lunes, 3 de mayo de 2010

Erase una vez nosotros #Capitulo 1

CAPITULO 1: Antes del nosotros, estuvo el “YO”




Mi corazón magullado me está gritando que te encuentre ¿dónde estás exactamente? ¿no puedes escuchar mi voz? Incluso si vuelvo a nacer. No importa cuantas veces renazca no podre vivir un sólo día sin ti. Tú eres la única que protegeré, la única que yo amaré . 
It has to be - Yesung


Sube, baja, vuelve a bajar y de nuevo sube, constantemente sin perder el ritmo. Esta aburrida explicación del teorema de Pitágoras si que era tediosa; capaz de hacerme bostezar varias veces. Al fin sonó el timbre anunciando que terminaba la clase. Yo estaba más que feliz así que me lancé a mi casillero mientras chiflaba.

Unas manos me taparon los ojos por detrás, delicadas pero grandes manos. Indudablemente era él.

─ ¡Hey, deja estas boludeces! – exalté sonriendo

─ No seas así de tonta –dijo permitiéndome mirar. ─ ¡Feliz cumpleaños! – recitó en un intento de que el mundo lo supiera.

Chocamos las manos, nuestro original saludo que le había enseñado. Comenzamos a andar por el pasillo, Jim y yo como siempre para ir a la cafetería a disfrutar el poco tiempo que pudiéramos estar juntos.

─ ¡Meme ya no eres una niña! Al fin 15 primaveras ¿Qué se siente? – cuestionó deteniendo su desentendido paso antes de abrir la puerta. Me decía Meme, aunque no fuera mi nombre. El repetía como un cotorro “eres mi Meme porque Me encantas y Me enciendes”.

─Déjame pensarlo – miré directo al bote de basura para aventar mi goma de mascar –Ahorita siento que se me va a acabar el mundo sino trago algo de comida, pero normalmente –al fin entramos; continúe éste asunto más seria cuando nos plantamos en la fila por comida – Siento que éstas cosas van creciendo, ya sabes un día amaneces toda plana y al siguiente ¡Pum! Ves curvas por aquí y por allá –contesté sentándonos en una de las mesas más lejanas.

─ Deberías reservarte ese tipo de comentarios, se te olvida que soy varón. Mi mente vuela a mil por hora, querida.

─ No llegará muy lejos. Además, Jim, ¡vamos hombre! No actúes cómo si no supieras que así soy yo.

─ ¿Podrías dejar de hablar con la boca llena? Es desagradable y poco educado…. –Acongojado me manifestó su punto de vista.

Me miró mandándome una onda de destellante furia tras sus oscuros ojos; le gané en menos de un “En sus marcas, listos y fuera”.

Jim, era esa clase de chico que no encuentras en las calles. Podría decirte que eres una vil cualquiera, pero con una delicadeza que hace que pienses que es el más hermoso del planeta. En sí, él había cambiado desde que lo conocí.

Él limpiaba sus lentes cuidadosamente y después de masticar mi manzana, lo observé estupefacta. ¿Por qué no podía actuar y salir su verdadero yo con otros? Tal vez porque éramos un fenómeno en la sociedad en que vivíamos. Y aun así, sin importar nuestra rareza, la gente le seguía atrayendo más la apariencia, la cual nos mostraba como los raritos.

─ ¿Sí tienes esa cara tan buena por qué no tienes una nena? – le resoplé en su frente masticando mi manzana.

─ Novia, Anne, se dice novia –sonrió volviéndose a poner sus lentes ─ ¿Ya probaste mi cara para saber que está tan buena como dices?

─ En ese caso tendría que probarlo.


Muy decidida, le di la vuelta a la mesa para estar frente a él, y con un golpe lo tumbé de espaldas en el asiento, mi ataque comenzó e inicié una guerra de chupetones por toda su cara. Él en lugar de ser un aguafiestas (cómo antes) y decir que parara, se rió a carcajadas.

─Puedo decir que si. Es bastante sabrosa– confirmé todavía arriba de él

─ ¡Meme! –repitió gimiendo inesperadamente ante mí

─ ¿Qué? – cuestioné sentándome a su lado y volviendo a poner mi concentración en la manzana.

