a pesar de que se notaba triste. Para finalizar la despedida me tomó rápidamente de la mano y la besó.

Cómo siempre al final de tan buenos momentos llegó la dura verdad, yo me encontraba sola en este mundo, y en verdad lo estaba.

Volví a la estación de tren esperando tropezarme con Kevin, eso jamás sucedió. Me vi en la necesidad de ir a buscar a Jim pero el supuesto lugar de la convención no existía, en su lugar se plantó un almacén de comida enlatada. Bueno, no me quedaba más que ir de regreso a Surrey con Daniel y mi “familia”.

Arribé bastante cansada y con muchísimas ganas de dormir, no paraba de pensar en lo que tuve que pasar desde que conocí a los Rutherford. Toda la casa de Luke y Miranda Witt (que en paz descansara), se hallaba oscura sin una luz prendida, la puerta estaba cerrada y toqué el timbre, no una sino varias veces pero nadie salió. Empecé a desesperarme, sin embargo el traer un vestido no me importó e intenté meterme a la casa por alguna ventana. Escalé por donde pude y al final no logré nada; todas estaban herméticamente cerradas o algo por el estilo, sólo gané que me salieran callos en las manos.

Me dio tanto sueño, que no pude más y recargué mi cabeza en la puerta delantera, y aún con el frío me dormí. Vaya noche que pasé. Desperté gracias a algo pegajoso que advertí en mi rostro. La toqué y me di cuenta que era baba, pues un perro andaba por allí.

–¡Hermione! ¡Deja de mear a Anne!
–¡¿Qué?! –me levanté escupiendo
–No es cierto –se rió la dueña de la perra –Lo hice para que te despertaras, soy Ellen, mucho gusto. –me tendió la mano

Le acepté la mano a la pelirroja, ella parecía ser amable.

–¿Tú debes ser Anne, no? –
–¿Cómo lo sabes?
–Surrey es tan pequeño que te aseguró que todos saben todo de ti, como tu peso, tu estatura y tu estado civil. –la observé con un tipo de ojos cuadrados– Mal chiste, no tanta información. ¿Qué haces aquí? Según tenía entendido Marvin y los otros regresaron de vuelta a América
–¿Qué dices?
–¿No sabías? –cuestionó insegura.
–No, anoche llegué y nadie me abrió la puerta pero no creo que sea así.
–Luke, como creo que sabes volvió a su puesto en la armada, por lo tanto no podía cuidar a su hijo y decidió enviar a Michael a un internado, no había quien lo cuidara o eso creyó él, pero en fin el punto es que no hay nadie, pensé que tú… bueno, mejor no lo digo.
–Gracias –dije tristemente con un nudo en la garganta y quise salir corriendo, pero alguien me detuvo en ese instante, ¿por qué esas cosas me pasaban?
–¡Hey, Anne! –me dijo el tipo –Soy Josh

Le sonreí forzadamente y quería otra vez intentas correr pero me frenó reiteradamente de hazaña.

–Creo que no tienes a dónde ir, aunque suene cruel y despiadado.
–Si, lo sé.
–Puedes acompañarnos, a mí y a Josh.

Él se veía de la edad de Kevin y ella un poco mayor, pero parecían agradables, pues no eran tipo Edgar, George o Brigitte que andan siempre con fachas estrafalarias sino más deportivos y me daban confianza.

Ni siquiera aprecié nada, solamente quería estar lejos de ellos, pero mi razón me decía que ellos no tenían malas intenciones. Me dieron paso a una casa que no estaba muy lejos del instituto en el que estudié un año. Creo que la casa era de Ellen, en cuánto entramos, me senté en el sofá.

–¿Y cómo ha estado Kevin? –preguntó la chica de ojos verdes, muy bonitos según yo. –Ya no se ve tan mal.
–Te acuerdas de pequeños, cómo estaba de amargado –comentó Josh junto a su… no sé que era Ellen de él, y con la boca llena de galletas de animalitos.
–Sabes perfectamente que de niño lo molestaban, por su peso. Y por lo de…
–¿Ustedes conocen a Kevin?
–Diría que bastante bien –se rió levemente– Él es mi hermano menor, y por lo que oigo estoy segurísima que no te habló de mí ni siquiera el día en que nos vimos.
–¿Eh? –le contesté.
–La noche en que se metieron a la mansión Winfrey, yo era aquella chica que te salvó de Kevin, ya sabes alguien llamó a la policía que se andaban metiendo a ese lugar, mi papá me avisó y mejor fui a decirles antes de que otra cosa sucediera.
–Increíble, creo que aquí soy la persona que salgo sobrando en todo.
–Si te sirve de algo, yo también he pasado por cosas malas. No te tienes que ir, no hay un lugar al que vayas, es mejor que te quedes aquí.
–Puedes quedarte–Dijo Josh, yo lo miré algo confundida.
–¡Ah! Ellen es mi prima, yo vivo también aquí.
–En realidad no somos nada, pero eso es otro cuento. –dijo mientras se ponía un delantal de cocina –¿Vienes?
–¿A dónde van?
–A trabajar, mi papá es dueño de un local de comida, además de ser el sub jefe de la estación de policía de la ciudad.
–Creo que no tengo opción, así que vamos.

Ni siquiera había dado un paso afuera cuando Josh me dijo que no estuviera triste, que todo iba a estar bien mientras tocaba mis hombros.

El restaurante, estaba bastante retirado de la hermosa casa de Ellen, se me a figuraba a la de Blancanieves, como la imaginé. Pues quedaba a la descripción de aquella.

El lugar estaba cerrado pero cuando entramos, me ofrecí a ayudarles en lo que fuera, ellos amablemente dijeron que podía ser la mesera, sólo por ese día. Las personas rápido llegaron y comencé a hacer mi trabajo.

En general iba bien hasta el momento en que entraron George, Edgar y Brigitte, de cualquier manera tenia que atenderlos pues no había nadie más.

–¡Hola! –Llegué diciéndoles –¿Cómo han estado, chicos?
–Quiero un vaso con agua al tiempo, y tráenos rápido el menú. –ordenó fríamente sin verme a los ojos mi supuesta amiga Brigitte.
–Ey mesera, no te tomes atribuciones que no te corresponden, solo eres eso. –dijo Edgar–¿Verdad, Brigitte?
–Si como digas.
–¡Apúrate! Tengo mucha hambre
–Ni siquiera has pedido algo –me defendí contra George después de todo lo que me había hecho.
–George, deja de enfadar si no quieres la puerta es muy grande para que salgas por ella.
–Ya, Joshy poshyi, creo que tuve que soportar mucho tiempo a Ellencita con su onda rara, ahora por favor solamente queremos que nos dejen de rugir las tripas.

