domingo, 10 de abril de 2011

Zulidor: Capitulo 4

“El arcoíris es mi color”


Estás fingiendo decir la verdad y estás cegado por cubrir la verdad cientos de veces, por lo menos eres tú, únicamente tú, así que mírame correctamente. En este mundo eres tú, con nuestra esperanza de apreciar ese lugar especial…. No lo sabes, soy un poco diferente, un poco; mi color es el arcoíris.

*¨EDITANDO* Por mientras sí no has leído el prólogo te lo recomiendo o los anteriores capítulos.

Espera pacientemente y cuando menos lo esperes ya tendré subido con correcciones y con coherencia a los capítulos previos^^ Si deseas puedes dejarme un comentario.

LEE PRÓLOGO AQUÍ

viernes, 1 de abril de 2011

Stay With Me (2)

Esta es mi trágica historia, simplemente me destrozaron el corazón. Todavía no puedo borrarte. Sigo pensando en ti. Quiero verte y eso es tan malo. El sonido de la lluvia que golpea la ventana en mi corazón. ¿Por qué peleamos? ¿Por qué nos gusta esto? Tonta, ¿no sabes que lo único que necesito eres tú?
 0330, U-KISS



Ella: Cada día que pasa me doy cuenta que es peculiar como una hoja que cae del árbol en otoño. Lo he visto mientras no se da cuenta. Si tan sólo pudieras ver sus flamantes y diminutos ojos verdes. Cuando lo veo, siento un vuelco en el corazón. Mi meta antes de irme es hacerle sonreír. Él siente que soy poca cosa, yo lo sé y no se equivoca. Me ha ignorado desde hace semanas. Pero no importa; desde que lo supe, no he querido hacerlo. ¡Perdóname, no puedo!

Él: No me había atrevido a preguntarle a alguien el nombre de aquella chica cuyo constante pensamiento crecía dentro de mi cabeza. Desde hace 6 semanas me niego a dejarme guiar por el tonto sentimiento que invade mi esencia cuando la veo.

– ¿Tú qué opinas? –preguntó el chef ejecutivo.
– Es tan infantil. –le contesté fríamente a mi subalterno, viendo la frustrante cara de dolor de la chef Pâtissier.
– ¿Entonces? –repitieron los dos al unisonó, pero con un fin diferente.
– Sus sentimientos los deben dejar fuera de esto. Mientras nuestro bolsillo no se vea afectado, no existe inconveniente para mí.
– Eres de lo peor ¡Yo renuncio! –gritó la chica, aventando su largo mandil y desabotonando su filipina negra.
– ¿No vas a hacer nada? –bromeó mi compinche en el trabajo.
– Muchos aventurados se atreven a seguir un nublado camino, y los fracasados se regresan por donde vinieron.

Él se rió, yo no tenía ganas de aquello; lo fulminé con la mirada. Después de todo, era una ridiculez que yo defendiera a la chica porque el chef ejecutivo la hubiera insultado y esta lo culpaba a que no cumpliera mis órdenes.
Quede en calidad de satisfecho en mi expansiva oficina, recargándome en mi silla al irse los tipejos. Sólo que me hallaba, solitario. Sin nadie.

No me dejaría llevar por las emociones, eso era de gente debilucha. Como era de esperarse preferí encontrar solución de quien reemplazaría el puesto de la chef. Urgente quería tener a alguien que fuera capaz de aguantar la carga mientras conseguía a otro sujeto de planta. Por lo tanto, no perdería a clientes. Así que salí para preguntarles hipócritamente a los comensales si todo se hallaba bien y si necesitaban algo que no fuera un postre.

No soporte tanta doble cara.

Extraño, pues aunque era muy quisquilloso en la mayoría de mi complejo, había aprendido por azares de la vida, a ser tal como soy, nada de hipocresías o compasión. Y si, detestaba, aborrecía, despreciaba el 90% de la sociedad del mezquino mundo; pero se debía a que no conocía el otro 10%, empezaba a creer que ahí estaba presente la chica de mis pensamientos ¿Pero qué estupidez más grande?

Fui al baño de caballeros a refrescar mi agraciado rostro. Me miré en el espejo de marco color oro; el reflejo concibió por primera vez que un corazón solitario puede tener dentro una revolución de emociones por cierta persona de la cual no se conocía nada.
Solamente el saber que existía me gratificaba, pero por otro lado me recordaba que todo se volvería espantoso. Acabaría en la tragedia si seguía a mi corazón.

Cabizbajo puse mis manos en el lavamanos, cuando regresé a la normalidad ella salía frotándose sus rojizos ojos de la caseta de un baño. En mi espacio.

– Este es el baño de caballeros–le señalé. Por primera vez tuve la razón contra ella.
– Me equivoqué –murmuró con voz quebrada y probablemente maldiciéndose por la tontería. – Lo siento, si quieres puedo limpiar la suciedad ya que estoy aquí.

Esa chica evitaba mi vista, omitiendo mi sobresaliente existencia. Rápidamente llegó con su equipo de limpieza. Pasando de un lado para el otro como un saltamontes.

– Deja de fingir –la atrapé cuando esparcía desinfectante. Yo me hallaba atrás mirando como hacia su trabajo con pasión.

Esperé su respuesta, pero no lo hizo. Esto me desquiciaba más que nada en el mundo por lo que la jalé de un brazo y le exigí algo que ni yo entendía: “mírame”. Enfrente de mí y no me echaba un vistazo. Sus ojos fijos al piso.

– En primera estás pisándome el pie– perdí cuantas veces me ha dejado como un idiota –Hago mi trabajo – se zafó de mí y siguió haciendo de las suyas.
– Soy tu jefe deberías tratarme con más respeto sí quieres conservar este empleo –
– O si no me despedirás igual que a Ciara, ¿o no?
– ¿Con que así se llamaba la chica? Bueno, ella se lo ganó– prepotente, de esa forma lo dije. Quería demostrarle que yo era el que mandaba.
– Así se llama, aún está viva. ¿Te puedo pedir un favor?  Vete para que termine de limpiar pronto. Mi medio turno termina a medio día y quiero dejar todo bien antes de irme.

Salí con la impresión de haberla tenido cerca de mí, pero ni así me miró. Ella suele mantener la vista baja. Y cuando la alza, tiene unos mechones largos que le tapan el rostro. De pronto me obligué a olvidarme de ella. Esto no podía consumirse.