─ ¿Siempre tienes que llamar la atención? Bueno olvídalo, ya conozco la respuesta así que mejor digo esto antes de que quiera arrepentirme, ¡Ten!

Básicamente le di una mirada de reojo y agarré el papel que me pasaba. Ojala fuera lo que pensaba, ¡Oh por la varita de Harry Potter! Si lo era…

Jim, era un excelente dibujante, cuando lo conocí no hacía más que estar pegado a su cuaderno y garabatear en él, eso pienso ya que nunca me lo mostraba. Ahora, tenía en mis manos una caricatura nuestra. De esa clase, que exagera un poco tus facciones pero sin llegar a ser vulgar o muy extravagante; fascinantes y hermosos trazos en líneas de carboncillo.

En ella, resaltaba mi baja estatura y la suya casi poniéndonos al nivel de los pitufos. No dude en reírme cuando leí en letras góticas “Siempre seremos Jack y Rose”, no por burla. En realidad era una gran obra maestra tratándose de un chico de quince años y tres meses de edad que todavía no le salían pelos en la cara. Y bueno en otras partes.

Jim estaba reafirmando una memoria que teníamos.

Unas semanas atrás en clase de artes tuvimos que planificar una obra de teatro ¿Yo actuar? ¿Jim ser el protagonista? ¡Jamás!

De hecho fui la jefa de vestuario y él se encargó de la escenografía. En uno de los ensayos de la puesta en escena de El sueño de una noche de verano, cuando se suponía que estuviéramos terminando nuestro trabajo, Jim se lleno de aburrimiento y por ellos no desistió a embarrarme de pintura.

Estuve molesta, irritada y muy sentimental ya que andaba en mis días, en esos que quieres morirte por ser mujer. Le hice una señal poniendo un dedo para abajo. Claro, hombre tenía que ser, no entendió ni papa a lo me refería. Valió caca lo que le dije, en lugar de dejarme tranquila siguió pasando por mi lugar manchándome más y más.

Lo admito, no podía estar totalmente amargada, le seguí la corriente y agarré un bote de pintura e hice lo que tenía que hacer. No parábamos de reírnos, hasta que a Frank le parecimos una gran molestia. Al hijo de mami no le gustaba que la interrumpieran cuando hacia su interpretación de Lisandro.

“No es nada fácil querer meterse en tu papel y luego escuchar ricitas como las de ustedes” dijo en su tono de mojigato.

“Que mamón” le susurré a Jim, aunque nos vieran todos, él y yo chocamos cinco y nos reímos más.

Llegó al tope su paciencia y fue directo a nosotros para darnos un reto.

“Piensan que lo saben todo, inténtenlo siquiera” nos dijo

Estábamos un poco acelerados pero al estar en frente de todos y sentir sus miradas percibí el calor del entorno. Nuestras miradas se conectaron. El agarró mi mano, yo sabía que Jim conocía perfectamente las líneas, ya que idolatraba a Shakespeare.

Tuve por un momento terror de que él me dejara en ridículo sola. Me arrepentí inmediatamente pues cerré mis ojos en un intento de calmar mis nervios. Every night in my dreams, I see you, I feel you, that is how I know you go on… Escuché suavemente y me percaté de lo que realmente hizo.

Jim, cantaba con todo su sentimiento. Intenté superar su creatividad parándome enfrente de él y diciendo cursimente “Estoy volando Jack, ¡Estoy volando!” Las chicas que estaban con nosotros seguían cantando a todo pulmón My heat will go on.

Todo iba perfecto hasta que al muy idiota se le ocurrió declarar sus sentimientos “Meme-chan yo a ti ashiteru” que en nuestro lenguaje significaba Anne, te amo.

No nos escapamos de los cargos por arruinar el ambiente de tan buena puesta en escena. No obstante, ese fue el primer día en que supe que también lo quería Jim. No obstante, no se lo diría.



─ ¿En qué piensas? –preguntó viendo mi bandeja que estaba casi igual a cuando llegamos.