Josh, Ellen y yo suspiramos profundamente.

Está bien me sentí muy dolida no solo por su actitud, sino por miles de situaciones que se amontonaron oprimiendo a mi corazón sin dejarlo un segundo descansar. Y por algo tan extraño cuando pensaba en que descansar se me venia a la mente “Peter”.

Para aquel momento creía que nada tendría que ver él en mi vida, qué equivocada estaba.

No había nadie disponible que no fuera yo en ese misma noche cuando casi parecía explotar el lugar. Sonó y sonó el teléfono desesperadamente por lo que contesté a la milésima vez, tal vez exageré un poco, pero si que sonó.

–¿Diga? –contesté
–Eres tú –dijo la voz furiosa de un hombre
–Si soy yo, ¿quién más sería?
–Mi Vivi…
“¿Qué tengo que ver yo con esa Vivi?”


*Vivi, si es por ti :) lalalala*

Para mi papá que sabe que lo amó, para ti es esto :)

sábado, 9 de octubre de 2010

Lo sé, como qué me llamo Briana




Desde que tiene uso de razón, ha escuchado canciones de amor. Tanto fue su espera de que llegara ese amor por medio de las melodías, que decidió dejar el color rosa por el más oscuro y tétrico. Jamás les dijo a sus amigas que anhelaba un príncipe azul y que soñaba con que ella era una princesa, pues qué cosa de lo más ridícula, terminaba pensando. Se limitaba a decirles con una sonrisa forzada, aquel está lindo. Pero ese aquel nunca la volteó a ver. Después de tanto esfuerzo en mínimos detalles esperaba un te ves bonita. Pero se cansó cómo él que camina en un desierto eterno. Esas canciones que repetían la frase te amo, ahora le parecían grotescas ¿Quién dice eso en estos tiempos? Ya sabía que el amor no llegaría a su puerta y ella no se atrevería a salir de lo seguro. Tantas canciones de lo más preciosas pero sin sentido para aquella chica, pues no significaban nada. Era como una boca seca que bebía agua sin saciar la sed, pero ¿qué clase de comparación es esa? El esperar a amar a ese alguien es mucho más, era eso que te hace sonreír un segundo, eso intocable, era una caja de Pandora que recolectaba más que esperanza, pero ¿como hacerle entrar en la cabeza que el amor no se trata de un cuerpo bonito ni un rostro perfecto?, ya que tarde o temprano uno envejece y el alma es lo que sigue intacto.

Esa era yo, antes de conocerte y darme cuenta que sin tu amor no puedo vivir. Sin exageración, aún a la distancia, sin caras de por medio, siento que te amo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Zulidor -3-


CAPITULO 3  Bienvenidos al espectaculo



Cómo fue que me engañaste sin que sospechara, eres igual a una serpiente deslizándose suavemente. Fui testigo de un espectáculo increíble gracias a ti, fue gratis y en buen lugar.
Miss A- Goodbye baby


Pasaron dos semanas desde el primer día en que me puse el objetivo, y cada día se acercaba a mí la sed por jugar con él y las ganas de conseguirlo. Y a su vez eso que insistía en que no diera marcha, era como el remordimiento que me describió Eylin. Pero no llegué hasta aquí sin que pasara nada.

En los primeros días, interrogué a Jason. Él entrenaba junto a todo el equipo, usé de excusa a Zack para verlo. Él tan distraído no se daría cuenta de mis fines. Los veía desde las bancas. Ahí quede fascinada viendo al chico de frenos jugar juntos con los otros que estuvieron en la palma de mi mano. Ellos me vieron confusos y agité mi mano de un lado a otro.

Sonreí al saludo del capitán, o bien el tonto que no me escogió para ser su chica. Antes de que empezara a calentar me dirigí a cazarlos.

─ ¡Jason! ─ canté a este chico. Su impresión me dejo con un poco de simpatía.
─ ¿Qué te traes? ─ cuestionó amarrando sus agujetas, parecía indiferente pero sabía perfectamente que desde abajo le recordé algo.
─Vine  a verte─ le ayudé a levantarse.
─ ¿No te puedes esperar?
─Siempre es así, primero el futbol y luego me…─ quise reclamarme, y éste interrumpió.
─Ya me has vistos ─ estuvo muy tranquilo y viéndome como lo solía hacer en nuestros buenos tiempos.
─Está bien, no vine exclusivamente para verte es que necesito de tu ayuda. ─informé jugando con mi cabello. ─ Tengo un objetivo. 

Su rostro tomó otra forma. ¡Ops! Lo hice enojar, por dentro reía inmensamente. Así que me zarandeó o es lo que quise ver. Abrí lentamente mis ojos y me hallé su rostro pícaro. ¿Qué inundaba su mente para que me viera así?

─ Es Cole ¿verdad? ─
─ Nunca he revelado mis fines. Sólo necesito algo de ti, nada más.
─ Por mi está bien. ─pidió a su vez que le pasarán el balón ─Más rápido que el agua que corre por los ríos, verás que el pasado volverá a las manos que fueron suyas.

Él, aunque nunca lo dijese me consideraba una idiota por ello me apodaba cursimente “tontita”, obviamente entendí su pensamiento que no venia al caso, hablaba sobre el destino. 

Lo que aconteció, me volvió una descuidada. No estar atenta a lo que haría mi ex enamorado, estaba segura que dentro de él había sobras de lo que tuvimos que explotarían tarde o temprano.

 Aquel chico tonto que le lanzó el balón a Jason me tuvo como blanco, su tiró llegó justamente entre mi nariz y mi boca. El mundo se perdió en ese momento. Sólo sé que Zack llegó a auxiliar, no entendí el fin del que busqué.

─ No sé que como ella te puede gustar ─ es lo que escuché entre las vueltas que la tierra daba.

No deseo recordarlo. Zack confesó que para él no era esa clase de persona, sino que me veía como su hermanita. Fui el hazmerreír por su culpa. Ahora si sabría quién era yo. Tuve que resistirme, lo único que quise hacer ante tan humillación es salir corriendo de nuevo al edificio. Más no lo hice. 

Las emociones que nunca demostraba me ayudaban a ser una grandiosa actriz. Fácilmente fingí que el balonazo me lastimó, no era así, sólo me dejó aturdida.

─ ¿Estás bien? ─ preguntó alguien.
─ Si, lo estoy. ─ contesté viendo mi mano que al parecer me habían salido más dedos de los que tenia.
─ Por lo menos no está inconsciente ─repitió Cole, su voz sonó y giré a ver su rostro serio.
─Te llevaré a la enfermería ─asumió a mi cargo Zack
─ ¡Vamos capitán! Hoy iba a estar en la banca Cole ¿porqué no mejor él la lleva? ─

Era Jason.