Su cabello largo y sumamente lacio, esos mechones despeinados que le cubren la cara, esas uñas pintadas de verde pistache a juego con su calzado deportivo, y el listón que usa como diadema, es clara la señal. Unos años menor que yo. Si todo se descarrilaba pudiera yo aparecer, el flamante socialité Alexander, en primera plana en un periódico por acosar a una empleada menor de edad.

No, ella era tan poca cosa para mí. Es comparable con un bonito animalito pero insignificante a la vez.

Tenia a favor que no le agradaba, entonces trabajaría para que me odiara. Le daría mi peor trato; aunque no me gustara. La dejaré de molestar, para que tenga la guardia baja y luego la despediré sin piedad.




Como no era la hora pico la mayoría se iban a comer pues estaba prohibido consumir de nuestros alimentos. Y ahí fue cuando inicié con lo que tramaba. ¿Por qué no buscar más trabajo para ella?

Por la puerta trasera iban saliendo cuando le grité a unos de los garroteros de meseros que le dijera que ella no podía ir. Puso esa linda cara de asombro, y fue corriendo a los baños. Yo caminaba triunfante detrás de ella.

Sacó de la nada, y con un pulso inestable unos audífonos. Antes de que se los pusiera una lavaplatos gritó su nombre: Suzy. La noté pálida y sus movimientos eran bruscos. Acercándome con las manos en los bolsillos, le quité un audífono de la oreja para asegurarle:

– Debiste hacer bien tu trabajo. –me salió una voz dura, probablemente le di miedo.
– Si, debí pero está bien después de esto me voy–increíble, Suzy no me dirigió unas palabras despectivas; es más, pareciera que me lo decía como su viejo amigo de la infancia.

Cuando vi que se frotaba la cara igual que una niña frustrada y suspiraba para buscar alivio. No logré resistirlo. De repente ya habían salido las palabras que no quería decir.

– ¿Suzy qué te gusta de comer?
– Ahora que sabes mi nombre podrás maldecirme correctamente. – ¿Bromeó? Lo suponía, ya que lo replicó sin subir de tono y con leves curvas en las comisuras de sus labios.


La chica trabajaba rápido, cuando menos estuve presente ella se despidió. Y para mi fortuna ya era hora de su salida. Lo tomé como un juego a las escondidas, la encontraría. No anhelaba ser su acosador pero por lo menos esto me conformaba. Además no estaba de menos después de años sin un día entre semana libre dármelo ya que nadie lo ofrecía.

Desde los encargados de la limpieza hasta el chef ejecutivo comían cerca. Su paladar no era selecto ni disgustaba de los sabores más grandiosos como el mío. Supuse que irían a un restaurante de comida rápida. No tarde en ver el carro del capitán de meseros entre el estacionamiento de un “Olive Garden”. Oculté mi mueca de victoria al momento que me vieron entrar. Se pararon de la mesa y comenzaron a balbucear falso gusto de verme.
Pero ella no estaba ahí, exigí que me dijeran donde estaba, apuntaron al centro comercial de enfrente y dijeron a unisonó: fuente de sodas.

Caminé apresurado, incluso como experiencia nueva choque con gente común, de inmediato me sacudía mi envidiable vestimenta. Hasta que vi en una esquina del enorme centro comercial con letras de neón “fuente de sodas”, tardaría mucho en encontrarla. ¿Pero qué me pico? Entraría a ese lugar lleno de máquinas de videojuegos, comida para gordos y música de fondo que repetía la misma frase en toda la canción, todo por una chica. Si, y ya tenía los pies firmes adentro.

Paso a paso, comprendí que esto no se repetiría. Desde luego que cumpliría mi objetivo, o eso creía, aunque algo en mí se retorciera.

No supe que pensar, adentro reinaba el sexo masculino, pero la mayoría eran niños jugando maquinitas de videojuegos. “¿Qué hace ella aquí?”. Suzy se hallaba jugando en una de “esas”, una de carros de carreras. Su tensa cara me aclaró que se tomaba en serio estar ahí pisando el acelerador. Me recargué en la pared un rato, observándola.

Cuando la vi dando ligeras patadas al aire por haber escuchado su fin y una tontísima canción de derrota, decidí probar e imitar su empeño en el juego virtual.

Saqué una de las tantas tarjetas de crédito que llevaba en mi cartera. Nada más anduve merodeando si alguien también traía tarjetas para jugar. Descubrí que todos metían monedas. Frustrante, las quise ir a cambiar allí mismo donde vendían palomitas, barras de chocolate, y miles de porquerías grasosas para gente como yo, y maravillas para los obesos.

Confronté con la señorita que atendía, pues no aceptó cambiármelas, debía comprar y no lo haría. Seguía defendiendo mi derecho de consumidor, la dejé balbuceando pues Suzy gritaba, y yo colapsé por dentro. Me espanté, realmente lo hice como un nuevo yo. Sin embargo me arrepentí, pues ella chillaba de felicidad. ¿Por qué a mí? Esta chica loca acabaría conmigo antes que yo con ella.
Mil veces insensata, despreocupada, chiquilla sin moral, pobre… y ahora me miraba. Desde hace mucho tiempo quise sonreír, más no lo hice, preferí dejarme llevar por su bella sonrisa que se fue desvaneciendo con mi aparición.

¿Por qué me estás ignorando? Escogió darles importancia a unos niños, pues al parecer consiguió un nuevo record. Luego se retiró de las maquinas de carreras a otra con flechas en el suelo, yo la seguí; tambaleaba su reluciente y largo cabello. Se estiró un poco, seleccionó algo en la pantalla y pisoteó unas el piso con luces. Me puse a su lado. Sabía que ella notó mi existencia pero continuaba bailando en esa máquina zarrapastrosa.

Mandé a un niño que me instruyera como se usaba, pero cuando vio que competiría con Suzy, me trató de convencer que ella era la Maestra. Debido a mi naturaleza testaruda, me importó un bledo. Esperé a que finalizara la primera ronda. Sonó mi teléfono móvil, los contesté y cuando pronunció una palabra la persona de la otra línea, le colgué.