─ En muchas cosas. –contesté soñolienta recargando mi cabeza en mi mano izquierda.

Pareció no poner atención a lo que le contesté, hizo una serie de muecas muy divertidas según mi punto de vista, pareció que estuviera meditando.

─ ¿Quieres ir a mi casa? –

─ Vaya, ¿es el fin del mundo?

─ ¡Anne Gee! –gritó e inmediatamente le gruñí

─ ¡Anne apesta!

─ Te informo que ella eres tú.

─ Si, estoy segura de que en cuanto aprendí a leer, concluí en que me cambiaron a ese feo nombre, ahora déjame refrescar tu memoria y decirte que en tu acta de nacimiento dice “Jimmy Kenneth McLaughlin Connolly”

─ No envilezcas mi primer nombre que sabes perfectamente que es puesto en honor a mi bisabuelo. ─

Justo lo recordaba, ese Jim que vi por primera vez conocí. No soportaba sus calamidades, era mejor dejarlo que aumentara sus adulaciones cuando yo no estuviera presente, sino, yo mismo lo bajaría de su nube en un momento de descontrol.

─ ¿A dónde vas? –

─ Te dejo, por el momento no te soporto.

Afuera esperaba a que se me pasara el coraje y que a él se le bajaran los sumos sin que interviniera. Mi temperamento es lo que más detestaba, pero estaba orgullosa de no hacerme valer menos por el simple hecho de no tener familiares millonarios, en sí, yo no tenía familia.

“La recogida, o la huérfana” es de la forma en que me llamaban las familias de esa clase en donde no encajaba. En un principio dolía escuchar sus frías palabras cuando ni siquiera dabas un paso para alejarte, yo quería desaparecer de toda faz con vida, dar vuelta a la página y la di.

Me arrepiento de por primera vez sentir tristeza, cuando todo fue tan fácil después de ignorar mi alrededor.


Caleb, fue aquel que me ayudo a vivir en las calles. Consiente que no existía nada que nos ligara, yo prometí desde pequeña estar junto a él mientras me necesitara; diez años han pasado y todavía no encontraba algo que me hiciera arrepentirme de aquello.

Esperaba cada día encontrarme con él, eso debido a que es cinco años mayor que yo. A nadie le importó que él fuera casi cómo un hermano para mí, me dieron en adopción a mis diez años. Desde entonces pasé a vivir en ese mundo al que no pertenecía.

Mi casi hermano me siguió hasta el hogar de los Rutherford en Los Angeles, CA. Lamentablemente no nos veíamos lo suficiente después de que Marvin pusiera una orden de alejamiento, según porque no me concentraba lo suficiente en la escuela por estar pensando en verlo, pero bien eso no lo podía decir a los jueces e inventó que me “acosaba”.

Tuve que soportar 2 años en ese martirio.

El psicólogo escolar les indicó a mis… ¿Cómo les llamaban?, a Marvin y a Johana, que lo mejor era que me transfirieran a una nueva escuela. Y así fue, nos mudamos a un distrito nuevo, y para mí y Caroline significó nuevo ambiente escolar.

Igual a todos, la gente me trataba diferente, tal vez por ese aire que según Daniel me hacía ver cómo una psicópata.

Volvía a no tener amigos, a holgazanear entre clases y hablar sola. Lo mismo de siempre desde que entre a la escuela.

De esa manera conocí a Jim, creía que era un tipo humilde y amable por ayudarme pero volví a sorprenderme al encontrarme con alguien frio e inferior en pensamiento. Ya daba lo mismo, ese chico era diferente desde mi perspectiva.


─ ¡Ya llegué! – aseguré abriendo la puerta y escuchando el eco que hacían mis palabras.

¿Qué pensaba? Nadie iba a responder, puesto que salí un poco antes de la escuela para reflexionar, si se podía decir así, en el transcurso del camino.

─ ¿Por qué estás aquí tan temprano? – cuestionó Margarita caminando en la entrada con una canasta de ropa sucia.

Si no me equivocaba allí estaba la mía, cosa que no me agrada.