─ ¿Puedes hacer esto por mí?
─Si, entiendo, cuidaré de tu hermanita.

De alguna forma me ayudó a ir hasta la tribuna. Cole tan cerca de mí y todo por un pelotazo, después de aquella vergüenza que no me quitaría nadie.

─Estoy lista ─ asumí frotando mis manos en cuanto me senté.
─Si te creo, se ve a leguas que eres muy lista.

En realidad me desorbitó un poco su respuesta, tanto que de mí salió un ruido extraño junto con mi risa. Él me devolvió una fantástica sonrisa que creí estar soñando, esto no me había ocurrido antes con un chico, normalmente mis propósitos de tenerlos en mi cama eran tan rápidos y predecibles que no había tiempo de cursilerías.

─Lo que quise decir es que estoy lista para escucharte, Cole.
─No hay mucho que decir ─ apartó su vista de mí ─ ¿Son ciertos los rumores?

Así que por los pasillos corrían rumores que no tenía contemplados en mi contra. Algo más que tendría que solucionar.

─No sé de qué me hablas.
─Normalmente el afectado nunca le pasa por la cabeza lo que dicen de él. Aunque no me importa que me hayan dicho, prefiero formarme mi propia opinión. ─ estuve segura que se lo decía a sí mismo, por lo que quise confirmar lo que pensaba.
─Entonces  ¿confiarás en mí?
─ No es lo que quise decir─sus ojos aceituna volvieron a encontrarme
─No me lo hubieras preguntado de no ser así.
─Eres un poco diferente a lo que todos hemos pensado alguna vez.

Su mano se detuvo por un momento en mi hombro derecho, y sus diminutos ojos sonrientes me desconectaron de la realidad pues no sentí nada. Cole, sólo podía pensar en él.

Esto fue instinto o no lo sé, pero me precipité para retirarme. En cuanto le di la espalda de mí salieron palabras nunca antes dichas a otro hombre

─Lo estuve callando pero ahora sé que eres más que el cutre chico de antes, me empiezas a agradar ─
Ante lo que dije ese chico no supo como reaccionar, sólo sé que dijo algo que pareció ser un halago.
─Tu cabello es tan esponjoso y oloroso que me gusta. ─ tal vez pudiera reaccionar mejor de lo que lo hice. Es que concluí que su confesión fue un error que salió por un momento de descontrol. Me sorprendí no tuve nada que decir simplemente miré a mis zapatos y con eso me alejé.

Estuve caminando. Para cuando me decidí a entrar a las clases, fui primero a retocarme el maquillaje al baño.

Antes de que lograra hacerlo, me desaparecí. Recuerdo ver el techo borroso y de repente aparecí en un sitio donde no había más que naturaleza. Esto era raro, me tuve que pellizcar para asegurarme que no estuviera alucinando, o en una especie de sueño. 

A mis espaldas alguien preguntó si ocupaba ayuda, en lo que me giré y pestañee de pronto regresé a mi realidad. Sólo que estuve un poco desconcertada. 

─ La he visto muy distraída ¿Señorita…?
─ Scarlett Middlenton – contesté al señor Melrose.
─Bueno, señorita Middlenton. No sé si sea normal que actué así o algo le aflija, lo cual no es de mi incumbencia pero si quiere recibir un consejo, entre a clase y hago lo mejor con los conocimientos que obtenga.
─Si,  claro. ─

Cuando surgió eso, no supuse nada, pero luego comprendí que aquel profesor estaba encaprichado en destruir mi vida en esa escuela. A la semana me dio una orden tan estúpida, quiso que me saliera de la clase. No entendía la razón de esa orden, yo solamente corte la horrible orzuela del cabello de la chica de enfrente.

Eso sucedió ayer, y él cada día se ganó estar en mi lista negra. Literalmente no tenía una aunque si la tuviera ahí estaría Abban Melrose en el primer renglón y en mayúsculas.




Aún no iniciaba la semana, era día dominical. Como comúnmente lo llevábamos a cabo, compartíamos nuestras horas juntas; no obstante había algo mal pues Leslie estaba muy distante de Eylin y de mí. Por ende le eche la culpa a Abraham a su novio universitario que sólo conocía por fotos.

No existía otra oportunidad como esta, no la dejaría escapar.


Por los pasillos se expandió como pólvora la inocente confesión de que Zack me cambió por Eylin. Y para su desgracia era verdad, no un simple rumor. Por ello mi amiga asiática estaba cohibida por quedarse a dormir en mi casa, la cual era el mismo techo de él.

Incluso la muy tonta me intentó sacar información de sí me había tirado a Zack o al revés. Ni siquiera lo pensé, irrebatible fue mi estrategia, si yo decía que si a su idea era como admitir que era una mujerzuela, otro cuento era que solo lo supieran unos pocos.

─ Estaba pensando en cambiar mi look, ¿qué dices? ─ le pregunté a Eylin viendo a su pijama de conejitos, tan boba desde que la conocí hasta ahora.
─ Te veras más bonita de lo que estás ─asumió viéndome.
─Tú también puedes estarlo ─
─ ¿Cómo?
─Estoy segura de no haber visto jamás a una china con el cabello de otro color que no sea algo oscuro.─ su risa hizo que pareciera que yo estaba equivocada pero no le di importancia continué
─Bueno, a mí me gusta mi cabello oscuro y mis ojos sin doble parpado ─ ella me había comentado que en su país natal era común agrandarse los ojos y todo tipo de cirugías, lo cual Eylin no practicaba idóneamente.
─ Entonces creo que sólo yo me cambiaré de look ─
─ Pensándolo bien Scarlett, si tú lo haces no veo porqué yo no.
─ ¡Excelente! Te veras tan hermosa como yo. ─le sonreí sinceramente ─Ya había previsto esto así que me tome la libertad de comprar lo necesario ¿confías en mí?

Ella asintió, y con eso empuje mi pensamiento de no hacerlo pues en su mirada estaba evidentemente un desacuerdo. 

Luego de aquella decisión la lleve a mi habitación. Comencé con todo lo que tenía que pasar. En el fondo me excusé que no quería que fuese así pero debido a sus burlas no había marcha atrás.
Se sentó en una silla como si estuviera yendo hacia la orca, me mofé en cuanto estuve preparando el tinte del cabello, Eylin no paraba de asegurarse de que lo hiciera bien. Un poco después se relajo hablándome de su tema favorito, romance. Estaba harta por lo que no puse mucha atención simplemente me concentré en hacer mi trabajo.