– Ponle en fácil –dijo Suzy con una sonrisa que me reto aún más, cuando me pare a su lado en la máquina.
– Esto no está bien, eres demasiado jefe como para poder conmigo, y soportar la derrota. No me subestimes, soy la maestra del dance, dance revolution – sonaba tan “yo”, no me gustaba.
Me quité mi chaqueta y se la dejé a un pelafustán.
– ¡Oiga, no se vale, no soy su chacho!
– Ten –le di un billete de $ 100.
– ¿Qué canción quieres? –repitió sin creerse que yo estuviera compitiendo con ella.
– La más difícil.
– Bien, sí tú lo dices.

Exacto si yo lo digo se hace. Aunque no lo haya jugado en mi infancia le intentaría ganar a la reina; pero sería complicado. Antes de que comenzara, sonó mi teléfono; lo di como muerto.

La canción era demasiado rápida, y además tenías que brincar más de una vez. Suzy la tarareaba mientras yo me agitaba. No sé cómo pude zafarme la corbata. Al final, no soportaba una punzada en las rodillas, pudiera ser que se me salió el líquido sinovial.
Ella picaba mis costillas, yo volteaba a ver a las flechas que había tocado en el suelo y tocando mis rodillas; hasta que se cansó de zarandearme y puso su rostro frente a mí. Por fin me atreví a quitarle uno de sus largos cabellos mientras los dos volvíamos a nuestra respectiva altura. Balbuceé pues quería exigirle algo cuando ella alzó sus manos. Sonreía a tal punto que sus ojos achocolatados se rasgaron y de sus mejillas surgieron unos lindos hoyuelos. ¿Qué intentaba decir? ¿Se daba por vencida?

– ¡Nuevo record! Eres bueno a pesar de tu edad.

Yo no estaba feliz y menos cuando regresó a canturrear la llamada de mi teléfono. Al verla todavía con las manos arriba se me ocurrió cuestionarle:

– ¿Por qué tienes las manos levantadas?

Su risa. Nunca había escuchado algo tan bonito.

– Choca las manos conmigo, hemos ganado.

Lo hice, y es de las pocas cosas significativas que no me arrepentiría. A partir de eso, anduvo guiándome por todo el lugar. Casi no hablamos, me dediqué a verla en todas sus facetas. No lo cambiaría por nada.

Luego se le antojó comprar un helado de vainilla, se lo iba a invitar, tontamente se me olvido pedir mi chaqueta al niño y al parecer huyó.

Me crucé de brazos en una mesa, antes ordené a un empleado que la desinfectara ante mis ojos. La vi acercarse con dos helados y otras chucherías. Como era habíamos pasado casi toda la tarde aquí, no le permití sentarse, le dije que era mejor que nos fuéramos. Luego me dio una de sus chucherías cafés.

– Toma, es para ti. Te lo mereces.
– ¿Qué es?
– Un pretzel. Estoy segura que no has probado cosa tan deliciosa en tu vida jefe. –exageró en exceso lo cual me causó gracia, pero no importó. Estuve consternado, Suzy me decía Jefe.
– En este momento no estás en tu turno.
– De acuerdo, Alex.
– ¡Agh! Alex, no, no me llames de esa horrible forma otra vez.
– Entonces puedo llamarte ¿Xander?
– Por algo Rose me puso como nombre Alexander, pero ten el favorable honor de llamarme Xander.

No respondo por esto, deseaba que ella preguntara por Rose, eso significaría que le importaba conocer de mi vida. Nuevamente sonó el insistente teléfono.

– ¡¿Qué?! – respondí furioso la llamada, pare de caminar para tomar el auto.
– ¿En dónde estás? Te fuiste sin decir nada, deberías estar en la oficina de tu abuelo, y nada– se quejó la mujer.
– Sabes mejor de mi vida que yo mismo, Rose. –
– ¡Ayy hijo! ¡Velo por tu bien! Dime la dirección en que estás para que pasé por ti.
– Estoy con una chica.
– ¿Qué?... –le colgué después de soltar la sorpresa a mi madre.

Nadie más que yo deseaba que no lo molestarán. Caminando, la vi por el rabillo de los ojos; aunque temblaba no dejaba de lamber su helado.

– No traigo mi chaqueta o si no te la daría. No puedo quitarme mi camisa y dártela. –no me excusé, me reclamé a mí mismo.
– Sería sexy ver esa nueva faceta tuya, Xander.

Eso, el hacerme ver como un tonto. Me transformé de color a un rojo. No haría aquello, pero si esto. Tiré lo que llevábamos en las manos. ¡Por primera y última la abracé fuertemente!, como si así pudiéramos aferrarnos mutuamente.

– Me gustas Alexander, aunque no lo quiera admitir. –confesó poniendo sus frágiles manos en mi espalda.

La apreté mas, pensé en que si Suzy pudiera gritar solo mi nombre entre la multitud, solo la miraría a ella, a nadie más. Me soltó poco a poco. “No lo hagas”. Colocó sus manos en mi camisa, jalándola poquito y escondiendo sus ojos.

– ¿Qué sucede? –le pregunté
– Yo…–bajó la cabeza, dio un paso atrás y se sobó las manos. –No puedo estar contigo.

Ciertamente no esperé una confesión deplorable. Yo sabia que Suzy no me gustaba, era algo más fuerte que las palabras. Me sacó de mis casillas que ella no fuera capaz de luchar por lo que deseaba, y más si todavía no comenzábamos algo.

– ¿Crees que yo, acabaría con alguien como tú? –me exalté– Nunca ha sucedido nada entre nosotros. Sólo eres una más del montón. Qué mal que te gusté pues tú a mí no –Claro que Suzy no me gustaba, eso jamás causaría este dolor.

Ella cabeceó levemente su cabeza. Al término, se sostuvo el mechón que siempre estorba su rostro; en sus ojos se notaba el sufrimiento. Fijó la vista, y pareciese que quisiera decirme miles de cosas. No capté que siempre ha tenido una cara de tristeza. ¿Asintió? No, era más como una respetuosa inclinación de cabeza.

– Fue bonito conocerte ─

Se dio la media vuelta, y se fue corriendo con destino desconocido. Su cabello brillante, largo y despeinado a comparación con las mujeres plásticas que lo matan con la plancha, se movía de lado a lado por su espalda baja. Suzy camina moviendo sus caderas, y como si corriera para alcanzar el cielo.
Aún si vivimos en mundos diferentes, si no pensamos lo mismo, y nunca la pueda tocar, Suzy sería aquella que recurrió a un grato sentimiento, para hacerme feliz por un instante.