─ Margarita ¿qué crees que haces con mi ropa? –reproché indignada

─ Niña, eres demasiado rara, sabes que a los señores no les agrada tu forma de vestir. –comento sacando un vestido mío de la canasta.

─ Por lo menos intento ser femenina usando vestidos –dije batiendo la canasta y explorando en terrenos desagradables – No cómo antes.

─ Si, entiendo esa cuestión de que uses vestidos cuando antes parecías un varoncito mi niña, pero eso de que andes con dos palos en la cabeza como si fueras chinita es rarísimo.

─ Me gusta darle personalidad a mi cabello –afirmé sentándome en el piso instantáneamente

─ Está bien –Margarita batió mi cabello y rebuscó en mi mochila –No les diré a los señores que no fuiste a las últimos clases pero, ¿puedo saber la razón?

A pesar de no ser una jovenzuela, ella le fascinaba que le contara mis aventuras. Hubiera sido mi aliento en los momentos de dolor en la escuela; no fue así ya que llevaba poco con el trabajo de “ayudante de limpieza”.

─ ¡Jim es un bastardo! –Le solté sentándome arriba en la isla de la cocina –Ese tonto, me hace sentir que vengo de la basura.

─ Toma –me pasó un vaso de jugo de naranja y mis pastillas – Anne, no te sientas tan mal. Además las dos sabemos que creciste en las calles.

─ Lo sé. –repusé bajándome e indignada

No me gustaba escuchar esos puntos de vista, no entendía por qué, mi pasado lo quería olvidar, no del todo pues Caleb era lo único que desenvolvía de importancia.

Subí las escaleras de tres en tres, mientras me quitaba la falda, el suéter y los zapatos. En cuanto abrí la puerta de mi habitación ya no traía nada de ese espantoso uniforme. Ya iba a jalar la chapa cuando sentí escalofríos desde las piernas a mi espalda.

─ Así que volviste a faltar a clases, hermanita.

─ Hola –saludé volteando a él. Justo su habitación estaba enfrente de la mía. Vale, no era la gran cosa cuando yo siempre cerraba la puerta con seguro.

─ Lindura, traes dos hilos colgando –dijo Daniel, mi supuesto hermano universitario volteando a verme fijamente.

Rebusqué debajo en mis piernas desnudas, solamente traía mi ropa interior que decía y no encontré a la vista esos hilos que me decía.

─ Sorprendente –echó un bostezo ─ Y hablando de sorpresas ¿Dónde está tu amigo el de las gafas?

─ ¿Jim? – Él asintió – No me hables de ese idiota que te rompo tu culo.

─ ¡A que no lo haces! –mencionó sarcásticamente

─ ¡Ya! – No hablaba tan en serio.

─ ¡Vamos, inténtalo!

─ ¡Danny!

─ ¿Qué hice? – aparentó inocencia, sólo eso.

─ Tengo sueño, hoy no ha sido mi día, y tú estás enfadándome. -solté

─ ¿Cómo te lo digo? El trabajo de nosotros, los hermanos es arruinar la vida de nuestras hermanas, sin embargo nadie más tiene permiso de hacerte la vida de cuadritos.

Le dirigí una mirada suspicaz y aventé la puerta ante sus ojos.

Corrí a tumbarme en la cama boca abajo, sintiendo la oscuridad de una ceguera. Tenía mucho sueño por esa cosa de levantarme temprano cada día; no estaba justamente acostumbrada a aquello. Escuchaba el latido de mi corazón, lento ¿Cómo no podía saber su nombre? Sí, yo en un tiempo no supe el nombre de ese pequeño saltarín. Me gustaba escucharlo porque me tranquilizaba, me neutraliza y cuando menos creía ya me encontraba en un mundo de sueños.

En el momento en que casi dejé de estar consciente y ya me sentía dormida, sonó el teléfono.

Lo descolgué, pero antes vi la hora, ya era noche. Lo que quería decir que si me había dormido bastante tiempo. Me senté en la cama y contesté la llamada.

─ ¿Qué quieres?

─ ¿Estás enojada? –preguntó Jim, yo sabía que era él, ya que la línea del teléfono de mi habitación era privada y exclusivamente mía, además Jim era el único que me hablaba.