Y para cuando le puse todo el tinte la mandé a que fuese a otro lugar de la casa, sin espejos. Ya había calculado en que momento tendría que aparecer Zack en escena. Y todo lo que tenía que ocurrir.
Me arroje a mi suave edredón, gozosa por una victoria. En cuanto entrecerré los ojos sonó la canción favorita de Eylin así que adiviné que era su celular. Lo contesté antes de que hiciera más ruido y así fue como me enteré con una gran noticia la cual guardaría para mis beneficios. Tuve que borrar el historial de llamadas y me preparé. 

El sonido de las escaleras anunció que esa chica estaba llegando, entró desesperada. Suponía la razón pero nada claro. Ignoré eso.

─ ¿Por qué abandonaste el ballet? ─dejó salir de la nada

No te incumbe, pensé aunque luego vinieron las razones que no le arrojaría. Mejor, mentí como solía hacerlo.

─ Hay ocasiones en que tienes que saber rendirte y dejar las cosas ir, ¿por qué la pregunta?
─ Sólo se extraña tu presencia en las clases.

Ella detestaba bailar pero sus padres tomaron esa decisión y ahora ella debía hacerlo. Así fue como la conocí pero eso era historia. Lo único que tenía importancia era ver el resultado. Ya era hora, le quite la toalla de la cabeza a Eylin y la acompañe para lavarse.

Mis suposiciones fueron acertadas, Eylin se quedo desconcertada al ver su reflejo; fingí gritar del susto e igualmente di con que Zack llegaría al escucharlo. Él nos miro esperando lo peor, como quise que fuera. Él acababa de llegar como los demás, Eylin se confió que no había nadie y se quedo en sus peores garras. Y esto gracias a mí.

─ No quise que esto sucediera ─dije actuando como no enterada de que pudiera pasar esa desgracia.
─ Pero Scarlett ¡Mirame! ─imploraba la chica.

Lo hago, querida, esto es debido a ustedes que se burlaron de mí.

No está tan mal, sólo tienes el cabello verde, consolaba Zack viéndome y acercándose un poco a Eylin. Al final ella tenia porque agradecerme, un hombre la estaba observando. 

─En verdad no quise que esto pasara ─ solté otra vez

Mentira…
No leíste el prólogo? :0 Te dejo el link aquí 

sábado, 28 de agosto de 2010

Erase una vez nosotros #Capitulo 4



Un instante empalagoso





Si analizo el regocijante pasado siento que no era esa misma persona, llamada Annette. Es como si esa niñita huérfana fuera la Anne valiente, la que no tiene miedo decir lo que piensa, aquella que no paraba de correr y que nunca se alejaba de su hermano Caleb por miedo a no volverlo a ver; y ahora simplemente “esa” se quedo en un cajón de recuerdos.

Entre esperar a Peter, el collar que me dejó a cuidar y los problemas emocionales de Kevin, me consumían el corazón. Por lo menos eso era lo que pensaba cada noche, ya que no podía descansar, ocupaba arrullarme con alguien, pero el vivir en una casa que no era la nuestra no facilitaba irme a dormir con Daniel, ya que éste compartía habitación con Michael, el pequeño hermano de Kevin.

Nunca amanecía en la habitación de la noche anterior, siempre regresaba al ático… Todo igual de monótono durante 1 año, increíble ¿no?.

Era absolutamente contrario a lo que estaba acostumbrada, podía describir los cuatrocientos días que habían pasado. Pero después de todo, seguí esperando a qué la felicidad llegara junto a mi preciado Kevin.

A cada latido de mi corazón razonaba lo que ocupaba un lugar en él. No había manera de explicar lo que pasé junto a ellos, todo era una farsa. Me convertí en el maniquí de todos, sin siquiera estar enterada de lo que harían de mí. Al paso de los segundos, sabía que mi vida ya tenía un desenlace.

Este día seria especial, lo sentía, era menos que un presentimiento, y no llegue a esa conclusión pensándolo mucho. Después de tanto tiempo -con cambios de por medio- pude volver a hablar con Jim, hablamos por horas, al final quedamos en vernos en una convención de mangas japoneses en Surrey. Aun persistía el querer volver a ser esa Anne, o más bien Meme.

Traía un cosplay de Yunuki personaje de mi caricatura favorita “Háruko”, una chica con cabello rosa empalagoso hasta el hombro y con copete incluido, un vestido blanco con un tutu de bailarina de ballet y unas tipos zapatillas converses grises. Además de las señas del ocaso, unos espirales de color azul turquesa en la cara que significaban poder y sabiduría.

Bueno, el punto fue que iba vestida de esa forma. Soportaba ser la burla de todos, pero en esta ocasión el tiempo valía oro por lo que decidí irme temprano, en cuanto el supuesto sol diera los primeros rayos.

Bajaba los escalones mientras canturreaba una canción que por alguna razón extraña traía en la mente; hasta que escuché como alguien –ese alguien sabía quién era- se reía. Reconocería esa risa burlona y pesada en cualquier parte.

Dejé que él disfrutara el momento, cuando estuve abajo noté que llevaba consigo unas maletas, eran muchas.

– ¿Te vas de la casa? – me atreví a preguntar, y burlándome de tal situación inconcebible.
– ¿Tú, a donde vas? ¿al circo?
– A Surrey con un amigo.
– ¿Amigos? ¿Los tienes?

Aprendí en ese tiempo del sarcasmo de mi “primo” Kevin. Yo "niña" como él me reconocía actuaba de una forma sumisa pues creo que al conocerlo más se convirtió en un mundo que siempre quería visitar.  No lograba ser la verdadera Anne con Kevin a mi lado, pero tuve un límite.

 Lo ignoré.

– Lo siento –Dijo siguiéndome a la cocina
– Si, como digas sensei– dejé en claro que estaba molesta, jamás le había hablado así. Era yo su mayor fan. Ahora comprendía que si tenía efecto tratar así a los hombres. Kevin me miró fijamente, rara vez me notaba entre todas sus cosas pero después de mi contestación, me quedo más ilustrado porque este chico me volvía una loca.

– Prepárame un café. –ordenó fuertemente.

Hice una mueca, y él me hizo otra diciendo que actuara más rápido que Flash y de inmediato lo empecé a hacer aunque a regañadientes.

– ¿Estás en tus días? ─indagó viendo mis mejillas rojizas.

Abrí mis ojos más que Keroppi sólo que muy indignada, estuve a punto de irme. Este me retuvo agarrando mi muñeca.