Comentarios personales: Para ti de mí♥

domingo, 20 de marzo de 2011

Stay With Me (1)



Por favor solo esta vez no des la vuelta. El susurro del viento nocturno… está tan cerca que casi lo puedo tocar. Te estoy contemplando. Siempre, siempre te amaré. No pasa nada si mi amor no se vuelve realidad. No pasa nada si me lastimo. No importa cuántas veces [ocurra], yo quiero contarte: quiero llegar a ti.
 Kimi ni todoke - May's




ELLA: Siento esa gran necesidad de sacarlo ¿Te lo puedo contar? Supongo que sí; fue en un esplendoroso 14 de febrero, ya sabrás: no quise impedirlo, y lo peor es que nunca pensé en hacerlo.

David tuvo que decírmelo después de una docena de rosas rojas, de unos tremendos manoseos, y ahora que lo pienso un escaso mes de relación. Pidió que avanzáramos un paso adelante. Lo veía sospechando desde que me confesó que no era virgen, y yo sí, qué más da, tuvimos relaciones cuando menos lo esperé.

Por eso cuando crezcas te contaré todo lo que quieras y entre ello como te descubrí. Estaba con David en el ratón loco en un parque de diversiones que está a dos horas. Ese día no fui a la escuela solamente para enfrentar mis miedos a los payasos, sólo que terminé vomitando en sus zapatos. A los días no fui al doctor aun cuando me alarmé esperando a que tuviera mi periodo, y jamás se acerco; lo que me quedaba es ir a la farmacia y… entonces supe que estabas llegando a mi vida.

ÉL: ¡Estoy tan harto! Es increíble que no pueda dormir, doy una y otra vez vueltas en la cama. Hace un espeluznante frío y lo único que deseo es poder refugiarme en el sueño. Pero eso no ha sucedido desde que estoy aquí.

En realidad, esta ciudad es desconocida para mí; acabo de graduarme en administración de empresas en Australia, pero hace más de dos semanas que he regresado para encargarme de mis responsabilidades. Ahora tengo que llevar con lucro el negocio familiar en el restaurante de mi padre.
Soy apto para ese puesto y para mucho más; eso no se cuestiona. Nací para triunfar, así de simple.

Vamos, respiro contando hasta el número 10 y finalmente:

– ¡Uno! – Bajé y subí al instante– ¡dos! – Hice otra lagartija.

No me quedaba más opción que practicar mi rutina de ejercicios. El reloj marcaba las 3 de la mañana y tenía planificada mi vida hasta que falleciera.

Ya aparecían ojeras en mis parpados. Mis ojos no eran muy grandes de por sí, y ahora eran minúsculos y sostenían la vaga esperanza de algún día no muy lejano cerrarse.

Por fin terminé mi rigurosa rutina en mi habitación. Cambié mi pijama por un traje deportivo bastante caro, de un color morado.

– ¿Se le ofrece algo joven? – indago cuando me vio salir del departamento.
– Si mi padre llama dile que…– mire su expresión de compasión, ambos sabíamos que no lo haría. – Olvídalo –continué– Haz lo tuyo.

Anduve pues, estirando mi agraciado cuerpo. Lo sabía. El destino nunca ha se ha equivocado y mucho menos al crearme en el vientre de “Rose”. Fui su bendición aunque en mi fomentada opinión, ella no merecía semejante regalo.

Detestaba que me dieran indicaciones, exceptuando a aquel que pudiera estar a mi inalcanzable altura. Por lo tanto no tenía un entrenador personal, tampoco iba a un gimnasio ya que encontré alguna vez un sitio para mujeres esperando verse bien, algunos hombres obesos y jovencitos creídos por un poco de musculo en sus brazos.

Ahí estaba trotando entre las calles de un lugar desconocido. Siempre miraba hacia adelante. No obstante por primera vez desde que me convertí en Alexander, el hombre que soy… aquello llamó mi atención debido a contemplar una cara familiar. Éste llevaba toda su vida siendo la piedrita en el zapato de mi padre.

Torcí el gesto aun trotando. Inmediatamente sonó mi teléfono celular. Me detuve, lo contesté con un riguroso silencio.

– ¡Buenos días, querido! ¿Me podrías hacer un favor? –

Era mi tío, el mismo que le había pasado a un costado hace unos segundos atrás.

– ¿Qué? –me quejé en un suspiro.
– ¿Andas de azul?
– Es morado– repliqué molesto
– Hijito – me pareció repugnante esa palabra – Estoy consciente que tu padre no necesita personal –una pausa desesperante – Ayúdame en esta, ocupo que emplees alguien, por favor.

Este viejo ¿quién se creía? Confirmé que al otro lado de la línea figuraban sus ojos sonrientes. Sin embargo, si mi padre se enteraba que le hacia un favor, me desheredaría. Algo que tomaría como un gran reto.

– Sí realmente es necesario el dinero dile que limpie los pisos del restaurante. –ordené y colgué.

Mi deslumbrante ser se quedaba intranquilo pues esta zona era de tan baja clase como para que el viejo estuviera por aquí. Como encubierto, regresé a donde lo vi. Permanecía parado. Me miró y movió su palma para saludarme. De ahí me ignoró. Estaba al pendiente de una mujer, yo observaba su diminuta y delgada espalda, no sé qué hacían. Pensaba que era una más del montón hasta que la abrazó. Entonces me fui.




Luego de la refrescante ducha me propuse combinar mi vestimenta. No soy un modelo, tampoco un diseñador, pero soy una persona con sentido inigualable de elegancia y glamour. Mi cinturón y mis zapatos italianos combinaban. Mi traje de oficina estaba a la justa medida y mi camisa bien planchada.

Ahora bien, dudé cual de todos mis fulgurosos carros escogería para ir al trabajo. Al poco tiempo decidí usar el que estuviera a juego con mi corbata.


“Invierno”. Este frío invierno que te da escalofríos y ganas de abrazarte a ti mismo. Vivaldi supo lo que hizo con su “invierno” pues mi quijada la tarareaba. Si la abría, vapor saldría por ella.

Sé podría decir que yo era igual que un novato más desde que nací no habría otra opción para mí, ese fue el objetivo de mis padres. Sin embargo hoy me tocaba dar órdenes y encargarme del trabajo sucio personas que quisieran arrebatarme mi puesto, o en su defecto mi dinero.