─ Bastante – aseguré medio dormida

─ ¿Estabas durmiendo?

─En estos momentos –volví a cerrar los ojos e irme para atrás ─ Estoy completamente insoportable, así que buenas noches Jim. – Y le colgué.

Quería volver a dormir, sentía que algo mágico había sucedido, tal vez fue un sueño que me había hecho sentir muy bien o algo mas, una migaja que desconocía, por ahora.

Nuevamente el teléfono sonó.

─ ¡Te dije que quería dormir! –

─ ¿Puedes dormir sin mí?

Inmediatamente me sentí incomoda, prendí la luz, y agarré una almohada y la abracé con una sola mano.

─Caleb –susurré estupidamente.

─Si – se rió dulcemente y continuó con su hermosa voz─ ¿Estás bien?

─ Creo que sí, perdóname por gritarte, pensé que eras alguien más.

─No te disculpes, detesto que actúes cómo si yo fuera superior que tú.

─ ¿Y bien?

─ ¿Y bien, qué?

─ ¿Dónde estás?

─ Al frente veo una inmensa casa azulada, la habitación delantera tiene la luz prendida y no hay carros en la entrada.

─ Yo solamente veo las insípidas paredes beige.

─ Eso parece un manicomio. Antes de que se me olvide –suspiró - ¡Feliz cumpleaños, Anne!

─ Lo recuerdas –repetí sin que mi cabeza estuviera totalmente en que hablaba con Caleb, estaba pensando en aquel día.

─ Por supuesto, hoy es el aniversario de cuando nos conocimos.

Mi hipotético cumpleaños, no era mi fecha de nacimiento sino más bien la fecha en que conocí a Caleb.

Escuché un chiflido que no venia sólo del teléfono.

─ Sal, estoy aquí a fuera.

─ Espera un segundo – dije apresuradamente mientras corría a mi armario para ver que me ponía.

Pasé de vagabunda a amante de la moda. Me fascinaba la ropa cómo a toda mujer, combinaba mi ropa aunque estaba consciente de que no era lo más importante en la vida. No hice tanto ímpetu en que me iba a poner, pero algo tenía claro, no eran pantalones.

No salí por la puerta; era mejor hacerlo por la ventana cuando ya era un poco tarde, sin contar que a Marvin trataba con la punta de la lengua a Caleb. Y todos se encontraban dormidos. Caminé por el tejado segura de mis pasos, sólo esperaba que el nudo de las cintas de mis zapatos deportivos no se deshiciera. No había exactamente una escalera, pero para qué la quería si tenía dos piernas en buen estado. En un dos por tres ya me encontraba en el suelo. Busqué en la noche a Caleb; y ahí estaba a unos pasos delante de la casa.

─ ¡Hey!

─ Hey –le contesté sin parpadear hasta que me di cuenta que no venia solo, también venia Jim.
─ Necesitaba verte– confesó este último

─ Si, y yo vengo de Narnia – dije fríamente, cerciorándome de que en verdad Caleb me había ido a visitar.

No estaba al tanto de cuánto tiempo transcurrió desde la última vez en que nos habíamos visto. Él llevaba puesto su uniforme del trabajo. Me quede viéndole fijamente sin que se diera cuenta.

─ ¡Feliz cumple! ─

─ Pensé que nunca lo dirías ─susurré – ¡Gracias! –agradecí fuertemente.

─ Toma, esto es para ti –me entregó una caja de regalo envuelta. –Te lo compramos

─ ¿Tú y Jim? –dije echándole a los dos una mirada. Aunque mi amigo quería pasar desapercibido.

─En realidad –respondió Caleb – Es de mi parte y de Shelby

─ ¿Quién es Shelby? –pregunté incómodamente

─ Es mí… De eso quería hablar contigo, ¡ella y yo estamos saliendo, Anne! –Él me confirmo su situación al tanto me abrazaba – ¡Ella es tan perfecta!─

─ Felicidades –dijo Jim algo cansado, sin rastro de alguna emoción

─ Gracias amiguito, ¿tú qué piensas, Anne?