─Han sido cosas y no quiero escucharme cursi, niña. ─siguió secamente─ No eres tan mala preparando desayunos, los que hacías antes de que fuéramos al instituto estaban pasables. Y aunque no lo creas bruja, extrañare el silencio de nuestras conversaciones. ─ tartamudeó tanto y lo dijo tan lento que fue difícil entenderle, pero si me quedó claro

Alejé su mano que todavía me sujetaba,  él me miro con cara de perrito triste.

– Y tú que te lo crees –me dijo viendo mi rostro sin parpadear –
– ¿Ahora si me dirás a dónde vas? Me estoy preocupando.
– No tengo muchas ganas –se acostó en la isla viendo hacia arriba y poniendo sus manos en el cuello –

En ese mismo momento tuvo alguien que interrumpir el teléfono, no quería que nadie se despertara por lo mimo lo contesté susurrando las respuestas.

– ¿Está Kevin, Anne? – preguntó la clara voz de Brigitte, la que se convirtió en una compañera del colegio – Dile que lo voy a extrañar

Quería saber a qué se refería, pero con Kevin a un lado, estaba claro que él me arrebataría el teléfono para poder hablar con ella, así que fui al baño para pedirle que me dijera de qué se trataba todo eso. Ella me lo contó, y no dudé en no despedirme, aventé lo que traía en mi mano y fui corriendo a buscarlo. Ya no se hallaba en la cocina.

Así que hice por salir corriendo a buscarlos hasta por debajo de las piedras, pero para cuando ni siquiera puse un pie en el patio delantero, ya me había encontrado con su imagen.

– ¿POR QUÉ NO ME LO DIJISTE? – le reproché a punto de llorar y observando cómo encendía un cigarro.
– Número uno no me hables así, hasta ahora. Número dos no estoy tonto, basta, te haces daño a ti misma.


Como siempre no se hallaba más que las nubes en el cielo, el viento soplando y los arboles moviéndose. Su cabello dorado no sé quedaba quieto y por más que unos simples sentimientos de cariño, no deseaba perderlo.

Kevin se quedaba sin expresión solo inhalando y exhalando el tabaco. Claro, volví a estornudar, no eran aromas agradables para mí.

– Siguen tus alergias ¿eh?
– ¡Idiota! ¿Ahora a quién le haré huevos revueltos en la mañana? –confesé con lagrimas cayendo hasta el suelo.
– Niña –suspiró – Apura tu lado infantil que se nos hace tarde.
– “Se nos hace tarde” – repetí
– El internado militar queda en Surrey, y cómo no conoces bien la ciudad estaría bien que vayamos juntos.
– Entonces –concluí– ¿Me estabas esperando?
– No – dijo secamente –Llévate una de mis maletas.

De ese modo nos fuimos caminando hasta llegar a la estación de tren. Ya había estado en muchas antes, pero todas para pasar la noche durmiendo en una banca. Ahora simplemente pasé jugar un rol diferente.

– ¿Ya habías viajado en un tren? –preguntó mientras esperábamos el susodicho.
– Técnicamente, de Surrey para acá.

Las personas me miraban muy raro, supuse que no estaban acostumbrados a ver mujeres con cosplays de animes.

– No la conozco– les contestaba Kevin alejándose cada vez un poco mas –En serio no la conozco, es una extraña.

Ya me encontraba perturbada y con ganas de sacarle la ignorancia de una cultura muy diferente. Sin embargo tenía mi rostro semi volteado y con la boca abierta cuando éste me aventó su chamarra en la cara.

– Por lo menos para que no te reconozcan.

De inmediato me la quité y se la regresé. Me la volvió a aventar y esta vez me contestó:

– Quédatela, hace algo de frio.

Pensaba responderle con un “gracias” pero en ese mismo momento llegó nuestro tren y tuvimos que subir. Así después volvió el silencio, yo me entretenía moviendo los pies y tarareando esa dulce y lenta melodía sin nombre.

– ¿Es de alguna de tus caricaturas extrañas?
– No me lo creerás, pero no lo sé.
– Eres tan distraída que no lo sabes.
– No exactamente, sino que desde anoche no puedo parar de tararearla.
– Desde que te conozco Miller, te he considerado rara.

“Vino a mi mente “Piensa lo que quieras, mientras pienses en mí”

– ¿De qué te ríes? – preguntó por primera vez en mucho tiempo mirando directo a mis ojos. – ¡PARA, asustas!
– Lo siento – me puse una mano en mi boca, y después de todo no me pude seguir conteniendo. Y no siendo mi intención, finalmente le contagié algo de alegría verdadera, sin sarcasmo – Te ves muy lindo sonriendo. –le comenté. Kevin lo tomó como si dijera lo contrario, endureció su semblante.
– ¡Hola! – sonó al lado del pasillo.

La propietaria del saludo era mas ni menos que una de las muchas que babeaban por Kevin, mucho mayor que él y que yo, pero ella todavía buscaba la oportunidad de entrar en el corazón del chico de ojos verdes.

– Ah –como no queriendo me miró de reojo aguantándose las ganas de burlarse de mi apariencia –Hola, ¿Cómo te llamas? ¡Ah, si! Annette Miller.
– Hola, Megan –le respondí– Un gusto verte.
– También es un gusto – cerró sus ojos supuestamente sonriendo totalmente– Kevin –revoleteó aún parada y jalando el brazo de éste –Tengo tanto que decirte...–otra vez viéndome –… A solas, por supuesto.

Estaba segura, y sin mirar la reacción de mi primo que él se quitaría la bufanda que traía por la sangre que le corría del coraje de tener que soportarla.

– Ve al baño –me contestó en un instante– Anda, que ni Megan ni yo tenemos tu tiempo.

Crucé los brazos pretendiendo haber escuchador mal, pues no creía lo que acababa de salir de su boca, después de tantos chismes sobre todas las personas en Shamley Green, a quién era la más bonita, la más buena niña, la más inteligente, bla bla bla, y Megan ganaba el puesto a la mas lambiscona. Y con creces llevaba ese título.

– Oye, te lo digo de la mejor manera posible, deberías ir al baño pues observo que tú no fuiste capaz al levantarte de mirarte al espejo y ver que garras llevas puestas. Tal vez si te miras, puedas recapacitar.

No me hallaba enojada, hasta eso estaba acostumbrada a gente de su tipo, a lo que no era dejarme denigrar más de la cuenta, por lo tanto me fui antes de que volvieran a correrme. No volví a encontrarme con ninguna de sus caras. Me fui por el pasillo pasando por varios vagones.

Cuanto más me alejaba, menos gente había en los ya mencionados, cuando pensaba en no hallar a nadie en ellos, no volví a ver la luz probablemente fue por el tren que pasaba por un túnel. Deseaba gritar o por lo menos correr, la oscuridad y yo, no nos llevábamos. Así que cerré los ojos y ahí mismo me senté en el suelo. Después por si sola la melodía que seguía sin nombre y autor, sonaba en mi cabeza.