Ya que mi abuelo es dueño de un hotel de lujo, que heredaremos pronto, si todo sale como lo previsto mi padre y yo.

– ¡Buen día señor! –saludó la hostess

Ignoré su educado gesto y seguí hasta mi oficina en el segundo piso. Yo conocía los modales, solo que no los usaba con todo tipo de gente. Sin embargo le indique con un gesto que me siguiera.

– Traume unos huevos benedictinos, con pan francés y un café americano con una de azúcar.
– El chef no ha llegado. –dijo preocupada la empleada con uniforme entallado.
– No me importa cómo te vistas en tu casa, este es un restaurante de cinco tenedores. Así que es irrelevante, no sé ni quiero saber si está el chef, quiero mi desayuno –miré la hora en mi rolex – ¡En 15 minutos!

La miré crispada de la rabia y con los puños rojos. Sabía lo que pensaba y pobre si lo hacía.

– Sé cuando mi comida tiene algo fuera de lo normal, si le escupes, dejas un ingrediente en el piso, o le echas un fluido corporal o nocivo. –

Conocía la ley “no te metas con el que maneja tu comida” después de ver a varios meseros hacer pagar a los comensales con su comida. Mas valía prevenirla de una vez por todas. Igual sabía que con mi advertencia no lo haría.

Nunca había dejado que alguien me dejará con un rugir de estomago. Tendría que haber llegado el chef italiano hace tiempo, ya era casi la hora de que abrieran. Si ellos creían que me iban a acorralar para que desayunara en esa cosas, como les decían los mediocres, ¡ah, si! McDonald’s escogieron a la persona equivocada.

Escuché unos ligeros pasos, cuando me levanté. No eran exactamente los tacones de la rubia.

Me quede atónito. Desconcertado. Boquiabierto. Muchas razones para sacarme de orbita. No llevaba al pie de la letra el uniforme, más bien lucía desaliñada. Shock. No me dio los buenos días ni pidió permiso para pasar. Dejó la charola con comida aventando mis papeles que se hallaban en el escritorio. Y no me miraba, como para que yo la fulminara con mis feroces ojos.

– ¿Estás en tus cabales? ¿Sabes quién soy para empezar?
– Claro –respondió viendo al piso y poniendo su boca como si quisiera chiflar.
– Entonces…
– Me hablaron mucho de ti – interrumpió – Eres Alexander, el jefe ¿se te ofrece algo más?

Desde hace años nadie me trataba así, y yo no reaccionaba de esta manera. Aventé con cuidado de que se me saliera más mi agresividad, la comida al piso.

– Hay niños muriéndose de hambre. –respondió inmediatamente al sacar un limpión y recogiendo mi… no sabía cómo llamarle.

No creí que alguien lograra hacerme cambiar de opinión en tan poco tiempo.

– Déjalo. –dije más tranquilo poniéndome a su lado, ella desde abajo miraba mis zapatos. – Dile a la de la limpieza que venga y se encargue de esto.
– Yo soy la persona de la limpieza. –repitió suavemente.

Jamás había dicho algo tan tonto. De pronto hacía mucho calor, me dieron ganas de aflojarme la corbata. Observé sus uñas pintadas con esmalte rosa fucsia. Nuevamente ¿de dónde salía esto?

– Dile a tu compañera que venga en tu lugar –aseguré viendo sus finos mechones de cabello que caían por su rostro, tapando su visión. Y agrandando mi duda de cómo era ella.
– Ya estoy aquí. No lo hagas–

Pero no quiero verte, como tú a mí.

Iba a olvidarme de su existencia, durante un rato lo conseguí mientras ella trapeaba y barría el suelo. Pero algo no me lo permitía. Sentía ansiedad pues le hice caso y no insistí. Necesitaba grabar su rostro para no olvidar quién fue esa que osó confrontarme.


Patrañas, le exigí que se retirara. Para sorpresa mía ella se espantó cuando alcé la voz y por primera vez nuestro panorama chocó. Esos largos mechones le cubrían parte de su bonito rostro juvenil. Tuve ganas de ir a quitárselos.

Ella ya me daba la espalda, con ademan de irse solamente que vio un pedazo de plato tirado, lo levantó. Y se fue, aunque yo estaba al tanto que se había cortado. No hice nada pero sentía algo.

Sin que me diera una palabra ya había captado mi atención. Y quería mantener esa sensación dentro de mí… por mucho tiempo.

ELLA: Hoy lo conocí, es tal como lo describieron. Parece ser el tipo que si pudiera renacer lo haría en una hermosa flor arriba de la cima de una montaña. Para que lo contemplen y nunca lo alcancen. Es arrogante y mandón, un ogro para todos. Pero para mí es un niño malcriado que desea cariño. Solo tengo que soportarlo hasta que me den la herencia. Sueno como él, pero tú y yo no estamos solos. Nos tenemos mutuamente.

sábado, 19 de marzo de 2011

Mini historias


Miro el cielo para ver dónde estás y pienso que tal vez, tú y yo lo mismo podemos ver. Mis sentimientos te alcanzaran. En mi corazón lo guardo siempre, y en el futuro ha de florecer el sueño será una realidad. No habrá distancia que nos pueda separar. Y la inocencia nos dará la fuerza que nos unira y surgira con tu sonrisa la luz.
Gracias Japón y Dios por esta canción: Digimon 4 Ending ^^


Mini Historias de Juliette World, my beautiful World :
[o pensamientos que salieron de verona]

lunes, 14 de febrero de 2011

Ahh Valentine (?)



Alguna vez he dicho que las amo, en serio agradezco que se pasen por mi blog aunque mi prioridad no es cuanta gente lo lea... bueno me he salido del tema ;D

Solamente quería decirles -más bien- desearles un feliz día, estoy más que segura que no en todos los países se festeja esto, pero aún así como también es día de la amistad, pues diré que las amo "folowers", y no por solo tener alli la imagén en la sección sino a todos lo que entran y no hacen cara de "Fuchi" *Vease: asco, waaak o un gran Guacala*


Pasensela muy bien!

Antes de irme, me confieso, tengo como 2 historias nuevas para subir, y no son de un sólo capítulo, no entiendo cómo pero así es; esperen por ellas (hahaha yo me entiendo)y veran mis grandes... no sé qué.