“¿Y yo qué?” es lo que pensaba dentro de mi “¿Por qué me siento de ésta forma?”

Mi promesa se había muerto gracias a su espontanea decisión de apartarme de su vida, si eso quería, eso tendría. Mi plan era comentarles a las dos acerca de mi idea de dar un cambio a nuestras vidas pero no más. Sonaba inmaduro, no obstante a mí me dolía más que a nadie lo que sucedía.

─ Que guay –dije a Caleb, a Jim me limite a decirle – Nos vemos, llegas temprano ¡eh!


Les di una última mirada y moví mi mano de un lado al otro cómo despedida.

Finalmente volví a la casa pero esta vez por la puerta trasera de la cocina. Me hallaba atontada y con sentimientos nunca antes sentidos. Sospechaba que a cada paso que daba me derrumbaría.
En un tiempo no tan bueno llegue a mi habitación, antes de entrar eché una miradita a la puerta de Daniel. Que mas daba, entré a ella y me quité los zapatos.

─ ¿Terminaste los deberes? –dijo él prendiendo su lámpara.

─ Algo así –mi voz sonaba quebradiza -

─ Ven, entra –comentó levantando las cobijas –Sé que te da miedo la oscuridad, anda apúrate que hace mucho frio.

Y tenía razón por una extraña razón, cada vez que me encontraba sola en la oscuridad corría a la luz más cercana. Ésta vez solamente quería desaparecer.

─ Apaga la luz –ordené

En cuanto estuvo sin luz la habitación, comencé a desvestirme para cubrirme con las mantas. Solía a hacer este tipo de cosas cuando estaba con Caleb; él me daba seguridad. Ya llevábamos varias veces durmiendo juntos, más bien en la misma cama. Desde que llegue a la familia Miller, fue ese mi objetivo, encontrar el lugar estable para dormir, ya que siempre he tenido ese tipo de problemas.

Intentaba descansar sin pensar en nada; mi mente en blanco.

Soñaba en que un perro me lambia la espalda, yo no paraba de reír. ¿Eso era un sueño?, lo sentía tan real, después pasó esa pesadilla en que me aplastaban muchas rocas, y desperté. Los labios de Daniel estaban en mi espalda.

─ Estoy sabrosisima ¿verdad?

─ ¿Mmh? Tengo ganas de hacer algo, quédate quieta.

En un momento ya estaba arriba de mí.

─ Danny es tarde, hazlo mañana─ intenté levantarme pero él me retuvo.

─ Quédate dónde estás.
─ ¡Y dale con lo mismo!

No hice caso omiso e intente nuevamente levantarme, me bofeteó y creí palidecer. Pese a que él era un estúpido en ocasiones, nunca espere en que fuera mucho más que eso; me resistí a lo que sea que quisiera.

─ Te dije que te quedaras quieta.

Basta quise gritar cuando en ese momento sucedió.


2 comentarios:

[•Aphrodite•] dijo...

Hola!!!!
Muchas, muchas, muchas gracias por tus palabras.
En serio, jamas creí que pensaras eso y casi me haces llorar!

Ame este capitulo. Siempre me ha gustado desicion final.

P.D
http://una-chica-una-historia.blogspot.com/2010/05/capitulo-15-cumpleanosamor-perfeccion.html

Andre*a dijo...

Briiii me encantta este
capii es tan tantan... no tengo
palabras, perfeccttto!!
al igual qe aphrodiite siempre
amé desicion fiinal, siiempre!!
maldiito Danni, agg como le odiioo
joppeee no se pork
pero siiempre me engancho a
tuus maravillosas historiias
me encnatta!!

teqqq mas biien te amoo
hahah y si, hoi estoi un poco
loca (ironicamente, no piesses qe soi loca de verdad) ahahha
y cuando estoi ''loca''
amo con toda la locura del mundo
a mii maravillosa
Briiaaaannnnaa!! (LL)
Teqq

Andre*a

¿Y si digo que volví…?

¿Y si digo que volví…? Alguna vez lo dije y lo repito: el tiempo sin duda pasa a gran velocidad. No estoy precisamente segura que hay...