– Te vas a arruinar el tutu – me dijeron dos voces.

Así que abrí los ojos, y me encontré en un vagón sin mucha luz, la suficiente como para ver a medias los rostros de esas personas ya que tenían persianas las ventanas. Ellos parecían ser los únicos allí.

– Me podrían decir dónde está el baño –me atreví a preguntar todavía en el suelo.
– Falta poco para que lleguemos a Surrey. –contestó al parecer una chica rubia leyendo un periódico.
– Levántate, y no es una sugerencia. –dijo el chico igualmente rubio, ellos dos parecían ser mellizos.
– Disculpen –me levanté de un salto –Yo tan solo iba al baño y al parecer me perdí, les agradecería que me dieran informes.
– Soy Zoey y él es Ethan…–siguieron ignorándome.
– Un gusto en conocerlos, chicos.
– Puedes sentarte “chica”. –dijo el supuesto Ethan.

Suspiré y lo volví a hacer hasta que salió un bostezo. Al momento de llegar a la puerta que me dejaba salir del vagón, me di cuenta que tenia seguro y comencé a preocuparme.

– Has esperado un año y no puedes esperar un poco más. – no reconocí la voz pero quise correr.
– Oigan vengo con mi primo y necesito verlo.
– Está bien –afirmó la rubia, no distinguía si era sincera. –Ve con él.

No corrí cuando abrieron la puerta sino que caminé tranquilamente sin girar atrás. Llegué sentándome al lado del asiento donde Kevin estaba. No lo dudé un medio de segundo, recargué mi cabeza en su hombro y le pedí que no dijera nada. Solamente quería descansar un ratito. Y ese rato se convirtió en todo el recorrido en el tren.

– Niña, ya llegamos. –avisó

Estirando los brazos y sonriendo fue como me despertó, yo le ayudé con dos de sus maletas, no obstante al parecer había cambiado algo:

– ¡Eres una debilucha! Supongo que no has comido bien ¿verdad?, dame mis –enfatizó la palabra– maletas, no quiero que las toques.
– Yo sólo quería ayudar.
– No ayudes al menos que lo hagas bien –comentó burlándose con el tono inocentón con el que le contesté.

Estuvimos hablando de otras cosas, como nunca, él tenia muchas ganas de pelear verbalmente pero yo no. Igualmente lo ignoré cuantas veces pude, hasta que salimos a una calle llena de personas, aquella era una ciudad tremendamente poblada y él con su rubio cabello alborotado –no podía evitar verlo- me advirtió que me quedara en donde estaba mientras buscaba a alguien.

Bien, no fue exactamente lo que hice. Fui a una pared a recargarme inquietamente estando de pie. Mi vista se perdía entre tantas personas que pasaban, luego entre todas esas una movía su mano de un lado a otro saludándome, era aquella rubia del tren: Zoey.

Sentía la sensación de dar de reversa y alejarme. Justo hubiera hecho un ademan, pero sentí una fuerte mano que sujetaba la mía.

– ¡Peter! – repetí al conectar mi mirada con la suya – ¿Qué haces aquí?
– Soy un cazador de tesoros, ya me tocaba estar por aquí.
– Vaya, yo estoy esperando a mi primo, a un viejo amigo… y a ti.
– Ya veo…–
– Antes que digas algo mas –me puse frente a frente – Verdad o castigo ¿Cuál escoges?

Se quitó los lentes de sol innecesarios y continuó sin expresión en el rostro:

– Elijo castigo-
– Ya dijiste, tal vez te arrepientas.

Es difícil de explicar, mi corazón y mi razón anhelaba hacerlo, estrecharme contra él, dejar que mis brazos lo abrazaran y quedarme quieta sin decir nada por lo menos en un pestañeo.

– No lo vuelvas a hacer, Anne.

Nuevamente después de tanto tiempo, ese ruido en mi pecho salió a brote. De su voz mi nombre se convertía en uno especial, dejaba de ser del montón.

– Tenemos que hablar… – repetimos los dos al mismo tiempo.

Yo me quede callada, él dijo algo que me sorprendió:

– Ethan, es hora de irnos dile a Zoey.
– ¿Tú los conoces?
– Somos compañeros. –batalló en terminar la frase. –Espero que no te hallan asustado.
– Esos dos son simpáticos –mentí fríamente.

Transformó todo lo que le envolvía, al fin pareció relajado y cómodo, a pesar de que su vestimenta lucía muy diferente a la última vez.

– ¿Cuántos años tienes? –le cuestioné con curiosidad al tanto me guiaba.
– No es relevante, la edad no importa. Ahora bien, me podrías explicar ¿Por qué traes el cabello rosa?
– Imito a Yunuki.
– Claro, una explicación como esa no tiene comparación. –pudo haber sido dicho con doble sentido pero lo pronuncio tan serio, que me lo creí.

Y olvidando la mayoría del pasado, quise decirle que tenia que seguir esperando a mi primo y luego a mi amigo.

– Cierra los ojos. –me pidió amablemente.

Éste se puso detrás de mí y me tapó los ojos.

– Ten, es para ti.

Enfrente de mí se encontraban en sus manos unas hermosas y frescas flores blancas, pocas pero cada una diferente, no las distinguía, Peter continuaba atrás y desde allí me susurró en el oído:

– Felices dieciséis, no sabes cuánto he deseado que ocurriera este día.

Y me quitó mi peluca rosa y soltó mi cabello en un jalón. Por un momento fue bonito y de color rosa pastel…

COMENTARIOS PERSONALES: Con amor a mi Padre



martes, 27 de julio de 2010

Erase una vez nosotros #Capitulo 3

Capitulo 3 "Fue aprobado por los cielos, tú eres mi amor"

Incluso si te miro otra vez, tú eres mi amor. Incluso si pienso cientos de veces, yo soy tu amor, fue escrito en los cielos, tú eres mi amor… Incluso si volviera a nacer, sólo espero por ti. Fue aprobado en los cielos, eres mi amor..Sólo nos separamos por un momento
F.T. Island -바래



Por alguna razón el destino decidió quitarme lo más importante, en realidad lo que las otras personas consideran inigualable; por lo menos para mí no es de esa forma. Tal vez agradecería al encargado de eso, simple, porque éste chico pasaba por lo mismo. Y al verlo queriéndose tirar por la ventana por una pérdida que en algún momento superaría, más que molestarme o darme lástima, pensaba en que a nosotras nos llamaban dramáticas ¿Y ellos qué?.