Merci por todo [según aprendo francés, assh sueno muy presumida :P no me hagan caso]

QDLB!♥

miércoles, 19 de enero de 2011

Jamás seré cenicienta [Capitulo 2]




CAPITULO 2 “Siguiendo el curso”


Amor es dolor para todas las personas con un corazón roto. Estoy tan arta de las canciones de amor, si, odio las malditas canciones de amor...


Por supuesto era toda un ofensa pensar lo contrario, esto iba más allá de mi desagrado e indudablemente contra atacaria, sin embargo en mi autocritica no me consideraba una mujer agresiva… al menos que me hicieran algo. Aquel era mi lema y no lo aprendí en algunas clases de taekwondo.

– ¡¿Quién te crees tú para tocarme?!– le reclamé todavía en shock después que hizo lo inmencionable.
– Disculpa–repitió con sarcasmo mientras me daba un golpe en la frente con dos de sus dedos. –Pensé que estabas lastimada, y además… –se cruzó de brazos y siguió excusándose– …con Shane no se juega cuando me ordena que haga algo.
– ¡Ahh! ¿Sabes? –refunfuñé sacudiéndome los muslos después de estar en el suelo – Esto no tiene caso, es mejor que simplemente me vaya lejos. – quería irme pero al cruzar nuestras miradas, vi algo que no podía describir, era algo tan diferente, era como, no me salía el querer saber verdaderamente lo que era esa… la sed de venganza.
– Me dijeron que puedes hacer cualquier cosa –
– Pues se equi…–le interrumpí
– ¡Ahora me escuchas! –gritó perdiendo la calma. Yo no le temí, sólo suspiré y rodé los ojos esperando a que el chico continuara. –Tú puedes matar, secuestrar, amenazar, robar, en fin casi cualquier cosa ¿por qué no haces algo? – pareció abatido, pero supongo que al verme recordando todo lo que hice continuó – ¡Estoy tan aburrido, chica! –suspiró dando uno patadita al aire –Annabelle nunca se mete en problemas sólo se la vive en casas hogares, hospicios y fundaciones de beneficencia.
– Qué bien –dije levantando mis palmas y sonriendo fanfarrona – Espero que la princesita tenga una larga vida ayudando a quienes los necesitan.
– Yo soy un chico tranquilo, simpático y buena onda con las chicas ¿lo ves? –me guiñó el ojo– ¡Pero tú me sacas de quicio!
– ¿Qué querías? Dímelo si tanto quieres, soy una mujer, y cómo tal dramatizo el mínimo rasguño. Yo en realidad puedo caminar por mi misma, sin tu ayuda. –así que me di la media vuelta aunque tuviera un dolor en una de mis piernas.
– ¡Te va a caer una maldición a ti y a quien más quieres, nunca serás feliz por ser como eres!
Me giré rápidamente para hacer cualquier cosa en mi defensa, pues no iba a soportar nada más insultos. Pero fue tan tarde para algo semejante a lo que pensaba hacer.
– Basta– ordenó Kim sin perder su seriedad y sujetando mis dos manos –
Bryan se nos acercó en unos segundos, llegándome con una cara de “sabia que no llegarías muy lejos”.
– Sabia que no llegarías tan lejos – dijo Bryan limpiando sus gafas.
– ¡Compórtense, par de niñitos mal educados! –mandó Kim mirándonos a los dos, Bryan se irguió rápidamente –
– Sí, como ordenes –dijo esté viendo a su altura derecho a la nada–
– Mariet, él es Bryan y aunque no lo creas será tu guardaespaldas –

¡Aja! Si ¿y con esa apariencia tan…? No era solo que se vistiera muy juvenil, de acuerdo a su edad, puesto que Kim y los demás que había conocido eran jóvenes pero Kim por supuesto que sabia que él también era guarura pues si se vestía como tal, pero Bryan… era todo lo contrario.

– Y yo soy Kim y es todo lo que debes saber, yo me encargó de cuidar a tu hermana.
– Ni se te vuelva a ocurrir decir que es mi hermana–exalté desfigurando el ritmo de mi respiración– Yo no soy nada de ella. – casi susurré
– Solo espera y veras las sorpresas que te esperan –me espantó el hombre de voz grave y de elegante apariencia atrás de mí, ese acompañante de la loca que me llamaba “hermana”–Alguien me puede dar una explicación de porqué se tardan tanto. –ahora estrujaba mis hombros.
– La causante es esta chica –dijo Kim cruzándose de brazos.
– Ella desde el principio no ha querido cooperar. –le siguió Bryan.
– Déjenmelo a mí – les dijo el chico de voz grave para decirme fríamente – ¿Qué es lo que quieres?
– Para empezar ni siquiera sé en dónde estamos. –me quejé volteándome a verlo para encararlo.
– Eso es claro, estamos en un callejón en medio de unos departamentos abandonados, ahora bien ¿vienes? –dijo algo aburrido jalándome de la muñeca.
– No es eso exactamente lo que quería saber–protesté quitándome su mano –además ¿A dónde se supone que vamos?
– A donde va ser tu nueva casa –me respondió fríamente sin mirarme. –me estás colmando la paciencia ¿ya? –ahora sí me observó, pero como si fuera basura.
– ¿Y yo qué gano si voy?

Inmediatamente me tomó de la mano, me sobresalté no recordaba cuando fue la última vez que alguien hizo eso; no obstante mis sentimientos desaparecion ya que no fue lo que esperaba sino que puso algo en la mía.

– Son $1000 billetes pero si todo sale bien se harán más, y si te comportas se te triplicara, aunque si los aceptas ya no te podrás echar para atrás.
– ¿Y por qué confiarías en que alguien “como yo” respete el trato?
– Porque nadie juega con alguien “como yo”.
– No me van a hacer algo malo ¿verdad? –cuestioné dudosa.
– ¡Disculpa! –sonó ofendido –Escúchame atentamente, no nos conoces perfectamente, a pesar de que por lo que sé conoces nuestros nombres.
– Él tuyo no. –le reclamé
– Soy Shane, no lo pienso repetir, ya lo habías escuchado. –dijo a regañadientes.
– Un consejo, no le interrumpas, no sabes las cosas que puedan suceder con Shane. –me aconsejó Kim susurrando en el oído con una ligera preocupación.
– Como iba antes de que me interrumpieras, tú solamente tienes que seguir la corriente, no digas comentarios que no vayan al caso, y no, ni lo pienses, no se te ocurra, no llegues a concebir en tu cabeza el insultar a Annabelle.
– ¿O qué? ¿me las veré contigo, Shane?
– ¿Quién te dio permiso de tutearme? –explotó asiendo muchas caras extrañas pero más que nada de furia –
– Tú me tuteas
– No se te ocurra volver a hacerlo, y a todo esto no lo me haz dicho cual es tu respuesta.
– ¿Ella es rica? –pregunté algo estresada.
– Tiene bastante dinero. –comenzó a mover uno de sus pies – Sigo esperándote.

No entendía nada, y lo que más me inquietaba era saber de donde sacó la princesita que era mi hermana, si yo no tenía padres. ¿Por qué a ellos les importaba tanto que los siguiera? Y después de todo, si algo tuve claro en medio de un callejón que olía a comida rancia y donde se escuchaban a lo lejos sirenas de patrullas de policía, era que ya no me quedaba dignidad.

– Está bien –dije finalmente, y acariciando discretamente el dinero con las manos en mi espalda. –acepté el trato.
– ¡Al fin! – gritó Bryan guiñándome el ojo.

Entonces se despejó lo que alguna vez espere, esto, totalmente diferente a lo acostumbrado me esperaba ansiosamente.

Observé cuidadosamente como caminaba antes que nadie Shane hablando por su móvil; después Kim le alcanzó susurrándole algo y al parecer los dos se hallaban celebrando con apretones de manos, mientras los veía y caminando de reversa el castaño con nombre de chica repitió a Bryan pero viéndome “tráetela”.

Mucho antes de lo que pensé Bryan ya se encontraba de cuclillas a mi lado, inhalando y exhalando como si el aroma fuera algo grato.

– ¿Y tú qué haces en esa posición?
– El auto está a dos cuadras, allí nos están esperando.
– No entiendo.
– Simple, pon tus manos en mi cuello.
– ¡Agh! ¡Aléjate de mí!
– ¡Eyy! –replicó parándose –Mariet, tranquila yo, como ya escuchaste, soy tu guarura. No es exactamente que me importes o algo por el estilo
– Y eso que tiene que ver con que quieras hacer… eso para llevarme.
– Estás cojeando de un pie.
– ¿Y a ti qué te importa? ¡Es mi pie!
– Bien, lo intenté – repitió para él mismo –ven sígueme.

Tomando un enorme suspiro, tragándome mi orgullo, y olvidándome por última vez de quien fui. Di donde traía bastantes moretones en una de mis piernas, y como si fuera normal, para igualar el dolor, me di un puñetazo en la otra, evité gritar, con ese grito de dolor reprimido fue mi motor para caminar normalmente.

Bryan no alcanzó a notar lo que hice pero cuando llegó primero a la esquina se cruzó de brazos y me miró extrañamente.

– No te pareces ni un poco.
– Si– dije siguiéndole – Es bastante obvio que Annabelle es rubia ojiazul y yo, castaña de ojos verdes.
– No, bueno si… y no, o tal vez si. –

Se enredó con sus propias palabras y después de un tiempo variante quise sonreírle pero lo evité saliendo victoriosa, ya que luego puso sus manos en su cuello como ahorcándose. Ya estaba distraída para cuando habíamos dado donde se hallaba un carro, me quede anonadada estaba enfrente de una limusina.

Torcí mis gestos:

– Típico, chica rica que solamente sale con sus guaruras y con una limo. –suponía que lo escucharon por su reacción, aunque lo había dicho para mí misma.

Yo esperaba que Shane se subiera primero que yo; me percaté que llevaba un audífono en su oreja. Me sonrió, por supuesto siendo un hipócrita con esos ojos de color miel brillantes, y abriendo la puerta de la limo dijo “adelante, señorita Mariet”.

Me hablaba a mí ¿verdad? Está bien, me repetí, no puedo ser tan tonta, por lo que me subí ignorando lo anterior y suspirando. Dentro se encontraba mi… ¿Cómo se le llama a esas criaturitas molestas?, con la pura cara de preocupación, y en ese momento se cerró la puerta.

– Pensé que nunca subirías, realmente me preocupaste. –comentaba con su dulce voz mientras yo miraba en los cristales polarizados que los que conocí se iban a otro coche.
– Si, que bueno. –saqué toda distraída.
– Hermanita –me tomó de la mano– Ya deseaba que nos reuniéramos ¿nadie te obligó verdad? Le dije claramente a Shane que no…
– ¿Qué es él de ti? – pregunté sin verla
– ¿Shane? –asentí, y ella se mordió los labios– Veras, voy a confiar en ti, ya que eres mi hermana mayor –se acerco, y puso su cabeza en mi hombro–Él es muy especial para mí, Shane comenzó siendo mi guarura y lo bueno es que lo sigue siendo, cuando lo conocí me enamoró esa hermosa sonrisa que tiene y sus ojos ¿Los has visto? Son tan preciosos. Pero en fin, nos queremos Mariet, creo que lo amo aunque obviamente jamás se lo he dicho.
– ¿Tu guardaespaldas es tu novio?
– Más que eso, hermanita, ¡somos amantes!.
– ¿Tus padres saben? –solté intentando de contener la sorpresa, ella lo negó con la cabeza y una cara de animalito triste.
– Es nuestro secreto, nos vemos a escondidas cada que podemos.
– En serio él se te declaró.
– Sí –afirmó Annabelle sonriendo como una niña abriendo un regalo– Nunca había ido a un Burger King y él me llevo a escondidas de mi padre. Me acuerdo que dijo que iba a ir al baño y después, puedes imaginarlo.
– Muy lindo –dije fingiendo sentirme feliz por ella– ¿Cuántos años tienes?
– ¿Yo? Bueno, en dos meses tendré dieciocho.
– ¿Qué? Estás demasiado joven.
– Jamie y Landon en A walk to remember se casaron jóvenes, también Allie y Noah.
– ¿Quiénes son ellos?

Fue ahí cuando temía que lo hiciera, me observó de los pies a la cabeza e hizo una expresión de desaprobación.

– Ya casi llegamos– me dijo brincando en su asiento pero claramente siendo un poco hipócrita pues pareciese que me quisiera decir “Tú qué sabes”.