– ¡Hola, hola! – Le grité poniendo mis palmas de las manos en las comisuras de los labios – ¡Vamos! Piensa un poco más antes de que lo hagas, sí quieres puedo ayudarte.

A través de un santiamén, y sin darme cuenta de la velocidad, quitó mis manos que lo sujetaban para que no saltara, ni me percataba que se encontraban ahí. No se giró para verme; nuevamente sin yo poder hacer algo, él se aventó por la ventana y yo grité aterrada por otro funeral.

El terror se escaseó pues escuchaba perfectamente como me callaba, suficiente irritado y asiéndome entender que se hallaba vivito y coleando.

Di los pasos que tenía que dar para llegar al tope de la ventana y con un fuerte viento que chocaba contra mi rostro bajé la vista y observé un tejado donde Kevin estaba intentando bajar al suelo a una corta distancia.

– Así que no se suicidaba – le comentaba al viento
– La meta es la misma… –me respondió, Kevin –…Niñita–

Quise contestarle inmediatamente por la manera en que me llamó, pero fue en vano; balbuceé obscenidades viendo en la intemperie como el chico batallaba en poner los pies en algo estable. Suspiré y salté directo al suelo, no al tejado.

– Es cuestión de saber cómo caer sin lastimarte las rodillas
– Es cuestión de no ser una señorita presumida como tú –contestó estando a mi lado.

Y comenzó su andanza entre la temible noche

– ¡Regresa a la casa y diles que estoy durmiendo!, en especial a Luke.

Me hallaba sorprendida por su hostilidad, no tanto ya que algo en mi interior se revolvía y sonaba muy fuerte como si hubiera un temblor dentro. Más allá, lo encontraba fascinante era como si viera a un famoso y quisiera pedirle su autógrafo.

Huyó esa preciada oportunidad que surgió en mi cabeza, ya que sus pasos eran rápidos y casi no lo apreciaba, corrí amedrentada por la calle que ahora pisaba.

– ¡Espera! – Grité pretendiendo alcanzarlo para encontrar en él refugio.

Se detuvo instantáneo al momento en que puse mis manos entre su brazo izquierdo para pegármele. Supongo que rebasé el límite estipulado de no invadir su espacio exterior, parecía de cierto modo a un chicle desabrido y amargo, alguna vez debió ser dulce; y yo esperando que dijera “Annette, no te despegues no quiero que te pierdas”, pensándolo mejor eso sonaba como si yo tuviera cinco años, además que desde entonces me puedo cuidar sola excepto cuando cambian lugar el sol por la luna.

– ¿No has entendido las indirectas? – dijo tomando aire después de empujarme–
– Creo que ahora sí –
– Vete y diles como una niñita buena, que estaba cansado y me dormí. Se supone que tú también lo deberías hacer. ¡Así que andando! –
– Ni siquiera sé dónde estamos. –
– Cosita, estamos en Shamley Green.
– ¿Cosita? –

Repetí dejando de ver a Kevin puesto que no era su voz, en el segundo que volví a verlo, no consideraba mi existencia. Sus ojos simplemente me dejaron a un lado para ver detrás de mí, donde resonaba “Cosita”. Me giré sin estar consciente de las personas que se hallaban en el carro color arena se convertirían en algo más que conocidos, y algo menos que amigos.

Imaginé por las señas de que me dejaría, plantada. Sin embargo, fue sorprendente una palabra contradictoria que me hizo sonreír.

– ¿Vienes? – preguntó sin alzar la voz.

Igual que una emergencia hui de la catástrofe y entré al automóvil, por el lado contrario que él. Dentro solo percibía tres rostros borrosos, Kevin, unos asientos de piel que molestaban a mi frío trasero y un asqueroso olor a alcohol.

Estornudé -sabia que sucedería- muy fuerte.

– Agarra un pañuelo desechable – ordenó la persona de mi lado, con una voz muy dulce y empalagosa, era una chica tal vez de mi edad, supuse.

En un trance me quedé, pensando tanto del pasado alejándome del presente sin saber el porqué.

– No están envenenados ni nada semejante. – exasperó Kevin –No dejes a Brigitte con la mano colgando.

Eché un rápido vistazo a la mano que traía el pañuelo, al instante Kevin se lo arrebató y me lo empujó fuertemente en la nariz diciendo “Suénatelos bien”.

No te enojes, cuenta hasta mil… y si no se te pasa, dale un golpiza en donde más le duele; pensé. Después de eso, todo se apaciguó permitiéndome descansar levemente y disfrutar el paisaje del pueblo, al menos hasta que el chico que conducía se dirigió a la carretera. Unos cuantos kilómetros más para que entráramos a un sendero. Cuando menos imaginé encendió las luces.

– Ya llegamos –anunció la voz de “cosita”. –Desde aquí tenemos que caminar.

Los cinco bajamos de prisa, los 3 chicos sin conocer de que parte salieron, comenzaron a beber cerveza. Kevin aluzaba con una lámpara de mano, el camino que seguíamos. A unos pasos se encontraba una valla con púas y un letrero que decía “PROHIBIDO EL PASO”.

– ¡¿Qué rayos?! Hace tres años no había nada de esto. –dijo el tipo-cosita.
– Estaba segura que algo parecido sucedería. – me susurró la rubia de voz asfixiante. –Por cierto soy Brigitte –le quitó la lámpara a Kevin y lo alumbró.

Para mí los hombres no significaban nada, todos tan iguales, todos tan monótonos y nadie con sentido de valentía.

No conocía a Kevin lo suficiente pero tomaba esa sonrisa como un indicio de que el cielo aprobaba que mi corazón en cada latido que diera fuera sólo y nada más que para él. Y bien, aunque ya estuviera escrito por los cielos, al parecer los dos (o tres) perdimos el camino correcto.

Brigitte fue abrazada por él, Kevin la pegaba a su cuerpo, le acariciaba sus brazos y le mordía la oreja, diciéndole algo que envidiaba. Creía que era una facilita o simplemente los celos me cegaban: ella lo alejó y concentró su atención en mí.

– Kevin eres un pésimo anfitrión –le dijo a éste, mientras los otros dos seguían embebecidos mirando a la valla – Ya sabes mi nombre y del pelmazo de Kevin ¿Tú cómo te llamas?
– Annette –respondí viendo la reacción del “pelmazo” que se rió mucho antes de que finalizara – ¿De qué te ríes?
– Es muy anticuado como tú– me contestó
– Por sí no lo sabes todos me dicen Anne, no todos, la gran mayoría, pues también me llaman Meme.

Nuevamente le causó gracia e incluidos los demás se carcajearon mientras enfurecida tomé el puesto delantero y comencé a subirme por la valla.

–Era justo lo que necesitábamos, un conejillo de indias ¿Y por qué te dicen Meme?

No sabía quién fue el tonto que preguntó pero aun así le contesté.

– Me encantas, me enciendes.

Ya no se rieron, se enfocaron en subir por ella, primero fueron los dos más borrachos y después Brigitte con ayuda del empujón de Kevin, uno que me dio cólera; pero luego me revitalicé al ver la forma en que subió este.

El producto para damiselas se apresuró caminando, y nosotras “producto para caballero” nos quedamos atrás; ella no olía desagradable, más bien olía a flores. Se acerco cruzando su brazo con el mío.

– ¿A dónde vamos?
– A un lugar al que solíamos venir hace tiempo, antes era una maravilla y ahora…. ¡Ahh! –gritó dándonos un buen susto, divisé que daba manotazos a una telaraña.

Claro, Kevin vino a su rescate abrazándola y destruyendo al monstruo: una insignificante arañita.

– ¿Ustedes son novios? – me atreví a preguntarles
– Creo que nadie te han enseñado a no ser tan metiche –escandalizó Kevin
– ¡Hey! No seas así con la niña, la asustas –como si no pudiera defenderme y como si no estuviera presente – Por eso mi papá no te quiere. –confesó.
– Ni yo te dejo andar con este rubiecito. –dijo el tipo que menos habló en todo el trayecto, tan solo por traer la botella de cerveza en la mano.
– Anne, el es mi hermano Edgar Adams –apuntó a su dirección con la luz, se parecía a ella en lo rubio –Ya conoces a Kevin Witt, este tonto es George –el que me llamó cosita–
– Basta de presentaciones –nos dijo George, puso su tosco brazo entre mi cuello – ¡A lo que venimos!

Ahí, frente a nosotros la casa o si se podía decir así debido a que era bien una antigua residencia.
– ¿Está embrujada? –pregunté
– No seas infantil, claro que no, ha estado abandonada desde que mi madre era una cría, simplemente es una casa–contestó Edgar.
– No tiene nada especial –volteó a decirme Kevin – Solo trae recuerdos.

Iniciaron su parranda, excepto la única mujer, yo sin entender nada de su temperamento y los actos tan estúpidos que hacían.

– ¿Por qué estás aquí? –curioseé con ella.
– Me siento pésima, mi padres me prohibieron verlo desde antes de que su madre muriera – miramos a Kevin – Pero yo lo conozco, sé que sufre y lo único que puedo hacer para ayudarle es mi compañía a pesar de que… él piense que todavía puede ver algo entre nosotros.

No pregunté nada después de eso; ella y yo nos sentamos en el pasto solamente observando las estrellas, como si fuéramos cercanos o amigas recargó su cabeza en mi hombro. Pensaba que estaba dormida pero me susurro algo que sonaba claro.

– Si quieres ayudar a Kevin, te aconsejo que diga lo que diga, no le hagas caso.

Cuando menos creía ella se durmió y aunque se hubieran acabado las provisiones seguían actuando como tontos. Creo que pasó una eternidad, pero me arriesgué a estar a solas con esa persona que admiraba. Él se escabulló en los árboles y yo lo seguí. Estaba de espaldas y silbando.

– Me sigues acosando, niñita. –no me percaté de que… – ¿Te gusta verme meando? –…regaba un árbol.
– No me gusta
– Ya sé porque te dicen Meme, y si qué enciendes– se dio la vuelta, y se me pegó tanto que quise correr muy lejos – ¿Verdad George?

Ahora estaba junto a ese George, y no esperaba menos que ver lo que veía; se emprendió a desabrocharse su pantalón. Y ¡NO! ¡No quería que pasara!. Me tocaba de esa manera que causaba asco.

– ¡George! – vociferaron la voz de Brigitte y otra
– ¡Hola! – saludó la chica recién llegada –Mucho tiempo sin vernos.

Ella mantuvo la mirada con todos, incluida yo.

– Váyanse…– dijo – Antes de que lleguen.

Edgar y George cobardemente se apresuraron en correr antes que nadie. Brigitte le siguió, antes sujetando la mano de Kevin y jalando un tanto. Me quede sola.

– ¡Anne! ¡Apúrate! – chilló ella desde no muy lejos–

Di un último suspiro y deje sola a aquella desconocida. Anduve en ese lugar que no conocía, corriendo con todas mis fuerzas, atrás quedo el sonido de una patrulla de policías, corrí, corrí, y corrí. “¿Dónde estaba?” Me preguntaba, “¿donde está la salida?”

Me había caído accidentalmente por culpa de una maldita piedra, me dolía, pero qué más daba; luego no pude, bajé la mirada a una de mis medias que se había roto y que sangraba mi rodilla. Estuve quieta restableciendo mi respiración.

Fue un segundo o largos minutos pero enfrente de mí Kevin estaba. Me tendió la mano para ayudar a levantarme, no la acepté y me paré sin ayuda. No aguantaba estar parada, no iba a poder dar un paso.

Me maravillé, él y nadie más que él puso mis brazos entre su cuello y sin esperarlo, agarro mis piernas levantándolas.

– Agárrate –me exigió – Y cierra la boca, no lo hago por ti. Lo hago por la única persona que significa algo para mí.
Y tú para mí…

jueves, 1 de julio de 2010

Jamás Seré Cenicienta



Personajes Protagonistas:

●Mariet Bernabéu
●Shane Marshall
●TOP
●Taek
●Kim
●Nick

Género: Drama, Romance.
Amore: 2 de 5
Capítulos: Por el momento “8”
Frase utilizada: “Tal vez parezca una linda señorita pero no creas que soy igual a las demás chicas, yo te puedo sacar los ojos”

Soundtrack Oficial





SINOPSIS
La tarde en ese bello jardín era tan perfecta, pareciese ser uno de en cuento, el de su princesita. El justo cumpleaños que Mariet anhelaba, no era en soledad, en él estaban muñecas de porcelana tomando té; sus padres se podrían decir que se hallaban esa tarde junto a ella.

Cuando el ocaso se acercaba, las burbujas que llegarían al cielo, se destrozaron y con ellas, la niña que más deseaba ser cenicienta y la cual que esperaba a su príncipe llegando en un corcel blanco.

Por algo no fue cenicienta, tal vez tenga bastantes similitudes pero Mariet ya no es igual. Ella se convirtió en la malvada hermanastra.

¿Y si digo que volví…?

¿Y si digo que volví…? Alguna vez lo dije y lo repito: el tiempo sin duda pasa a gran velocidad. No estoy precisamente segura que hay...