Todo fue tan rápido y deprisa, que apenas divisé el preciso momento en el cual llegamos, pero, no imaginé, era un hotel. Y el mismo tipo del que habíamos hablado, detuvo la puerta: Shane. Yo bajé primero, luego Annabelle, los dos sonrieron y éste le besó la mano.

Nuevamente ese tontísimo dolor en las piernas, para colmo creo que me dolía más la que yo me había golpeado. Igual, lo soporté creyendo que no podría. Andaba cuando hallé la suspicaz mirada de Bryan: directo a mis piernas. Me tapé con una de mis manos los ojos, increíble -pensaba- él traía su traje de guarura.

Giré y vi como Shane y esa criaturita inocentona se daban miradas tan “enamoradísimas”, de cierto modo tenía ganas de vomitar al verlas.

– En la noche tenemos una cena, para que mi padre te conozca. Por mientras, Bryan y Kim te van a llevar a tu habitación, está cerca de mi suite. Shane y yo nos adelantaremos –me dijo tranquilamente, luego continuó a los anteriores– Cuiden de ella, por favor.
– Si, señorita –contestaron los dos.

Como avisó aquellos se fueron con aire de querer detener el tiempo para seguir juntitos. No me hallaba feliz y no entendía perfectamente porqué.

– ¿Celosa?– me susurró Bryan.
– ¡No! –dije cantándole –
– ¿Entonces por qué te pones así?
– Por supuesto que tengo pretendientes, inclusive un novio… aguarda ¿por qué me miras de esa forma? ¿no me crees?, y piensas que finjo lo de tener un novio.
– Ya par de nenes, caminen. –ordenó Kim cortando la pelea.
– Los sigo. –anuncié abriéndoles paso, y por fin poder hacer un par de muecas por el dolor.

Ellos iban delante de mí, yo caminaba lento pero seguro pues de un pie cogía y el otro casi no lo podía mover. Cuando Kim o Bryan volteaban a mirar si seguía, yo me detenía para que no me vieran que batallaba, además de darles unas miradas feas.

Me estaba cansando, ellos casi llegaban a los elevadores y yo continuaba en la recepción del hotel, después de todo llamaba mi atención por rimbombante. O bien me costaba asimilar que si no fuera por “la princesita” no pisaría aquellos deslumbrantes pisos por una casualidad.

– Señora –me dijo alguien, lo vi y supe que era de las personas de limpieza, por el carrito que llevaba –Si usted no lo sabe, este lugar es exclusivo de clientes, si me disculpa le sugiero que se retire de la manera mas atenta.

Eso me hacia querer golpearlo en la cara, pero como dije no soy nada violenta, bueno creo que mi concepto de “violencia” está distorsionado.

– ¡Mira, mamá allí hay una vagabunda! –repitió un niñito apuntándome con el dedo.
Le saqué la lengua sin que me viera su madre, y para mi augurio comenzó a llorar.
– Váyase –insistió el trabajador siendo terco, después de sucedido aquello–
– De acuerdo, ya que insiste…–me decidí a irme, no era mi intención fallar a mi palabra pero prefería salirme a que me sacaran.
En eso me tope con un sujeto que me paro en seco por los hombros, yo le llegaba un poco mas arriba de los hombros por lo que estuve demasiado cerca viendo su boca.
– Ella viene conmigo, le sugiero que no la moleste. –colocó una de sus manos en mi brazo, y lo apretaba–Es como todos los clientes de por aquí. –terminó su frase
Pareciere que él -Shane- me abrazaba, nada más que sabía a la perfección que era para jalarme como un animal, controlando la velocidad de nuestros pasos.
– No le digas a Belle que… lo de tus piernas. –me pidió
– ¿Y qué se supone que haga? –lo hubiera aceptado a la primera pero era una exigencia muy clara.
– Reanuda tu actuación, finge que no sucede nada; como lo haz hecho hasta ahora.
– Esto te va a costar muy caro. –le dije sonando indecorosa.
– Lo sé.

Bryan y Kim se hallaban a las afueras del elevador, queriéndome fulminar con la mirada. Los ignoré viendo a otro lado, gracias a que mi cabello me cubría la mitad de la cara. Al mismo tiempo de que me soltó el tipo, se entreabrieron las puestas del referido antes.

No se hallaba nadie más en éste. Ellos se pusieron justo enfrente impidiendo que mas gente pasara, así que a sus espaldas los miraba como hablaban de mí.

– ¿Era tan difícil traerla? –preguntó sarcásticamente Shane.
– Oye, creo que ella sube en el próximo piso.
– Si –suspiró–

Los tres se comportaron primera vez, hasta manteniendo el silencio por poco pues se abrieron las puertas. Intuí de lo que se trataba. No había nadie del otro lado, cuando se iba a cerrar apareció; no observaba mas que su sombrero de plumas, ya que los tres eran altos y no me dejaban ver. En realidad, no hubiese querido que me dejaran ver cual era su rostro.

– ¿Cómo has estado, Mariet? –preguntó esa señora tan diferente a la última vez que nos vimos, mientras me alejaba lo más que podía de ella como si fuera la peste. –Yo soy la que debería alejarse de ti ¿desde cuando no te bañas? –cuestionó con su voz mojigata
– Pregúntales a ellos. –respondí secamente.
– No seas igual de bastarda que tu padre.
– Soy igual que tú.

Se arreglaba el maquillaje, pero aquella respuesta la consterno cerrando el espejito dorado de un golpe. Me quede sin hacer nada para defenderme cuando me agarró del cabello con sus uñas.

–Escúchame bien estúpida, no por nada soy tu madre. –me aconsejó con los dientes apretados y bajando mi cabeza casi por el suelo– Me vas a hacer caso de ahora en adelante, o sabrás de lo que soy capaz...

Continuara...
ya sabes que es para ti Dios
.

viernes, 7 de enero de 2011

Desafío que me he propuesto


Me faltaron demasiados libros por leer el año pasado, pfff entre ver k dramas, escribir, leer, seguir mi vida es difícil, pero me he puesto éste desafío y espero cumplirlo. Ojala puedan entrar es divertido y emocionante si eres competitiva, como soy floja e irresponsable no me emociona ni siento adrenalina ¡aunque quiero cambiar! Por lo que esta es una buenísima oportunidad (:

¿Y si digo que volví…?

¿Y si digo que volví…? Alguna vez lo dije y lo repito: el tiempo sin duda pasa a gran velocidad. No estoy precisamente segura que hay...